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“Dijeron: Vaya a casa… en dos horas, mi bebé murió…”

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Escrito por Mónica Díaz A.

La otra violencia obstétrica

MISS Eca(*)

“Aquí a la que se queja le va mal”. “¿Por qué le lloras a un feto muerto?”. “No llores, ya tendrás otros hijos”. “Me dijeron regrésese a su casa… dos horas más tarde, mi bebé dejó de moverse”…

Son frases inacabables. Las escuchamos en las reuniones de acompañamiento para madres y padres en duelo. Son palabras que inhiben el inicio de un proceso de duelo sano, vital para cualquier madre que atraviesa por la muerte de su hija o hijo durante el embarazo, el parto o después de nacer.

A propósito de la Semana Mundial del Parto Respetado, que este año se conmemora con el lema “Mi decisión debe ser respetada”, es importante exponer un tipo de violencia obstétrica de la que casi no se habla. Es aquella que padecen las mujeres cuando sus hijos o hijas murieron por alguna circunstancia médica o por negligencia, y esto puede presentarse durante el embarazo o durante el parto, incluso después de nacer.

De acuerdo con el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), la violencia obstétrica “es una forma específica de violencia contra las mujeres que se genera en el ámbito de la atención del embarazo, parto y puerperio en los servicios de salud públicos y privados”.

Datos de la última encuesta del INEGI (2011-2016) refieren que en la Ciudad de México 4 de 10 mujeres sufrieron violencia obstétrica en instituciones de salud a cargo del Estado, lo que la hace violencia institucional.

Parto respetado en muerte perinatal
Las muertes gestacionales y neonatales tienen un impacto importante a nivel emocional en las mujeres y sus familias. La prestigiosa revista médica The Lancet publicó una investigación llevada a cabo a nivel mundial, donde se determinó que “los síntomas psicológicos negativos son habituales y, a menudo, persisten durante años. Se estima que 4,2 millones de mujeres (en el mundo) sufren depresión asociada a la muerte de sus bebés”.

En este contexto, es vital que estas mujeres cuenten con un abordaje adecuado, con protocolos específicos, donde haya respeto y empatía. Para ello es urgente trabajar en políticas públicas que ayuden a erradicar la violencia obstétrica, que es todavía más dañina cuando se ejerce a mujeres que han atravesado por la muerte perinatal.

No es lo mismo que una mujer salga del hospital con su hijo/a en los brazos y olvidarse de los malos tratos, a una mujer que sale con los brazos vacíos y, además, llena de sentimientos de fracaso, resentimiento o impotente ante los actos violentos de los que pudo ser víctima.

Testimonios recogidos por esta Red dan cuenta de que las mujeres expresan en su mayoría factores en común que complican el duelo y que evidencian violencia obstétrica, como: señalamientos y regaños por no haber acudido a tiempo a consulta ante diversos síntomas, falta de información, incluso de la lactancia; ausencia de acompañamiento empático, se les niega en ocasiones conocer y cargar al recién nacido muerto (este episodio por más duro que sea, es importante para aclarar su realidad en el proceso de duelo).

Asimismo, en algunos casos se les criminaliza, en otros, no tienen acceso a información clara y precisa del motivo de la muerte; no hay elección de las decisiones de cómo quieren parir a su bebé cuando ya saben que no tiene vida y, en ocasiones, se imponen métodos anticonceptivos.

Algunas mujeres han expresado que se les inculpó y que recibieron comentarios como: “¿Por qué no te cuidaste?“, “hubieras venido antes”, “¡como siempre vienen a la mera hora, ahora aguántate!”, entre otras expresiones que vienen a empeorar su estado anímico.

En otros casos, no cuentan con la posibilidad de disponer del cuerpo de sus hijas e hijos porque tenían poco tiempo de embarazo y los canalizan para desecho biológico. Pero se han presentado historias donde los bebés nacen en el último trimestre y no son entregados los cuerpos, como el caso de Raquel Taboada, que fue motivo de la Recomendación 05/2019 de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México por actos de violencia obstétrica y abuso sexual, y quien demanda al INCIFO se le entregue el cuerpo de su hijo.

Un mejor abordaje
El parto respetado o humanizado es una modalidad de atención del parto con respeto a los derechos tanto de la madre, las niñas y niños, y donde el nacimiento se desarrolla de la manera más natural posible. Se toman en cuenta las peticiones o necesidades de la madre y familia; es decir, se crea un espacio donde la madre, su bebé y familia son los protagonistas.

Las mujeres con casos de muerte gestacional y neonatal tienen derecho a un parto respetado. En países de Europa, Estados Unidos y Canadá, existen protocolos de atención especiales para atender la muerte perinatal. Tener en cuenta estas guías, basadas en evidencia científica, garantizan la calidad de los cuidados que se prestan y han permitido humanizar todo el proceso de atención y asistencia, lo que facilita la elaboración de un duelo saludable.

Cuando muere un bebé, el personal de salud, trabajadoras sociales, administrativos y hasta personal de vigilancia, tendrían que utilizar ante todo el sentido común, la humanización y la empatía necesaria para la madre y el padre o familiar que acaba de pasar por la pérdida.

Las mujeres que atraviesan por esta experiencia tienen derecho a decidir la forma de parir, a conocer a su hija o hijo, a realizar rituales de despedida, recibir información de la lactancia, a saber el diagnóstico de muerte, a disponer del cuerpo de sus hijas/os, entre otras acciones que las cobijen en un ambiente de empatía y humanidad. ¡Parto respetado para todas!

*MISS Eca-Red de Apoyo ante la Muerte Gestacional y de la Niñez Temprana

Acerca del autor

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Mónica Díaz A.

Acompañante y facilitadora en MISS-Eca Red de Apoyo ante la Muerte Gestacional y de la Niñez Temprana

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