Hablar de la obra de Graciela Iturbide (Ciudad de México, 16 de mayo 1942) es hablar de un pilar vivo de la fotografía mexicana. Una de la más admirada por su enorme sencillez y empática con lo que la rodea.

Inicia tardíamente su búsqueda expresiva dentro del cine, estudia Cinematografía en la UNAM (1969). Para el año de 1972, Graciela logra una de sus primeras imágenes profesionales titulada “Zihuatanejo, Guerrero, México” y a palabras de Iturbide, a partir de este trabajo Manuel Álvarez Bravo intuye su potencial de artista y posteriormente trabaja con él como su asistente. Su padre es el motor para darle sentido al acto creativo.
En el libro de Carlos Martín, “Biografía. Vida (y muertes) de Graciela Iturbide”. Madrid, Fundación MAPFRE, 2009, cita: “Un recuerdo infantil delata su interés por el carácter trascendente de la fotografía, de pequeña su padre solía tomar instantáneas familiares y las guardaba en el cajón de un armario al que Graciela se asomaba a escondidas para observarlas, disfrutarlas en solitario e incluso robarlas; ese espacio era para ella el tesoro del hogar, un lugar con un carácter sagrado infalible. Este hecho junto al regalo de una cámara Kodak a los once años quedan como anécdotas congeladas en su biografía”.
La basta exposición que Fomento Cultural Banamex promueve desde noviembre de 2018, hasta abril de 2019, estuvo a cargo del curador Juan Coronel Rivera (hijo del pintor Rafael Coronel y de Ruth Rivera, a su vez hija de Diego Rivera) quién dividió las 270 imágenes en 20 núcleos. Cada uno está pensado a manera de Arquetipo para llegar al subconsciente colectivo del espectador.
Esta experiencia abarca 45 años de trabajo incesante, desde finales de los años setenta hasta la actualidad. La inteligente curaduría guía al publico inexperto, a recorrer de manera fácil y a así poder entender lo abstracto que suele ser la fotografía que finalmente es el punto de vista de un instante de la autora. Las fotografías están impresas en plata sobre gelatina a partir de negativos en formato 6X6.
La división en 20 rubros representa diferentes momentos de la vida de Graciela Iturbide, en los que la artista fotografió a comunidades indígenas mexicanas del norte y del sur del país, así como series tomadas alrededor de Latinoamérica y Europa. Francisco Toledo invita a Graciela a recorrer y plasmar en imágenes latentes la vida cotidiana y costumbres del pueblo de Juchitán, Oaxaca en los años setenta.

Este trabajo es el más conocido de la fotógrafa de ahí tenemos por ejemplo: Nuestra Señora de las Iguanas, 1979. En la foto de la hoja de contactos, se observa como a la señora Zobeida Díaz se le caen de la cabeza las iguanas, se ríe cautivadora, se las vuelve a acomodar, y entonces en un fracción de segundo, Graciela puede hacer visible, lo que para muchos es invisible, ese momento decisivo donde congela para siempre la icónica foto por la que se le conoce más a Graciela Iturbide, obeserven la selección en la hoja de contacto y que definitivamente es la mejor elección de la serie hecha en negativo formato 6×6 que solamente se pueden hacer 12 tomas que trae el rollo.

Hablando de la tecnología actual donde lo digital se ha apoderado del disparo fácil, en donde se puede diaparar como ráfaga cientos de fotos en fracciones de segundo y ya no se pone particular atención en el detalle en esperar el momento preciso, se deja de ver y de sentir.
En la fotografía de Nuestra Señora de las Iguanas, vemos la mirada de Zobeida que se pierde en lontananza, tranquila y orgullosa. Los ojos de las iguanas refuerzan este sentido y de alguna manera presienten su destino.

También está la candidéz de Magnolia 1986 o las travesuras en la foto El Gallo.

Esta serie la realizó de la manera más planeada posible, es decir no son al azar lo que demuestra lo que quiere tomar, dirigir y controlar, por supuesto que dejó se dieran las escenas espontáneas.
En su trabajo, se percibe esta especie de bitácora de viaje, donde quiera que va, ya sea por trabajo o por el mero placer de fotografiar: la intuición y el momento exacto de congelar lo vivido para después reflexionar y deleitarse de la experiencia.
Asi lo confirmamos al ver la serie fotográfica que realizó en el desierto de Sonora, Mujer Ángel, 1979, otra imagen icónica en donde vemos a una mujer de largo cabello, sin edad que camina eterea cargando un radio estereo, que de no llevarlo, sería una imagen sin tiempo y cuya atmósfera da la sensación de estar cerca del cielo.

En la foto El Sueño, La Mixteca, México 1992 imagen impactante que nos muestra la cercanía de la vida y la muerte. ¿El sueño es otra forma de morir? De igual forma si vemos la foto México…¡quiero conocerte!, 1975. Chipas, México (foto graciela 7) La autora deja al libre albredío la interpretación de lo que toma. El espectador esta sujeto a su propio jucio, sujeto a su formación intelectual, cultural, religioso o de su propia ignaoracia, eso define la manera de ver y de percibir.


La obra de Graciela Iturbide forma parte de destacadas colecciones nacionales e internaciones. Asimismo, ha recibido numerosos premios y reconocimientos, entre los que se pueden mencionar: el Grand Prize Mois de la Photo, París, 1988; el International Grand Prize, Hokkaido, Japón, 1990; el premio Hasselblad, 2008; el Premio Nacional de Ciencias y Artes, Ciudad de México, 2008; el Doctor honoris causa, tanto en el Columbia College Chicago en 2008, como el San Francisco Art Institute en 2009; y recientemente, el V Premio Internacional de Fotografía Alcobendas, España, en 2018.
¡No te la pierdas!

Actualmente se expone en el Museo de Bellas Artes de Boston El México de Graciela Iturbide desde el 19 de enero al 12 de mayo de 2019.
En México, Graciela Iturbide: Cuando habla la Luz la puedes admirar en:
Palacio de Cultura Citibanamex – Palacio de Iturbide,Madero 17, Centro Histórico. Ciudad de México.
Del 23 de noviembre de 2018 al mes de abril de 2019
De lunes a domingo, de 10:00 – 19:00 hrs. Entrada libre.


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