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Con canciones de cuna, voluntarios cuidan a bebés en situación vulnerable

Con canciones de cuna, voluntarios cuidan a bebés en situación vulnerable

URUGUAY. En tres pequeñas salas del centro hospitalario que alberga la mayor maternidad de Uruguay, en un clima de tranquilidad entre mimos, un grupo de voluntarios de la Fundación Canguro se dedica a cuidar a bebés recién nacidos en situación vulnerable y cuyas familias no pueden atender.

Con el compromiso de brindar amor y afecto a bebés que permanecen en el hospital a la espera de una resolución judicial, o cuyas madres no pueden cuidar, la fundación uruguaya, que surgió en 2016 y cuenta hoy con 320 voluntarios y una lista de espera de 2 mil desean sumarse, se presenta como un espacio de solidaridad y cuidados especial.

Con canciones de cuna, voluntarios cuidan a bebés en situación vulnerable

Si bien el espacio es reducido y hay dificultades para costear gastos mensuales de unos 10 mil dólares, un recorrido por las salas de los “canguros”, apodados así por el carácter maternal que este animal evoca, alcanza para entender que lo que allí sucede es en realidad grande para esos bebés -un promedio de 130 al año- que, de otra forma, pasarían solos o entre médicos y enfermeros sus primeros meses de vida.

En salas decoradas del Hospital Pereira Rossell y con música de cuna de fondo, los voluntarios se encargan de que el cuidado sea permanente, según explicó la fundadora y presidenta de la ONG, Pamela Moreira, quien detalló que la fundación trabaja 24 horas del día los 365 días del año.

Sin embargo, la tarea para que los canguros reciben capacitación teórica y práctica, según Moreira, va más allá de solo estar presente, ya que cumplen una función de “maternaje” haciendo lo mismo que una madre con su bebé en su casa: repartir el cuidado entre lo afectivo, mimar, aupar, arrullar al ritmo de la música, alimentar, bañar, cambiar pañales, sacar a pasear al aire libre.

“Algunos no reciben visitas de sus familiares y, de los que sí reciben, los familiares no están presentes todo el tiempo con ellos sino que vienen en tiempos breves normalmente; el resto del tiempo nosotros somos quienes nos ocupamos de su cuidado”, detalló Moreira.

En ese sentido, la abogada de profesión apuntó que, desde su inicio, la organización tuvo como base un trato hacia estos bebés -con madres y padres que atraviesan situaciones de adicciones, enfermedad o pobreza– que no dista del de cualquier otro niño sano y, por ende, tiene un enfoque de Derechos Humanos.

“Cuando la fundación nació no teníamos claro qué era exactamente (…) pero sí teníamos algo que estaba en la base y que sigue siendo la base de nuestro trabajo que es reconocer al niño como sujeto de derecho. En realidad parece una cuestión muy obvia que los bebés son sujetos de derecho, pero en la práctica muchas veces el bebé se cosifica”, subrayó.

Asimismo, Moreira indicó que dos derechos que se promueven en la organización son los de que, salvo que constituya un riesgo, el niño pueda tener contacto con su familia de origen y conocer su identidad; y, para esto, la fundación creó un diario en el que registra el paso del bebé por allí con fotos y memorias escritas.

Cada voluntario se encarga de describir las características de la personalidad del bebé, canciones preferidas, visitas de familiares y otras anécdotas, además de detallar el nombre de los padres y de los demás bebés con quien comparten la habitación, para que cuando crezcan sepan que no fueron los únicos en pasar por esta misma situación.

Además, entre los beneficios de la nutrición afectiva se encuentran mejoras de la salud física y mental como la disminución del nivel de estrés del bebé, aumento de peso y crecimiento, tono muscular, mayores señales de aceptación al entorno, disminución del llanto emocional por sensación de soledad.

También se nota una mejora del estado de ánimo, ciclo sueño y vigilia y reducción de daños a nivel de indicadores de “intersubjetividad del bebé” a consecuencia de la hospitalización.

En esa línea, que motivó que la fundación ganara en octubre de este año el primer Premio de DD.HH. de la Delegación de la Unión Europea en Uruguay, Sandino Inmediato, un educador perinatal que se unió como canguro en 2016, estimó que “sentirse querido y sostenido” también es un derecho humano.

“Toda persona que nace tiene derecho a sentirse bienvenido en el mundo, y, en parte, la función nuestra es esa también, es bienvenir”, expresó el que es uno de los 18 hombres que integran el equipo de voluntarios.

El canguro agregó que la experiencia es “un continuo aprendizaje”, ya que ver cómo las sensaciones del cuidador repercuten en el bebé lleva a un “descubrimiento interno” de sí mismo.

(Fotos: Fundación Canguro) Información tomada de Infobae.

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