Ayudar a los niños enfermos de cáncer a través del juego es el objetivo con el que nació Juegaterapia en 2010. Su fundadora y presidenta, Mónica Esteban, entregó entonces una PlayStation a un niño que recibía quimioterapia en un hospital, comprobando los beneficios que el juego tiene entre los menores ingresados en centros sanitarios, iniciando así el primero de los proyectos de esta organización.
Para financiar sus programas, Juegaterapia acude a las aportaciones de socios, microfinanciaciones vía SMS y colaboraciones de empresas, entre otras, pero especialmente a través de los ingresos de la venta de Baby Pelones.
Estos muñecos sin pelo, inspirados en los niños enfermos de cáncer y que, como ellos, llevan un pañuelo en la cabeza que han sido diseñados por figuras como Ricky Martín, Shakira, Alejandro Sanz, Richard Gere, Laura Pausini o David Bisbal, acaban de superar el millón de unidades vendidas desde que salieron al mercado en noviembre de 2014.
La totalidad de cada venta (13,95 euros) se destina a la fundación, suponiendo cerca del 60% de los ingresos de Juegaterapia. Ni el fabricante ni los distribuidores (entre ellos, Juguettos, Toys ‘R’US, El Corte Inglés, Amazon, Gocco y vuelos de Iberia) ganan dinero. La comercialización se ha extendido a Portugal, México e Italia.
Sus ventas (fue el juguete más demandado en 2017, superando a la Barbie de Mattel) contribuyen a financiar los proyectos y la investigación.
En 2016, Juegaterapia comenzó a colaborar con el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (Cnio), con unas becas bianuales de 100 mil euros para avanzar en el estudio y curación de tumores pediátricos.
Hace un mes, donó 20 mil euros para que el Hospital Sao Joao de Oporto investigue ciertos tipos de cáncer infantil. Los Baby Pelones también aportan ingresos para los proyectos de Juegaterapia.
La fundación comenzó repartiendo las videoconsolas donadas por las habitaciones de oncología pediátrica de los hospitales españoles (hoy también en Portugal, Marruecos, El Salvador, Afganistán, Guatemala, India y Guinea). Pero los menores no siempre pueden compartir espacio con otros pacientes y visitantes por el riesgo de infección.
Con esta idea nació El Jardín de mi Hospi, un proyecto para transformar en jardines las azoteas en desuso de los hospitales para que estos niños juegen al aire libre sin necesidad de salir del edificio.


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