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Mala madre…¿por trabajar?

A toda madre

Si la maternidad llega sin que hayas iniciado tu vida laboral o si nunca la has disfrutado, o mejor aún, si eres millonaria y no tienes que preocuparte por el cómo cubrir las crecientes necesidades de tus hij@s, decidir entre crianza de tiempo completo o crianza y trabajo, puede que no sea un problema.

Para algunas mujeres, por supuesto hablo desde mi propia experiencia, puede ser la decisión más complicada en esta etapa de la vida que es la maternidad.

Por un lado, el deseo de pasar más tiempo con los críos, de no perderse un solo instante de la efímera etapa de su niñez más el agotamiento de ser mamá de tiempo completo, 24×7, sin tregua, te hace pensar que la mejor decisión en tu vida es renunciar a tu empleo. Sí, aunque haya dicho que no era mi intención dejar de trabajar, sí, sí, sí, sí he pensado en dejarlo.

Por otro lado, cinco minutos después, digo no, no, no, no, no quiero dejar de trabajar. Desde hace más de 20 años nunca he estado fuera del mercado laboral. Mi trabajo es más que una forma de ganar dinero, es también mi pasión.

Y es que en esos términos, renunciar a mi empleo implica al mismo tiempo renunciar a parte de mi. ¿Y eso tendría que ser un problema? ¿Por qué pensar en mi? ¡Que mayor señal de egoísmo! si a toda madre se nos ha dicho que al llegar los hijos, automáticamente se borran igual las aspiraciones profesionales que nuestra femineidad o el instinto de seguir siendo un animal social.

¿Cómo que primero está tú desarrollo profesional? ¿Qué no te duele dejar a tus hijos 8 horas al día en la guardería? ¿Para eso querías ser mamá? Los cuestionamientos son duros, implacables.

¡Qué culpa! ¡Que complicado! ¡que culpa! ¡que dudas! ¡Qué culpa!

Las ponderaciones son tantas. Ninguna balanza puede ser equilibrada cuando estás entre el “ser una madre dedicada a tus hijos” o dejarlos al cuidado de una bola de extraños en una guarde.

Cómo contrapones el valor de verlos despertar con calma, con una sonrisa a las nueve de la mañana (cuando son bebés aún y no van a la escuela claro) contra el despertarlos aceleradamente con todo tu estrés encima a las 6:30, vestirlos medio dormidos y medio emberrinchados y sin darles “chance” de que se estiren porque “a mami y a papi se les hace tarde”.

¿Cómo te repones de un “mamita, su bebé lloró todo el día” cuando podrías estar abrazándolo , cuidándolo y apapachándolo tu todo el día?

¿Cómo justificar -ante el mundo que te mira atento para juzgarte- que seas tan mala madre que decides irte a trabajar a pesar de todos estos pesares?

Basta. No necesitamos justificarnos ante nadie, que el mundo diga misa. De todos modos te van a juzgar, si trabajas porque trabajas y si no trabajas porque no lo haces.

Cómo mujeres, como personas -porque eso somos independientemente de ser madres- tenemos el derecho a decidir no alejarnos de la vida laboral, tenemos derecho a conservar nuestra independencia económica y nuestra salud mental. Y no, no somos malas madres por eso.

Lo cierto es que ayudaría mucho contar con políticas más amigables para poder ejercer nuestra maternidad combinada con otras tareas.

No basta con tener guarderias, necesitamos licencias de maternidad mas extendidos, contar con periodos de lactancia más amplios y flexibles, con lactarios, con la posibilidad de trabajar desde casa, y por cierto, en el marco del Día del padre, aboguemos también por sus derechos porque también necesitamos a papás con mejores condiciones para ejercer su paternidad ( y distribuirnos las cargas de trabajo). No es posible que su licencia de paternidad por ley sea de 5 días, que no tengan horarios especiales, ni permisos para citas médicas de los hijos.

La maternidad no tiene porque anularnos profesionalmente pero criar y laborar tampoco debería ser reto de faquires.

Acerca del autor

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Angélica Simón Ugalde

Comunicóloga de profesión, ambientalista  y activista por convicción, me muevo entre las causas de la justicia, la protección del medio ambiente y los derechos humanos. Responsable de la coordinación de medios desde hace una década en la organización ambientalista Greenpeace México, he comprendido que no basta con señalar, quejarse o lamentar, para transformar lo que nos molesta debemos participar, actuar. 

Me indigna la injusticia y la apatía. Amo el buen café, escribir y la vida en familia. Soy hija, hermana, esposa y madre de una niña y un niño, mellizos. 

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