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La fatiga, un síntoma incomprendido

La fatiga, un síntoma incomprendido
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Escrito por Gina Tarditi

Muchos pacientes con enfermedades crónicas no trasmisibles y otras condiciones médicas padecen fatiga en algún momento y a veces, de forma prolongada o crónica. En el caso de los pacientes con cáncer la fatiga es uno de los síntomas de mayor prevalencia. Sus causas son múltiples y pueden estar dadas por la propia enfermedad, los tratamientos, el dolor, la mala nutrición o falta de apetito, insomnio, anemia, cambios hormonales, algunas infecciones, etcétera.

En algunos casos los tratamientos podrán revertir o aminorar el síntoma pero en otros, resulta mucho más complicado de lo que parece. Además de los tratamientos farmacológicos que se pueden utilizar existen algunas medidas no farmacológicas como el ejercicio moderado, cambios nutricionales, higiene del sueño, terapia psicológica, manejo del estrés, meditación, entre otras, que pueden resultar efectivas, dependiendo de cada caso en lo particular.

Quienes no han experimentado fatiga extrema al punto de verse imposibilitado para realizar las tareas más elementales de la vida diaria les será difícil comprender hasta qué punto puede incidir en el ánimo de quien la padece de forma crónica.

Por si lo anterior no bastara, los pacientes se enfrentan también a la falta de empatía por parte de los profesionales de la salud, que cuando no encuentran causa física no saben qué hacer con ella y de la propia familia, que en ocasiones minimiza o invalida el síntoma pensando que de esta forma ayuda, sin darse cuenta que el paciente sufre ya no solo por todas las implicaciones del síntoma sino por el aislamiento al que se ve obligado.

A lo largo de los años me he encontrado con pacientes para quienes la fatiga representa un recordatorio permanente de que algo no está bien con ellos y al mismo tiempo, la renuncia continua a todo aquello que daban por sentado y que les daba propósito.

Para todos ellos dedico las siguientes líneas, en un intento por poner en palabras lo que revolotea en sus mentes, no sin antes decirles que no cejen en buscar ayuda, que es posible mejorar y recolocarse en el mundo de una manera distinta, aceptando lo que no se tiene y encontrando nuevos sentidos y significados y también, aprender a utilizar la energía con la que cada uno cuente en lo que realmente le importe:

Cuando el cuerpo te frena

Quieres volar, regresar el tiempo, robarte la energía de algún lugar pero bien sabes que no es posible…

Cuando el cuerpo te frena cada tarde después de unas cuantas horas de estar activo y te recuerda que no puedes más, que necesitas darle tregua aunque quieras continuar…

Cuando nadie comprende tu fatiga porque no la siente, porque no la vive y quieres mirarte en ojos empáticos y encuentras simpatía o incomprensión, pero no empatía…

Cuando dejas correr las lágrimas porque tienes que frenar y eso te enoja y, lo vuelves a intentar para detenerte poco después porque el cuerpo te frena…

Cuando las ideas brotan de tu mente y piensas tanto por hacer, para darte cuenta que no importa cuánto lo desees no podrás, porque el cuerpo te frena…

Cuando temes que los demás conozcan tus límites porque no quieres ser juzgado con palabras simplonas…

Cuando te atreves a compartir tus afanes y escuchas frases que descalifican y ves rostros incrédulos y te preguntas porque no callaste esta vez…

Cuando a la fatiga se agrega el hartazgo por callar, por esforzarte en inventar cada vez un nuevo pretexto para no decir que el cuerpo te frena…

Cuando la tristeza se instala en esas tardes donde el cansancio y el dolor te vencen y te preguntas si debieras detenerte y aceptar que tus días son cortos, muy cortos tal vez…

Y después, vuelves a creer que quizá mañana puedas robar un poco de energía del sol para que tu día se alargue y tus ideas se plasmen y te sientas vivo, tan vivo como en tus sueños…

Acerca del autor

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Gina Tarditi

Psicóloga, desarrollista humana y tanatóloga. Cuenta con una maestría en psicología; estudió también la maestría en Desarrollo Humano y diplomados en cuidados paliativos y tanatología y cuenta con la especialidad en manejo de duelos y pérdidas.

Es autora de: 
Las Emociones y el Cáncer. Mitos y Realidades, Editorial Océano. 
El Duelo. Cómo integrar la pérdida en la propia biografía, Editorial Fontamara. 
Coautora con Mariana Navarro de Cuidados paliativos. Medicina que apuesta por la calidad de Vida. Editorial Fontamara

Ha escrito también dos manuales para manejo de duelo, con los nombres de Brújula. Reorientándola y Cartas y Canicas, los cuales no han sido publicados.

Actualmente colabora en el Centro de Apoyo para la Atención Integral, del Instituto Nacional de Cancerología, es miembro del consejo médico de la Asociación Mexicana de Lucha contra el Cáncer, AC y continúa escribiendo sobre cuidados paliativos, duelo y desmitificación del cáncer, temas a los que se ha dedicado por más de 25 años.

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