El Diario de "M"

Entre la paciencia y el segundo intento

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Escrito por Karla Guajardo

Bien, ha pasado poco más de un mes del primer intento. ¿Cómo tomé el resultado negativo? Con mucha tranquilidad… En realidad habré derramado un par de lágrimas pero no más. La vida sigue su curso y el trabajo estaba teniendo altibajos que ayudaron a no encerrarme.

Estaba perfectamente consciente que no era fácil entrar en un 15 por ciento y aquí estoy. Comienzo el camino a la segunda alternativa, en donde afortunadamente el porcentaje oscila alrededor del 60 por ciento.

Me doy cuenta que somos muchas personas en el mundo que no logramos este sueño por nosotras mismas.

Me doy cuenta porque el doctor lleva tantos casos que le cuesta trabajo recordar cada uno, lo percibí al teléfono, cuando hablamos al menos se había recordado algo, seguramente por tenerlo “fresco”.

Me di cuenta que está en mi darle seguimiento a mi tratamiento. Así que al volver a ponerme en contacto me mandaron la laaaarga lista de nuevos análisis que tenía que hacer para el segundo intento: ovodocación con donante anónimo.

Mientras espero, algunas de las personas que saben lo que estoy haciendo me platican cuánto es difícil criar a los hijos y la responsabilidad que es.

Es normal que todos nos sintamos que quizás no estamos preparados para ser padres, pero lo que es cierto que uno siempre intentará dar lo mejor de uno para que los nuevos seres sean buenas personas y que aporten algo a la sociedad.

También pienso que más bien somos nosotras las que queremos tener hijos las que a través de ellos queremos aportar a la sociedad, esa es nuestra responsabilidad y yo lo quiero hacer.

Estoy más que decidida y no veo la hora de tener esa criaturita en mis brazos, me deseo que de verdad llegue ese momento, así que manos a la obra.

La desinformación que hay en el servicio sanitario nacional puede ser frustrante.

De los 27 análisis de sangre que me tengo que hacer, ahora resulta que hay uno que no lo hacen en todos lados y pues ni modo a sacar adelante los que sí se puede con la sorpresa que al pagar, en realidad sí hacen todos.

Es verdad que me estoy apoyando en el servicio sanitario nacional que si bien tiene muuuuchas deficiencias, en realidad es una de las mejores a nivel mundial, lo que quiero decir, con mayores beneficios para el usuario, a un costo mucho muy razonable a comparación de otros países y en mi caso tengo derecho a varias exenciones, que benefician a mi bolsillo.

El único “pero” que le tengo son los tiempos de espera en la entrega de resultados. Algunos son instantáneos, otros pueden tardar un par de semanas o algo más. Pero como dijo una buena amiga, esta decisión también es una prueba de resistencia, refiriéndose a los tiempos de espera.

En ese periodo me encuentro justo ahora, en la espera de entrega de resultados.

Cuando en mi primera cita el doctor había dicho que se necesitaban entre dos y tres meses para sincronizar a la mujer donante y a la receptora, sabía perfectamente que mi necesidad de hacer un intento con ciclo natural retrasaría las fechas inicialmente habladas.

De hecho se había hablado de diciembre y fue entonces que me mentalicé a hacer el sacrificio de pasar navidad lejos de casa, para no alargar los tiempos. Eso era en la teoría… En la práctica se necesita mucha energía emocional para continuar con todos los obstáculos, pero la persistencia y las ganas de lograrlo no me abandonan.

Con el paso de los días me di cuenta que diciembre sería un mes sin necesidad de viajar a la clínica, así que decidí de pronto que me valía más la pena viajar a casa y estar con los míos, que ahorrarme un dinerito en medio del invierno, rodeada de algunos amigos y buena compañía, pero con el corazón triste.

También pensé que ésta sería una clara oportunidad para hablar con mi madre y quizás, (pero sólo quizás) con el resto de la familia cercana.

Definitivamente tengo que hacerlo y lo quiero hacer.

Espero que las estrellas me iluminen para hacerlo de la manera más acertada. De hecho me he enterado que en la cena de navidad solo estaremos mi mamá, mi papá y yo.

Mejor, imposible…

Acerca del autor

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Karla Guajardo

Karla Guajardo Ro es una fotógrafa mexicana que trabaja como free lance para México e Italia. Su interés por la fotografía, comenzó  en 2003 realizando un laboratorio en una comunidad indígena de México. Actualmente vive y trabaja en Italia. Es corresponsal de La Unión de Morelos y colabora con medios mexicanos. En sus proyectos personales se concentra en los problemas de los diferentes grupos de inmigrantes en Italia. 

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