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Ser mujer, ser activista, ser mamá
y ser desplazada

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Escrito por Olimpia Velasco

¿De qué está hecha Evelia Bahena?

Ha resistido a amenazas de muerte, intento de linchamiento, allanamiento de su vivienda, todo por encabezar la defensa de la tierra, el agua y la salud de los habitantes de Cocula, Guerrero, ante el asentamiento y la operación de la minera Media Luna de filiación canadiense, y de otros cuatro proyectos de empresas transnacionales en terrenos comunales. El acoso la obligó a huir de Iguala. Esta es una parte de su historia, plasmada en un texto de Alejandro Pedregal: “Evelia. Testimonio de Guerrero”. La otra, es su vida luego de un diagnóstico de diabetes, pero más aún, su vida como madre de dos hijos que viven con un trastorno cerebral llamado: Epilepsia.

“Tuve a mi primer hijo a los 19 años, no tuve complicaciones en el embarazo, todo parecía que estaba normal; luego de mi primer hijo perdí tres bebés y en medio de la violencia intrafamiliar que vivía nació mi segundo hijo, en ese caso sí me dijeron que venía con alguna complicación de salud, pero yo no quise practicarme un aborto…  Decidí tenerlo aún contra el deseo de su papá, que era muy agresivo y violento”.

Pero cuando nació Alejandro, a pesar de que los médicos aseguraban finalmente que estaba sano, Evelia supo que algo no estaba bien. Y aunque los doctores del Seguro Social le dijeron que su hijo era solo “un poco flojo”, y ella “una mamá joven que exageraba”, Evelia no paró hasta lograr que un especialista viera a su hijo.

“Alguna vez mi hijo tuvo que ser hospitalizado, y luego me obligaron a firmar su alta a cambio de que lo viera un neurólogo; así me dieron un pase para un hospital del puerto de Acapulco y ahí confirmaron que mi hijo tenía daño cerebral y también era epiléptico. A mi hijo mayor, antes de confirmarle la epilepsia, lo diagnosticaron con Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad combinada, al final el diagnóstico había sido el mismo: Epilepsia”.

A pesar de la violencia de la que era víctima por parte de su pareja, y de la atención que le demandaban sus hijos enfermos, Evelia comenzó a apoyar la lucha de las comunidades y ella lo explica como una necesidad de transformación, porque el querer ver a sus hijos bien, mejorarles su calidad de vida, fue un motor importante para, dice ella, no limitarse a llorar y lamentarse.

“Esa necesidad de hacer algo para mejorar la calidad de vida de mis hijos, me hacía tener empatía con la demás gente que también tenía que hacer algo para que sus hijos vivieran en un lugar seguro, para que no les arrebataran su patrimonio. Viví dos años muy difíciles entre la montaña, los hospitales y el trabajar para ganar dinero y subsistir con mis hijos. Pero aprender a luchar por ellos, me ayudó a aprender a defenderme como mujer; tener el valor de salir de la violencia de casa para poder seguir viva, porque mis hijos me necesitaban viva”.

Pero cuando, obligada, Evelia y sus hijos llegaron a la ciudad de México, la historia de atención médica no fue muy diferente. “Cuando vienen las amenazas y nos vimos obligados a desplazarnos, llegamos a la Ciudad de México y mi hijo menor ya llevaba varios días con síntomas muy raros; igual tuve que pelearme con los médicos, pues su epilepsia le afectó el lóbulo temporal, y empezó a tener alucinaciones de vista, olfato, auditivas, cambios en sus estados de ánimo; entonces supimos que el tipo de epilepsia que padece es diferente: sufre de paranoia, es agresivo; lo que para muchos era solo un niño grosero; esto a diferencia del tipo de mi primer hijo que es ausencia atípica, es decir su cerebro se desconecta cierto tiempo y pierde la noción”.

Fue en la Ciudad de México donde el Seguro Social se negó en principio a dar atención al hijo menor de Evelia, bajo el argumento de que la unidad de atención que le correspondía estaba en Guerrero, negándose a brindarle apoyo como desplazada.

“Aquí me dijeron que tenía que volver a Guerrero, para mí la zona de peligro, para que les dieran atención médica a mis hijos; fue una batalla lograrlo, pero en ese escenario mi hijo se agravó y estuvo a punto de perder la vida porque sufrió una pancreatitis, perdió el 80% del páncreas, y tuvo afectación en el corazón, pulmones, y estuvo en terapia intensiva un mes. Ocho días antes de que esto pasara, yo le dije al médico que no lo veía bien, que se había desmayado, que por favor lo hospitalizaran, y así lo hicieron, pero me dijeron que lo darían da alta porque lo único que le hacía falta era dormir, que seguro se desvelaba mucho; lo dieron de alta y a la semana siguiente tuvo la crisis. El mismo médico se disculpó conmigo, pero mi hijo quedó diabético y ahora usa aparatos para respirar”.

Es por estas experiencias que Evelia, dice a Salud Primero que lamenta que algunos médicos no cumplan con su función de salvaguardar la integridad y la vida de los pacientes. “La de vidas que se salvarían si hubiera más médicos con sentimientos humanos”.

Ocho años tenía el hijo mayor de Evelia, cuando fue diagnosticado; 1 año dos meses el menor y 33 años ella cuando le llega otra noticia, esta vez se trataba de ella: Diabetes.

“Tenía 33 años, cuando llegué a un hospital a Urgencias; entonces yo estaba en la lucha, defendiendo a habitantes que habían estado siendo amenazados, a los que les querían quitar sus casas, que habían tenido enfrentamientos con los militares y policías, y las gentes civiles vivimos 15 días muy tensos, luego yo me empecé a sentir mal, pero pensé que  había comido algo que no estaba bien, pero ahí me dijeron que llevaba 600 de azúcar y que no había vuelta atrás, se trataba de diabetes… y otra vez no podía deprimirme… otra vez pensé en la gente depende de mí…”.

Hoy los hijos de Evelia tienen 20 y 13 años, y para ella hoy, lo cotidiano, es defender los derechos humanos de sus hijos, de su comunidad, de los demás niños: “cómo voy a ver como mujer, como madre que agreden a una persona y no hacer nada; cómo voy a ver que destrozan el lugar donde vivo y no hacer nada… ahí viven mis hijos, la gente que quiero….”

Es así que cuando le preguntan a Evelia ¿Por qué seguir en la lucha?, ella simplemente responde: ¿Por qué seguir en lo malo?

Evelia. Testimonio de Guerrero. Libro de Alejandro Pedregal, editado bajo la firma Akal, está disponible en las principales liberías de país.

Acerca del autor

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Olimpia Velasco

Fue coordinadora editorial en El Universal. Colaboradora en Canal 22, con reportajes especiales. Fundó y dirigió en su primera etapa el portal SuMédico. Fue responsable de contenidos y conductora del programa SuMédico Radio, en el grupo MVS. Directora Ejecutiva de Factor 4, Comunicación. Agencia PR y Prensa.

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