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Opinión Metamorfosis

Empatía, esa (des)conocida

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Escrito por Cynthia Rodríguez

Hace unos meses asistí a una iniciativa en la ciudad que vivo sobre “libros humanos” para conocer historias que tenían que ver con la soledad, el abandono, la entrega de voluntades, la depresión… Todas que rayaban en la locura, y que por momentos era como ponerse de frente a un espejo, pues ¿quién no ha temido alguna vez que algo en nosotros no funciona?

Era la jornada mundial de la salud mental, y una fundación que se llama “Fundación Empatía Milano” la había organizado por primera vez para que cualquier persona conociera esas historias con las que muchas otras combaten todos los días.

Ahí, en la explanada del edificio de la Región escuché, de viva voz, la historia de Daniel, un chico que en sus primeros recuerdos están la de los gritos continuos asustados de su madre a algo que durante toda su niñez no entendió. De la ausencia de su padre por trabajo; de los golpes que le daba su padre a su madre cuando éste no la soportaba más oirla gritar; de la convicción que tenía su madre de que su padre la engañaba y que después la quería matar.

De cuando, desde los 11 años comenzó a sufrir bullying en su escuela, sólo porque era un niño introvertido. O de cuando, gracias a un grupo que había organizado el municipio donde vivía, pudo interactuar con otros niños solitarios. “Fue una etapa solar”, recordaba frente a mí y cualquier otra persona dispuesta a escucharlo.

Narraba que después de esa “etapa solar”, como la definió el mismo, de nuevo llegaron los miedos y el recuerdo de cuando un día viendo la película “La historia sin fin”, tuvo una catarsis y se quedó sin sentimientos.

“Me vacié”, así lo dice. “No sentía ni miedo, ni alegría, ni amor, ni odio, ni tristeza. Nada, sólo un color blanco donde estaba sumergido”.

A unos pasos de Daniel estaba Mary esperando ser escuchada por otros. Una mujer que le dio personalidad a la heroína (la llamaba compañera), y cómo no, si convivió con ella durante más de 25 años y la adicción a ésta la había colocado en primer lugar, incluso antes de sus seres más queridos como su hija, su esposo y hasta de ella misma.

De las historias más impresionantes que escuché ese día fue la de Piero, un señor que ya había tenido señales de que “algo” no andaba bien, pero fue cuando le avisaron de la muerte de su hermano, que se quedó inmóvil frente a la cena que se acababa de preparar.

Una semana después, una amiga llegó a buscarlo y lo encontró ahí sentado con la cena podrida y a él empapado en sus orines en muy malas condiciones.

Después de este episodio, a Piero lo internaron y comenzó un tratamiento largo con electroshoks (porque en ese entonces se permitían), pues ya para entonces la esquizofrenia se había hecho completamente presente.

Durante mucho tiempo Piero vivió con el Vick Vaporub en las manos para que le ahuyentan el olor del pollo que nunca comió la misma noche en que perdió a su hermano y la razón.

Ese día escuché también a Giusi, una restauradora de arte que fue a través de los colores que comenzó su trabajo de autorescate, pues cuenta que su historia de abandono comenzó desde los 43 días de nacida cuando sus padres, por motivos de trabajo, la dejaron con otra familia, hasta los 7 años.

Luego su miedo a la soledad, se agravó con la bulimia, las autolesiones, el intento de suicidio que llegó con la muerte de estos padres de los que nunca se sintió a la altura. Actualmente tiene 56 años y sigue en esta lucha contra la soledad y el abandono.

Recuerdo este día de historias dolorosas porque me doy cuenta lo increíble que nos resulta a los seres humanos generar y sentir empatía. Uno puede saber o conocer todo tipo de historias, pero no siempre tenemos la capacidad de reconocer y comprender los sentimientos, ideas, conductas o actitudes de los demás. Mucho menos entender las circunstancias concretas que pueden afectar a otras personas en situaciones concretas.

En México, por ejemplo, no importa el tema que se trate. Se puede estar hablando del nuevo aeropuerto, de migrantes, de feminicidios, de drogadicción, de ataques de perros a niños, de lo que sea, de verdad no importa, y lo que más ha llamado mi atención, desde siempre, es precisamente la falta de empatía que existe entre nosotros.

Un ejemplo: justo ayer la próxima Jefa de Gobierno, Claudia Scheinbaum, ante la llegada inminente de la caravana de migrantes de la Ciudad de México , anunció una ayuda humanitaria para los centroamericanos.

De manera casi inmediata mientras unos lo celebraban, muchos otros se lamentaban por esta ayuda, porque desde su punto de vista, todos los recursos deben destinarse para ayudar sólo a los mexicanos,  “los centroamericanos, ¿qué?”.

Lo mismo cuando un grupo de personas la semana pasada manifestó querer marchar “de luto” por la cancelación del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México, que además de que siempre estuvo bajo la sombra de la corrupción, en nuestro país hay muchísimas y verdaderas razones para poder marchar todos los días de luto. De este tamaño la empatía en nuestro país. Y ejemplos así hay muchísimos.

Pero en esta parte del mundo, ha llamado la atención un experimento que, aunque ya lleva tiempo en las escuelas de Dinamarca, desde 2016 fue convertida como materia en la parte de educación social, que está estrechamente ligada al concepto de empatía.

Se llama Klassens tid y por una hora a la semana a todos los niños de las primarias danesas se les enseña a escuchar a los demás, para que de esta manera aprendan y se acerquen a los problemas de los otros de manera constructiva, además de ayudar a madurar en la personalidad de cada niño una fuerte pertenencia de grupo, en pocas palabras: a crear empatía.

No vendría mal algo así en las primarias mexicanas, para empezar. Creo yo.

Acerca del autor

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Cynthia Rodríguez

Es periodista desde hace 25 años y desde hace 11 es corresponsal en Italia para diversos medios en México e Italia. En el 2009 escribió el libro “Contacto en Italia. El pacto entre los Zetas y la ‘Ndrangheta”, donde explica por primera vez los lazos entre uno de los grupos criminales más antiguos del mundo y uno de los cárteles emergentes más temidos de toda la historia en México. Es coautora de los libros “72 migrantes” y “Tú y yo coincidimos en la noche terrible”, sobre el asesinato de los periodistas en México. Durante varios años de su carrera ha sido también editora. Cuenta con una maestría en Migración por la Universidad de la Sapienza y otra sobre Combate a la criminalidad organizada y la Corrupción por la Universidad de Pisa. Es mamá por partida triple. En twitter: @cynthiaitalia

2 Comentarios

    • Gracias a ti Iliana por leernos y encontrar en este espacio algo que nos pueda inspirar para seguir reflexionando y saber que no todo está perdido. Saludos

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