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Informe de la OMS: el avance contra el VIH convive con una alerta crítica sobre hepatitis

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Escrito por Salud Primero

Respuesta al VIH ha salvado millones de vidas; en hepatitis virales, la mortalidad no cae al ritmo necesario

La Organización Mundial de la Salud (OMS) dio a conocer un balance incómodo: el mundo ha logrado avances importantes contra el VIH, pero no está en ruta para alcanzar en 2030 las metas sobre VIH, hepatitis virales e infecciones de transmisión sexual (ITS).

El punto crítico del Informe de progreso de mitad de periodo de 2026 está en el acceso a las soluciones médicas, quién puede acceder a ellas, con qué continuidad y en qué momento.

El éxito relativo frente al VIH demuestra que la combinación de tratamiento, prevención, comunidad y financiación sostenida funciona. Pero el rezago frente a las hepatitis B y C advierte que disponer de una vacuna o de medicamentos altamente eficaces no basta si los diagnósticos llegan tarde o el tratamiento queda fuera del alcance de las personas.

VIH: avances reales, pero aún frágiles

Al cierre de 2025, unas 32 millones de personas recibían tratamiento antirretroviral. Desde 2010, las nuevas infecciones por VIH disminuyeron 42% y las muertes relacionadas con el sida cayeron 57%, según la OMS. Sin embargo, 9 millones de personas seguían sin acceder al tratamiento.

El informe también alerta que los recortes en la financiación internacional durante 2025 interrumpieron programas de prevención, incluida la profilaxis preexposición (PrEP) en varios países.

Es una advertencia: los progresos en VIH no son irreversibles. Cuando la prevención se interrumpe, el efecto suele sentirse primero en poblaciones que ya enfrentan estigma, discriminación o barreras de acceso a los servicios de salud.

Para América Latina y el Caribe, el reto es claro. Aunque las muertes relacionadas con el sida bajaron 46% entre 2010 y 2025, la OPS señala brechas en el diagnóstico temprano y la cobertura de servicios, pues alrededor de un tercio de los nuevos diagnósticos en la región se detectaron en fases avanzadas de la infección en 2025.

La implicación sanitaria es clara: el VIH no debe presentarse como una crisis resuelta. Es una condición tratable cuyo control depende de sostener pruebas oportunas, tratamiento sin interrupciones, prevención combinada y atención libre de estigma.

Hepatitis: una deuda de salud pública que sigue acumulándose

La situación de las hepatitis virales es más preocupante. Según el Informe mundial sobre la hepatitis 2026, las hepatitis B y C causaron aproximadamente 1.34 millones de muertes en 2024, principalmente por cirrosis y cáncer de hígado. La hepatitis B fue la causa de cerca de 1.1 millones de esos fallecimientos, cifra 17% mayor que en 2015.

Sin embargo, hay avances: las nuevas infecciones por hepatitis B disminuyeron 32% desde 2015 y las muertes por hepatitis C bajaron 12%. Pero el ritmo es insuficiente. Menos de 5% de las 240 millones de personas que vivían con hepatitis B crónica recibían tratamiento en 2024. En hepatitis C, una infección curable en la mayoría de los casos con antivirales de acción directa, millones de personas diagnosticadas seguían sin iniciar tratamiento, advierte la OMS

La paradoja es difícil de ignorar. La vacuna contra hepatitis B es altamente efectiva, el tratamiento de hepatitis C puede curar más de 95% de las infecciones, y la hepatitis B crónica puede controlarse con antivirales. Aun así, continúan las muertes prevenibles porque el sistema llega tarde: no detecta la infección, no vincula a las personas con atención o no mantiene el tratamiento cuando sí está indicado.

La lección compartida: integrar, no fragmentar

El hallazgo más útil del informe es su recomendación operativa: integrar servicios. La OMS propone acercar la atención de VIH, hepatitis e ITS a la atención primaria, salud sexual y reproductiva, servicios maternoinfantiles, tuberculosis y reducción de daños.

Esto permitiría, por ejemplo, combinar pruebas y atención preventiva según el riesgo y las guías locales, facilitar la vacunación contra hepatitis B, asegurar la prevención de la transmisión maternoinfantil de VIH y hepatitis B, y reducir pérdidas entre diagnóstico, referencia y tratamiento.

La integración no equivale a tratar infecciones distintas como si fueran idénticas. Significa diseñar una puerta de entrada sencilla para las personas y una red clínica capaz de resolver necesidades complejas. También exige datos de vigilancia confiables, abasto continuo, personal capacitado y participación de las comunidades afectadas en el diseño de los programas.

Lo que está en juego hacia 2030

El informe de la OMS cuestiona una idea frecuente: que las metas de eliminación dependen únicamente de descubrir nuevos medicamentos. Las herramientas decisivas ya existen, y lo que falta es garantizar un acceso cotidiano y equitativo.

Para los gobiernos, la prioridad es proteger la prevención y el tratamiento frente a recortes, simplificar el diagnóstico y la vinculación con la atención, e integrar servicios sin diluir la calidad clínica.

Los medios, por su parte, tienen el desafío es informar sin alarmismo ni triunfalismo: hablar de VIH y hepatitis con evidencia, sin culpar a las personas y dejando claro que el diagnóstico oportuno y la atención profesional cambian el pronóstico.

El control de estas epidemias no se medirá solo por las innovaciones disponibles, sino por cuántas personas pueden usarlas a tiempo.

Aviso: Este contenido es informativo y no sustituye la valoración de un profesional de salud. Las pruebas, la vacunación, la prevención y el tratamiento deben indicarse de acuerdo con el contexto clínico, los factores de riesgo y las guías vigentes en cada país.

Fuentes:

Organización Mundial de la Salud. Global health sector strategies on HIV, viral hepatitis and sexually transmitted infections, 2022–2030: 2026 mid-term progress report, 2026.

Organización Mundial de la Salud. WHO: Integration, innovation and community leadership key to ending HIV, hepatitis and STIs, 2026.

Organización Mundial de la Salud. Informe mundial sobre la hepatitis 2026, 2026.

Organización Panamericana de la Salud. Las Américas cuentan con las herramientas para eliminar el VIH, pero persisten brechas de acceso y cobertura, 2026.

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