En México muchas personas viven con hepatitis B o C sin presentar síntomas durante años, lo que aumenta el riesgo de cirrosis y cáncer de hígado.
La mayoría de las personas con hepatitis B o hepatitis C no presentan síntomas durante muchos años. Cuando finalmente aparecen, el daño al hígado puede ser irreversible. Detectarlas a tiempo puede marcar la diferencia entre una vida saludable y complicaciones graves como cirrosis o cáncer hepático.
Las hepatitis virales tienen una característica que las convierte en uno de los mayores desafíos de salud pública: pueden evolucionar durante años sin causar molestias evidentes. Mientras la persona continúa con su vida cotidiana, el virus puede provocar una inflamación persistente que, con el tiempo, favorece la aparición de cirrosis, insuficiencia hepática o cáncer de hígado.
Esta evolución silenciosa explica por qué la Organización Mundial de la Salud considera a las hepatitis virales como una de las principales amenazas infecciosas del siglo XXI y ha planteado un objetivo ambicioso: eliminarlas como problema de salud pública para 2030.
Para lograrlo no basta con disponer de vacunas o tratamientos eficaces. También es necesario que las personas conozcan los riesgos, sepan cuándo realizarse una prueba diagnóstica y tengan acceso oportuno a la atención médica.
En México, ese reto sigue vigente. Aunque el país ha logrado avances importantes en vacunación infantil y vigilancia epidemiológica, especialistas advierten que muchas personas desconocen que viven con hepatitis B o hepatitis C. Esa falta de diagnóstico representa uno de los principales obstáculos para reducir las complicaciones y evitar nuevas transmisiones.
¿Qué es la hepatitis?
La palabra hepatitis significa, literalmente, inflamación del hígado. No se trata de una sola enfermedad, sino de un conjunto de trastornos que tienen en común la inflamación de este órgano indispensable para la vida.
El hígado participa en cientos de funciones esenciales. Entre ellas, filtra sustancias potencialmente tóxicas; metaboliza medicamentos; produce proteínas necesarias para la coagulación; almacena vitaminas y energía; participa en la digestión mediante la producción de bilis, y ayuda a regular el metabolismo de grasas, azúcares y colesterol.
Cuando el hígado se inflama, estas funciones pueden alterarse de manera gradual o, en algunos casos, de forma súbita. La inflamación puede deberse a múltiples causas, entre ellas: virus, consumo excesivo de alcohol, enfermedades autoinmunes, algunos medicamentos, sustancias tóxicas, hígado graso asociado con alteraciones metabólicas.
Pero cuando se habla del Día Mundial contra la Hepatitis, el foco está puesto en las hepatitis virales, un grupo de infecciones causadas por cinco virus principales:
- Hepatitis A (VHA)
- Hepatitis B (VHB)
- Hepatitis C (VHC)
- Hepatitis D (VHD)
- Hepatitis E (VHE)
Cada uno tiene características distintas, formas diferentes de transmisión y estrategias específicas de prevención y tratamiento.
No todas las hepatitis son iguales. Algunas se curan espontáneamente y otras pueden prevenirse mediante vacunación o requieren tratamiento especializado para evitar complicaciones graves.
¿Por qué el hígado es tan importante?
Pocas personas piensan en el hígado hasta que aparece una enfermedad. Sin embargo, es el órgano interno más grande del cuerpo y uno de los más complejos. Los especialistas estiman que participa en más de 500 funciones fisiológicas indispensables para mantener el organismo en equilibrio.
Entre sus principales tareas se encuentran:
- Depurar la sangre: El hígado procesa sustancias provenientes del aparato digestivo y ayuda a eliminar compuestos potencialmente dañinos.
- Procesar nutrientes: Transforma proteínas, grasas y carbohidratos para que el organismo pueda utilizarlos como fuente de energía.
- Almacenar reservas: Guarda glucógeno, vitaminas y minerales que el cuerpo utiliza cuando los necesita.
- Producir bilis: La bilis facilita la digestión y absorción de las grasas.
- Participar en la respuesta inmunitaria: El hígado también forma parte del sistema de defensa del organismo al eliminar microorganismos y otras partículas presentes en la sangre.
Cuando la inflamación se prolonga durante meses o años, el tejido hepático sano puede ser sustituido por cicatrices. Este proceso, conocido como fibrosis, puede progresar hasta convertirse en cirrosis, una condición que compromete de forma importante el funcionamiento del órgano.
En etapas avanzadas también aumenta el riesgo de desarrollar carcinoma hepatocelular, el tipo más frecuente de cáncer de hígado.
Un problema mundial que también afecta a México
Las hepatitis virales son una causa importante de enfermedad y muerte en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, alrededor de 304 millones de personas vivían con hepatitis B o C crónicas en 2022.
Estas infecciones provocaron aproximadamente 1.3 millones de muertes ese mismo año. La mayoría de los fallecimientos se relacionó con cirrosis y cáncer hepático, y cada día se producen miles de nuevas infecciones que, en muchos casos, podrían prevenirse.
La OMS advierte además que el diagnóstico sigue siendo uno de los mayores desafíos. Muchas personas nunca se realizan una prueba porque no presentan síntomas o desconocen que estuvieron expuestas al virus.
El reto
Aunque la incidencia varía entre los distintos tipos de hepatitis y existen importantes diferencias regionales, las autoridades sanitarias mexicanas mantienen sistemas de vigilancia para identificar brotes, monitorear la vacunación y fortalecer las estrategias de prevención.
En el caso de la hepatitis A, por ejemplo, los casos suelen relacionarse con condiciones de saneamiento e higiene. En cambio, la hepatitis B y la hepatitis C requieren estrategias centradas en vacunación, tamizaje, prácticas médicas seguras y acceso al tratamiento.
Para los especialistas, uno de los mayores desafíos consiste en ampliar el diagnóstico oportuno entre personas que nunca han sido evaluadas pese a tener factores de riesgo.
El compromiso internacional: eliminar las hepatitis para 2030
En 2016, los Estados miembros de la Organización Mundial de la Salud aprobaron la primera estrategia mundial para eliminar las hepatitis virales como amenaza para la salud pública. Posteriormente, la estrategia fue actualizada con metas específicas para 2030, entre ellas:
- Reducir de manera significativa las nuevas infecciones.
- Disminuir las muertes relacionadas con hepatitis.
- Ampliar el acceso a pruebas diagnósticas.
- Incrementar la cobertura de vacunación contra hepatitis B.
- Garantizar tratamientos efectivos para quienes los necesitan.
No se trata únicamente de un objetivo sanitario. La eliminación de las hepatitis forma parte de los esfuerzos internacionales para fortalecer la cobertura universal de salud, reducir desigualdades y prevenir enfermedades crónicas evitables.
Para México, alcanzar estas metas implica reforzar la vigilancia epidemiológica, ampliar el acceso al diagnóstico temprano y garantizar que las personas diagnosticadas reciban seguimiento y tratamiento conforme a la mejor evidencia disponible.
Comprender la hepatitis no solo ayuda a proteger tu salud. También permite tomar decisiones informadas para cuidar a tu familia y contribuir al objetivo de eliminar estas infecciones como un problema de salud pública.
Referencias para la consulta:
- Organización Mundial de la Salud (WHO). Global hepatitis report 2024.
- Organización Mundial de la Salud (OMS). Hepatitis
Centers for Disease Control and Prevention (CDC). Viral Hepatitis - MedlinePlus. Hepatitis
- National Institute of Diabetes and Digestive and Kidney Diseases (NIDDK-NIH). Viral Hepatitis
- European Association for the Study of the Liver (EASL). Clinical Practice Guidelines
- American Association for the Study of Liver Diseases (AASLD). Practice Guidelines
- Secretaría de Salud de México. Programa de Acción Específico para Hepatitis Virales.
- Dirección General de Epidemiología. Boletines e Informes de Vigilancia Epidemiológica.


Dejar un comentario