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Sabor a menta activa receptores cerebrales para alimentos fríos

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Escrito por Antimio Cruz

Universidad de Oklahoma

La sensación refrescante que transmite una pastilla de sabor menta, o una galleta con un poco de menta, o directamente masticar una hoja de menta, está relacionado con la activación de un canal nervioso entre la lengua y el cerebro de los mamíferos. Este mismo canal se enciende, abre o activa cuando se ingieren alimentos fríos.

Esta afirmación se apoya en una investigación realizada por científicos de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad de Oklahoma, en Estados Unidos.

La investigación, realizada por el equipo del profesor Christian Lemon, indagó cómo se activan los receptores del frío en la boca por las temperaturas frías, además de estudiar cómo se transmiten esas señales al cerebro y cómo esas transmisiones se generan en una sensación de frescura.

“Estos receptores responden a las temperaturas frías, pero también se activan por el mentol, que proviene de las plantas de menta. Aunque a veces se les llama receptor de frío y mentol, se conoce técnicamente como TRPM8. Estos receptores comienzan a activarse cuando la temperatura cae unos grados por debajo de la temperatura central de tu cuerpo”, explicó el doctor Lemon en un artículo que publicó en marzo de 2024 en la revista científica The Journal of Neuroscience.

El hecho de que el mentol provoque una respuesta parecida a ingerir alimentos fríos puede estar relacionado con alguna reacción química, provocada por los componentes de la menta, que interactúan con los canales de iones que transmiten señales al cerebro.

Esta reacción podría parecer sin importancia, pero ahora los investigadores plantean que, si se descubren los canales que transmiten la sensación de frío cuando se consume menta, podrían encontrarse también los mecanismos que provocan dolor intenso cuando una persona con dientes o muelas enfermos mastica productos fríos.

Antes de haber sido estimuladas con mentol, los receptores TRPM8 ya habían sido estudiados con alimentos fríos y se identificó que se activan con temperaturas por debajo de 86 grados Fahrenheit, que son aproximadamente 30 grados centígrados, y son fuertemente estimulados por temperaturas más frías cercanas a 50 grados Fahrenheit o 10 grados centígrados.

“Nuestro estudio encontró que cuando eliminamos genéticamente los receptores TRPM8, en ratones de laboratorio, se redujo la respuesta del cerebro al enfriamiento leve en la boca, mientras que la identificación y respuesta a temperaturas significativamente más frías permanecieron parcialmente intactas”, dijo.

El equipo científico concentró su atención en observar cómo los mensajes de temperatura de los receptores TRPM8 en la boca se transmitían a lo largo de las fibras nerviosas hacia el cerebro e influían en cómo el cerebro podría interpretar esas señales.

“Este receptor parece ser necesario para que el cerebro reconozca correctamente las temperaturas cálidas dentro de la boca y las distinga de las frías.”

Basado en estos hallazgos y porque la temperatura es un componente tan importante de la sensación oral, el equipo de Lemon planea explorar cómo las señales sensoriales de temperatura de TRPM8 y otras vías afectan el gusto y las preferencias alimenticias. Creen que esto podría ayudar a entender el papel de la percepción de temperatura en un contexto único relacionado con la salud.

Acerca del autor

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Antimio Cruz

Antimio Cruz es periodista desde 1988. Escribe textos especializados en ciencia y salud. Ha sido reportero en los diarios Unomásuno, Reforma, El Universal, Milenio y La Crónica de Hoy. Ha ganado los premios de periodismo Walter Reuter, Conservación internacional, Conacyt, MSD, Grunenthal y Rostros de la discriminación. Es autor de la novela Descalza voy contigo, publicada por Tusquets editores.

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