Sentir mariposas en el estómago, corazonadas, tener fuego en las entrañas: no faltan expresiones que conectan el sistema gastrointestinal con nuestras emociones. Pero, ¿sabías que la ciencia respalda esta conexión? El eje intestino-cerebro, también conocido como la conexión intestino-cerebro, es un fenómeno real con vínculos a diversas condiciones, incluyendo el síndrome del intestino irritable (SII), la enfermedad inflamatoria intestinal (EII) y la ansiedad.
Los estudios sobre el eje intestino-cerebro o conexión intestino-cerebro han acumulado nueva información en la última década para explicar cómo interactúan el cerebro y el intestino en el desarrollo de varios síntomas, como dolor abdominal, náuseas, vómitos, hinchazón y más. Así lo explicó el doctor Eamonn Quigley, gastroenterólogo del Hospital Houston Methodist, al detallar algunos efectos de esa interacción sobre la salud de las personas.
“El intestino tiene nervios sensoriales, y estos transmiten mensajes a través de la médula espinal, por el nervio vago, hasta el cerebro, donde son reconocidos y, si el cerebro así lo decide, responde enviando señales de regreso al intestino, lo que genera cambios en la motilidad intestinal o en la secreción”, apunta Quigley.
“En algunas situaciones, puede ser el cerebro el que influye principalmente en el intestino”, comenta. “Y en otras, puede ser el intestino el que influye en el cerebro”, al detallar que esa vía tiene dos direcciones, como se puede observar en el estrés en el cual el cerebro puede impactar al intestino, pero también el intestino irritable puede impactar al cerebro.
“Cuando estás estresado, puedes tener diarrea, puedes sentir náuseas, y eso es claramente el cerebro actuando directamente sobre el intestino y afectando su motilidad, etcétera”, comenta el doctor Quigley. “Pero claro, también puede pasar lo contrario, y los síntomas que se originan en el intestino se sienten en el cerebro y generan dolor, náuseas o hinchazón”
Esto se puede ver en condiciones como el dolor intestinal crónico, donde las personas con estos problemas pueden desarrollar ansiedad o incluso caer en depresión. Cuando esto ocurre, los síntomas intestinales empeoran, lo que a su vez aumenta la ansiedad y se crea un ciclo vicioso que se repite una y otra vez.
El microbioma o ecosistema intestinal
El microbioma intestinal, ese ecosistema microscópico compuesto por bacterias, hongos y microorganismos, juega un papel crucial en nuestra digestión, metabolismo y sistema inmunológico, y ahora se considera una parte clave del eje intestino-cerebro. De hecho, el microbioma intestinal está en comunicación constante con el cerebro a través de un sistema de transmisión de información en ambas direcciones —lo que se conoce como eje microbioma-intestino-cerebro.
Además de nuestro estado de ánimo y niveles de estrés, la conexión intestino-cerebro también impacta varias funciones corporales. Muchas de ellas están relacionadas con el intestino, como la digestión, la motilidad intestinal (las contracciones musculares que impulsan la digestión), el metabolismo, el hambre e incluso los antojos. Esta conexión también puede afectar nuestra inmunidad, el comportamiento, la función cognitiva e incluso nuestra tolerancia al dolor.
“El dolor, prácticamente de cualquier origen, tendrá un componente intestino-cerebro, ya sea fibromialgia o fatiga crónica”, explica Quigley. “Casi cualquier cosa que se te ocurra —ya sean síntomas cardíacos, respiratorios— en mayor o menor grado tendrá un componente intestino-cerebro. Es un paradigma bastante universal, y es muy importante entenderlo y valorarlo”.
Prácticamente cualquier condición gastrointestinal, en mayor o menor medida, tendrá algún componente intestino-cerebro, según el experto del Hospital Houston Methodist. Dos de las más comúnmente afectadas son el SII y la EII, incluyendo la enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa. “En el síndrome del intestino irritable, el eje intestino-cerebro puede tener un rol variable”, dice el experto. “Por ejemplo, en algunas personas, los síntomas se originan principalmente en el intestino. El cerebro puede modificar un poco esos síntomas, pero el origen está en el intestino. En otras personas, especialmente aquellas con SII más severo que también tienen ansiedad, depresión o somatización (malestar psicológico causado por síntomas sin origen aparente), los síntomas pueden estar más bien impulsados por el cerebro, aunque se expresen en el intestino.”


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