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Resonancia magnética muestra que la música aumenta la conectividad cerebral

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Escrito por Salud Primero

Exploran nuevas terapias

Un equipo de investigadores del Hospital Houston Methodist y de la Universidad Rice, en Texas, Estados Unidos, midió y documentó con imágenes de resonancia magnética la capacidad de la música para estimular la conexión neuronal en personas saludables. Esa información se utiliza ahora como punto de partida para diseñar terapias individuales para pacientes que sufrieron un accidente cerebrovascular (ACV)

Entre otros resultados, los investigadores lograron medir, cuantitativamente que después de aplicar 90 días de terapias de escucha activa de música a personas saludables, la conectividad cerebral en estado de reposo se fortalecía más con la música que con la escucha de audiolibros.

Al comprender mejor los diferentes patrones de activación cerebral ante estímulos no farmacológicos, como la música o el lenguaje, los profesionales de la salud pueden aprovechar ese potencial en terapias, procesos de rehabilitación y mejoras del rendimiento humano.

El estudio, titulado “Music to My Ears (Música para mis oídos), formó parte de una investigación clínica más amplia sobre el efecto de la música en la recuperación de pacientes con eventos cerebrovasculares, desarrollada en el Centro de Medicina de las Artes Escénicas del Hospital Houston Methodist.

Se realizaron imágenes por resonancia magnética funcional (fMRI, por sus siglas en inglés) en participantes sanos mientras escuchaban música que ellos mismos eligieron —y con la que tenían un apego emocional positivo—, además de música culturalmente familiar (de J.S. Bach), además de música culturalmente desconocida (música cortesana Gagaku del Japón medieval) y fragmentos de discursos.

Se observó un contraste notable en las redes cerebrales completas ante los distintos tipos de piezas auditivas, especialmente en el caso de la música desconocida.

Diferente música, diferente reacción

El estudio mostró que hubo diferencias claras entre las redes cerebrales (comunidades) de los participantes cuando escuchaban diferentes tipos de sonidos, particularmente entre música conocida y desconocida. Las propiedades de red que se analizaron fueron la modularidad, y qué tanto interactúan distintas regiones del cerebro en comunidades; así como la flexibilidad y la velocidad con la que esas regiones cambian de comunidad.

Durante la resonancia magnética funcional, realizada en el Centro de Imagenología Traslacional del Hospital Houston Methodist, los participantes escucharon música que ellos eligieron por tener una conexión emocional positiva. También escucharon música conocida como la de Johann Sebastian Bach, música culturalmente lejana como el Gagaku japonés, y fragmentos de discursos públicos.

En las pistas elegidas por los participantes y en las de Bach —representando distintos niveles de familiaridad—, las redes cerebrales completas mostraron modularidad que se coordinaba significativamente con la flexibilidad.

Pero cuando se reprodujo la música Gagaku, con sonidos extraños para los oyentes, esa coordinación entre modularidad y flexibilidad casi desapareció. Aunque la flexibilidad del córtex auditivo fue similar durante toda la escucha musical, se volvió más flexible al responder a la pieza Gagaku.

“Llevándolo a un nivel más abstracto, existe un vínculo emocional positivo con la música en el cerebro. Cada vez que intentas acceder a tus recuerdos, estos están ligados a las emociones. Es como cuando usas los músculos y se llenan de sangre oxigenada. La idea fue hacer que los participantes escucharan diferentes géneros de música y medir cómo respondía el cerebro, como si fuera un músculo”, explica el profesor en investigación del Hospital Houston Methodist, el doctor Christof Karmonik.

Los resultados sugieren que las medidas de modularidad y flexibilidad en la actividad cerebral completa podrían ofrecer nuevas perspectivas sobre las funciones neuronales complejas que se activan cuando percibimos música.

“Yo decía: ‘Estoy cuantificando algo que antes no podía explicar’”, añade el doctor Karmonik.

“Llevamos a cabo varios estudios para responder una gran pregunta: ¿cómo podemos entender mejor el impacto del estímulo musical en el cerebro y si podemos aprovechar ese impacto para alcanzar objetivos clínicos, médicos, de salud o incluso de rendimiento humano?”, señala Todd Frazier, director del Centro de Medicina de las Artes Escénicas del Hospital Houston Methodist.

El director Frazier explica que la mayoría de los estudios que ha realizado el equipo han sido investigaciones fundamentales, con el fin de comprender mejor el potencial de la música dentro del campo de la salud.

El equipo descubrió que los patrones de activación cerebral eran bastante similares entre participantes, y se preguntaron si alguien en proceso de recuperación de una lesión cerebral podría beneficiarse mediante ejercicios de escucha diseñados para estimular áreas específicas del cerebro. Así fue como comenzaron a ofrecer sesiones de escucha personalizadas para pacientes con eventos cerebrovasculares en el Hospital Houston Methodist.

Los pacientes escuchaban música tres veces al día durante sesiones de 20 minutos, por un periodo de 90 días, y se les pedía enfocarse en una escucha activa. Al final, la conectividad cerebral en estado de reposo se fortaleció más con la música que con audiolibros.

“Creamos un perfil musical individual para cada paciente y los ejercicios de escucha alternaban entre música emocionalmente familiar y no familiar. Durante cada sesión —de aproximadamente 20 a 25 minutos—, el cerebro del paciente iba de una pieza a otra con la intención de aumentar la oxigenación en diferentes zonas cerebrales que pudieran ayudar en su recuperación. Diseñamos un régimen de escucha que, sentimos, era una intervención suficientemente significativa como para tener un impacto real”, detalla el director Frazier.

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