El Diario de "M"

La espera después de la inseminación

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Escrito por Karla Guajardo

Han pasado 13 días desde la inseminación y como lo esperaba empezaron las manchitas del periodo. Muchas veces comienzo así y horas después llega lo más pesado.

Ya había tenido los usuales dolores de la menstruación, así que ese jueves por la tarde, entendí que no había tenido suerte, pero al menos lo había intentado, así que el plan era pasar a la segunda alternativa.

Me fui a trabajar y en la noche que regresé todavía no me bajaba bien, otras veces me había sucedido, así que sólo me quedaba prepararme para esperarla al día siguiente.

Ya era viernes y cuando me levanté para ir al baño no vi nada. Sólo manchitas de sangre extremadamente ligeras. Se me hizo muy raro, pero igual me fui a trabajar, sin hacer mucho caso. Fue una jornada llena de trabajo y en la noche tenía una cena con amigos.

Regresé a la casa para cambiarme y el ciclo seguía sin bajarme completamente, ahí de verdad no era normal, esperar casi 48 horas de las primeras manchitas y que no llegara, ya me estaba preocupando.

Llegué a pensar que tal vez la inseminación estaba alterando la naturaleza de mi cuerpo, que tal vez esa era la menstruación de ese ciclo después de haber hecho un proceso artificial.

Me preocupé por eso, porque nunca en toda mi vida desde que tuve la primera menstruación a los 12 años he saltado un mes. Me puse a hacer cuentas y me di cuenta que han sido más de 377 menstruaciones en lo que va de mi vida (creo que he hecho un pequeño daño ecológico que estoy por cambiar).

Entre las cuentas de las menstruaciones y todas las toallas sanitarias que utilizamos las mujeres, paralelamente llegué a pensar que podía ser un embarazo psicológico. En fin…

Pasé a comprar el vino antes de llegar a casa y cambiarme. Cuando llegué, y visto que ya estamos en otoño, caí en la cuenta que no tenía mucha ropa de manga larga a la mano, así que tenía que recurrir a la ropa guardada en cajas en lo alto de mi armario.

Antes de sacar la caja de la ropa, hice una pequeña búsqueda en internet para ver si encontraba respuesta a mi falta de flujo menstrual. Di con una doctora argentina que lo explicaba.

Ahí mientras estaba subida en la cama tratando de bajar una caja llena de ropa, escuché como describía lo que me estaba pasando como síntoma de embarazo.

Todavía sin bajar la caja, volteé a ver el tablet para volver a reproducir la explicación y confirmar lo que había escuchado y en ese momento. Empecé a creer que quizás sí había logrado ser parte de ese 15 por ciento, que antes había mencionado mi doctor. Entonces, mientras seguían pasando mil cosas por mi mente, me decidí a usar una escalera para evitar hacer esfuerzos.

Salí de la casa y camino a la cena, le escribí a una amiga que ha sido un soporte fundamental en esta aventura y que también tiene su propia experiencia al respecto.

Me puse muy sentimental y con emociones nerviosas.

El día siguiente era el sábado indicado por la doctora para hacer la prueba de embarazo en caso de que el ciclo no llegara antes de ese día, es decir, el día 15 de la inseminación.

Todavía tenía la idea de que la regla podía llegarme ese mismo viernes por la noche. De cualquier manera quise portarme moderadamente con el vino durante la cena. Me programé para ir a los análisis el sábado antes de irme al trabajo.

Llegó el sábado y al levantarme por la mañana para nuevamente ir al baño, ninguna novedad. Todavía tenía esperanzas.

Me encarreré para los laboratorios y no me quedó de otra que aceptar que los resultados los tendría hasta el lunes, porque aquí en Roma no trabajan los fines de semana. Odié los laboratorios y los horarios italianos.

Durante todo el sábado tuve dolores, incluso cuando no pensaba en ellos. En la noche sin novedades en el baño, así que me comencé a hacerme la idea de que sí me había ganado la lotería, pero los resultados los daban el lunes. ¡Qué espera tan odiosa!

Durante el domingo seguí con dolores. Por un momento los sentí más cargados hacia mi ovario derecho, pero seguramente era sugestión. Creo que nunca había sido tan observadora con lo que estaba pasando a mi cuerpo. A cualquier dolorcito o ruidito le buscaba un por qué. Quería una explicación exhaustiva de todo lo que sentía.

Derramé varias lagrimas de emoción, estaba extremadamente sentimental, quería gritarlo al mundo y al mismo tiempo no le quería decir a nadie porque no se podía cantar victoria todavía.

Se me olvidaba… El sábado por la noche hablé con mi madre. Una vez más, no me animé a decirle nada. Pensé (nuevamente) que era mejor esperar. Si el resultado era negativo, la vida seguirá normal; si era positivo, quizás era más fácil decírselo. Pero solo “quizás”.

Me hice ilusiones.

Las ilusiones van acompañadas de fechas, nombres, sexo y mil cosas más.

Pienso en todo, en lo mucho que falta por recorrer antes de tenerlo en brazos. Pienso en mi edad y los peligros antes de llegar a los 3 meses. Tenía mucho miedo, pero también estaba feliz, pero al mismo tiempo no podía olvidar que tenía que esperar a tener los resultados en mi mano.

Acerca del autor

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Karla Guajardo

Karla Guajardo Ro es una fotógrafa mexicana que trabaja como free lance para México e Italia. Su interés por la fotografía, comenzó  en 2003 realizando un laboratorio en una comunidad indígena de México. Actualmente vive y trabaja en Italia. Es corresponsal de La Unión de Morelos y colabora con medios mexicanos. En sus proyectos personales se concentra en los problemas de los diferentes grupos de inmigrantes en Italia. 

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