Reportaje

La brutal batalla vs el cáncer, que hunde a pacientes y familiares

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Escrito por Claudia Solera

Cada peso que gastaron fue en nombre de la esperanza, que al final sí murió. Antes que el cáncer llegara a la vida de Salomón, tenía casa propia, automóvil y un buen historial crediticio, pero dos años de cáncer le dejaron deudas por más de medio millón de pesos y la peor pérdida que puede enfrentar un padre, la de su hijo.

Salomón empezó la batalla con un seguro de gastos médicos de 3.5 millones de pesos que se consumieron en poco más de un año. No es distinto para quien tiene seguridad social. Don Oscar lleva dos años luchando contra un cáncer de hígado y con gastos permanentes mensuales de, entre cinco mil y hasta 45 mil pesos, cuando tiene un sueldo de pensionado.

Y es que cuando diagnostican cáncer a un paciente, “la enfermedad es para toda la familia”, así lo narra Kenji López, quien perdió a su madre, y el impacto fue tanto, que ahora dedica su vida a conseguir recursos económicos para otros mexicanos.

En México, no hay presupuesto que le alcance a una familia si de luchar contra el cáncer se trata, no importa si se cuenta con algún seguro médico público o privado como sucedió con Salomón o con don Óscar, pues el resultado es el mismo: los recursos se van extinguiendo junto con la enfermedad.

Las familias deben subsanar con recursos propios la escasez de medicinas, la saturación en hospitales públicos, sobreprecios en instituciones privadas y diagnósticos tardíos.

Desde mayo pasado, el Instituto Mexicano para la Competitividad, IMCO, advertía en el estudio “Pequeños Pasos para Transformar el Sistema de Salud”, que el tratamiento contra el cáncer era prácticamente impagable para cualquier familia mexicana.

Mientras la batalla en contra del cáncer se prolonga no sólo va en detrimento el ánimo de los miembros de la familia, también se van desvaneciendo sus ingresos, su patrimonio y hasta sus vidas, como la conocían hasta antes de la enfermedad.

La inversión de ellos, no sólo está relacionada con el dinero que consiguieron; la mayoría sólo gracias a las redes de amigos y de familiares, al patrimonio que pudieron vender o a los créditos que lograron obtener; también está estrechamente ligada al tiempo que deben acompañar a su paciente y mientras más avanzada esté la enfermedad, el cuidado se van convirtiendo en una labor de 24 horas por siete días de la semana.

Lo más grave en el país es que precisamente, la detección del cáncer casi siempre sucede en la última etapa.

Datos de la Secretaría de Salud refieren que cada año se registran 160 mil nuevos casos de cáncer, 80 mil fallecimientos y cerca del 70 por ciento se diagnostica en etapas avanzadas de la enfermedad.

“i existiera una detección oportuna en el país, las posibilidades de sobrevivir serían mayores y los gastos considerablemente mucho menores, porque mientras más avanzado sea el cáncer se necesitan más recursos para combatirlo”, aseguró Mayra Galindo, Directora de la Asociación Mexicana de Lucha contra el Cáncer, pionera en el país en el combate de esta enfermedad.

Salomón Ramírez, Eliezer Rodríguez y Kenji López son los protagonistas de tres historias que ejemplifican esta batalla contra el cáncer, la mayoría de las veces infructuosa.

Han vivido combates tan duros contra el cáncer, plagadas de carencias y desinformación, que ahora, ellos mismos desde sus trincheras, no sólo velan por sus familiares o por sobreponerse a su duelo, sino también por otras personas que vienen detrás de ellos.

Desde febrero de 2013, cuando a Tere le diagnosticaron cáncer de seno, Kenji, su hijo, comenzó a forjar las bases de lo que hoy es la Fundación Cáncer Warriors de México. “El diagnóstico no sólo es para el paciente, sino para la familia completa”, asegura Kenji.

Quienes continuamos con esta lucha, como yo, aun cuando el cáncer apagó la vida de mi mamá, lo hacemos porque en el interior reconocemos como una obligación moral el contribuir a que otros tengan mayores posibilidades de sobrevivencia y un mejor panorama del que nosotros vivimos”, afirma Kenji, quien como abogado, ha emprendido una lucha para evitar que se vulneren derechos de pacientes y familiares en su enfrentamiento contra el cáncer.

Junto a su equipo en la Fundación, Kenji trabaja incansablemente por concretar una Iniciativa de reformas legales a la que denominaron #LaLuchaEsDeTodosMx, la cual tiene como objetivo que ninguna madre o padre de alguno de los más de 23,000 menores diagnosticados con cáncer en México, pierdan su empleo por acompañar a sus hijos durante los tratamientos oncológicos.

La Iniciativa de Cáncer Warriors de México, que cuenta con más de 275,000 firmas en la plataforma Change.org fue aprobada el pasado 25 de abril –por unanimidad– en el Senado de México, faltando únicamente que los Diputados Federales la aprueben.

Eliezer Rodríguez y sus hermanos conocieron hace dos años el diagnóstico de cáncer de hígado que don Óscar Rodríguez padece. Sin embargo, antes de tener la confirmación de la enfermedad, pasaron otros tres años envueltos en una dinámica de visitar a cuanto médico y hospital les recomendaban, sólo para continuar con una larga lista de diagnósticos erróneos que iban desde demencia senil, diabetes o hasta problemas neurológicos.

Es tanto el desgaste emocional y la inversión económica que a diario deben invertir para acompañar la enfermedad de don Óscar, que la familia Rodríguez decidió comenzar un blog dedicado a salud, donde se aborde con seriedad la crisis de salud pública que vive el país.

Una vez que se sabe que un familiar tiene cáncer, irremediablemente la vida te cambia”, dice Eliezer.

Durante los dos años que el hijo de Salomón padeció leucemia, no hubo nada más importante en su vida que luchar por vencer a la enfermedad.

Cada peso que invertía para combatir el cáncer, lo hacía solamente pensando en cómo podría aumentar la esperanza de vida de Saúl.

Cuando a Saúl, a sus 21 años, le diagnosticaron leucemia mieloide aguda 4, estaba apunto de graduarse de la licenciatura en la UNAM y estaba completamente enamorado.

Entonces, cuando llegó el momento de que las dos familias consiguieran los recursos para el trasplante de Saúl, Salomón hipotecó su casa, vendió su carro y hasta un préstamo a varios bancos solicitó. Lo único que sus seres queridos anhelaban era apoyarlo para que pudiera continuar con su vida.

Ningún padre, con un amor tan inmenso como el que Salomón tenía por Saúl, podría haber detenido su lucha, a pesar de la falta de recursos, porque en esa batalla de lo que se trataba era de vencer al cáncer.

Ahora que Saúl falleció, Salomón regaló el medicamento que le quedó de su hijo a familias que lo necesitaban para sus pacientes y asesoró a algunos padres, con base en su experiencia en el tema. Sobre todo a tomar buenas decisiones sin pagar cuentas excesivas en hospitales privados y caer en un desfalco financiero como sucedió en su caso.

En los dos años que luchó junto a Saúl para tratar de vencer a la leucemia, las cuentas hospitalarias, medicamentos y estudios ascendieron a seis millones y medio de pesos. Esta cantidad se cubrió, una parte, con el seguro de gastos médicos de su hijo (que se terminó) y la otra parte, con los recursos que las familias consiguieron.

Yo sólo quería salvar la vida de mi hijo y no me importaba nada más. Así que me concentraba únicamente en buscar la manera de conseguir los recursos”, confiesa Salomón, quien desde hace cinco meses no sólo debe afrontar su duelo y sobreponerse a la pérdida de Saúl, sino que además trabaja para saldar las deudas, que adquirió con esa enfermedad deberá invertir, al menos, cinco años de trabajo.

Por ejemplo, Salomón, en una ocasión tuvo que pedir prestada una factura de un auto (un Aveo Chevrolet 2009) para entregarla como garantía de pago en un hospital privado para que Saúl pudiera ser dado de alta, luego de haber sido sometido a un trasplante de médula ósea, pues del millón 550 mil de pesos que costó este procedimiento quirúrgico, faltaban 33 mil pesos por cubrir.

La historia de Salo y Saúl

Cuando Salomón Ramírez, mostró en el Hospital privado Star Médica de Lomas Verdes, el monto de la cobertura del seguro de gastos médicos mayores de su hijo por tres millones y medio de pesos, un doctor le aseguró que serían recursos suficientes para atender la Leucemia Mieloide Aguda 4, que acaban de diagnosticarle a Saúl.

En Septiembre de 2016, Saúl llegó a este hospital privado de Lomas Verdes por un fuerte dolor abdominal. Un par de semanas antes de estar en urgencias, un médico asignado por su seguro de gastos médicos mayores, que lo visitó en su casa, lo había diagnosticado con Hepatitis.

Por ser alguien sano, apasionado del deporte y muy joven, sus familiares ni siquiera podían imaginar la enfermedad que tenía Saúl.

Sin embargo, luego de dos semanas de estar internado sin que se encontrara el origen de los padecimientos de Saúl, los médicos llegaron a la conclusión de que era necesario realizar un raspado de médula y enviar la prueba a Estados Unidos, pues la institución privada no contaba con un laboratorio apto para llevar a cabo dicho estudio.

Tuvieron que pasar tres semanas de hospitalización de su hijo, para que Salomón pudiera tener el diagnóstico clínico de Saúl. En ese momento supo, que padecía el cáncer que más recursos económicos requiere para tratarse de entre los más de 100 tipos que existen.

De acuerdo con la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros, AMIS, los mayores montos pagados cada año por seguros médicos son precisamente por leucemias, que ascienden los 90 millones de pesos.

En el estudio hecho por el IMCO sobre el sistema de Salud en México, alertó que para una familia mexicana promedio, la lucha contra la leucemia implicaría endeudarse y/o vender su casa, como sucedió en el caso de Salomón, quien al acabarse la suma asegurada (de tres millones y medio de pesos), hipotecó su casa para lograr cubrir el trasplante de médula ósea, que podría salvarle la vida a Saúl.

A este tipo de enfermedades, como la leucemia, se les llaman catastróficas, pues consumen más de 30 por ciento de los ingresos de las familias”, explica Mayra Galindo, directora de la Asociación Mexicana de Lucha contra el Cáncer.

Muy pronto, Salomón al recibir la cuenta del Star Médica por 680 mil pesos, supo que el seguro de gastos médicos mayores de su hijo iba a ser insuficiente. Es decir, en las primeras tres semanas.

Aún estaban por venir los gastos de las quimioterapias, las constantes hospitalizaciones por urgencias con las recaídas de Saúl.

El hecho de que tuvieran a Saúl con su mamá durante más diez de horas en una sala de emergencias del hospital público, le provocó una neumonía, donde lo tuvieron que entubar, ya que estuvo al borde de la muerte.

Fue una lucha muy fuerte para Saúl desde el principio.

Creo que hace falta un trabajador social tanto en hospitales públicos como privados que te ponga los pies sobre la tierra y te hable de números frío. Tendrían que alertarte sobre los excesivos gastos que pueden generarse con una enfermedad como el cáncer”, dice Salomón.

Luego del Star Médica, optaron por el Hospital Español, para suministrarle la quimioterapia a Saúl, porque eran de las pocas instituciones privadas en México que tenían un área completamente especializada en oncología. Ahí recibió el primer tratamiento por el que pagaron 420 mil pesos.

Tan sólo en los primeros dos meses de la enfermedad, esta familia ya se había gastado por una hospitalización de tres semanas y un tratamiento de quimioterapia un millón de los tres millones de pesos del seguro de gastos médicos, por lo que Salomón optó por un hospital del sector público: el Instituto Nacional de Cancerología, INCAN.

Aunque las instituciones de salud pública no habían sido la primera opción para esta familia, por malas experiencias previas que habían padecido en el sector, al enfrentar los excesivos costos en el sistema privado, en el cual no existe una autoridad que regule los precios, la única alternativa que les quedó fue regresar a un hospital público.

En el INCAN, a Saúl, le dieron el segundo nivel socioeconómico más bajo por ser un estudiante y no percibir ingresos. En ese momento, él estaba cursando la licenciatura de Matemáticas, Auditoría y Programación en la UNAM.

Los montos de las facturas comenzaron a bajar considerablemente, las quimioterapias, en lugar de ser de 420 mil pesos eran de 51 mil 759 pesos.

El trasplante en lugar de costar dos millones como en una institución privada, no tendría costo en el INCAN, si se sacaba el seguro popular (que se tramitó) y la familia solo tendría que comprar el medicamento que le solicitarían en el hospital público (aproximadamente 400 mil pesos).

Por fortuna, la leucemia es uno de los tipos de cáncer que cubre el Seguro Popular, a los afiliados mayores de 18 años.

El Seguro Popular, sólo cubre siete tipo de cánceres. Nos ha costado trabajo lograr que haya cobertura para esta enfermedad. Apenas si se cubre el cáncer de mama, el cervicuterino, de próstata, linfomas, de ovario. En este sexenio de Enrique Peña Nieto, fue en el que más trabajo nos costó integrar más patologías, se agregó solamente el cáncer de esófago, que ocupa el número 16 en incidencia, pero todavía están sin integrarse algunos de los más frecuentes y mortales como lo son el de pulmón, estómago o hígado”, cuenta Mayra Galindo.

Para poder agilizar la fecha programada para el trasplante de Saúl en el INCAN, su familia optó por realizar varios de los estudios en un laboratorio privado.

En este tipo de hospitales públicos, las cirugías se programan más rápido,
si los pacientes agilizan los tiempos, yendo a conseguir sus estudios en instituciones privadas y ahorran el tiempo que deberían esperar de hacerlo por esta vía.

Como en el INCAN se llegan a realizar más de un millón 258 mil análisis de laboratorio por año, según los propios reportes de la institución, obtener una cita podría requerir de días, semanas o tal vez meses.

Sin embargo, justo en el momento en que todo estaba listo para el trasplante, Saúl presentó niveles altos de plomo en la sangre por las muchas transfusiones que se le realizaron por las recaídas, por lo que fue un impedimento para poder ir a la burbuja (como se le llama a la habitación, en donde se lleva a cabo el trasplante de médula).

Así que en el INCAN, le dieron un tratamiento para disminuir el plomo, sin embargo, volver a conseguir otra fecha para su trasplante podría tomar por lo menos cinco meses más.

Saúl ya no podía esperar, como la enfermedad se vuelve más agresiva con cada recaída y se disminuyen las posibilidades de éxito en el trasplante, no quedaba otra alternativa, para intentar salvarle la vida, que regresar a una institución privada, donde podría realizar la cirugía, casi de inmediato.

Para ese entonces ya había pasado 17 meses desde que diagnosticaron a Saúl con Leucemia Mieloide Aguda 4, de los 3.5 millones de su seguro de gastos médicos médicos, quedaban disponibles menos de un millón de pesos para cubrir su trasplante en el Hospital Español.

Antes de la cirugía también había que someter a Saúl a la tercera quimioterapia antes de ingresarlo al trasplante en el hospital privado y entonces con ese gasto, la suma asegurada bajó hasta 224 mil pesos.

Cuando se iba a realizar el trasplante, dos doctores, el oncólogo e infectólogo se solidarizaron con la familia y decidieron no incluir sus honorarios, que eran más de 400 mil pesos, por lo que la familia debía cubrir la cantidad de un millón de 550 mil pesos.

Todos sus seres queridos: su novia, su familia materna, su familia paterna y Salomón se unieron para emprender una campaña para recaudar recursos llamada “Salvemos a Saúl”, que además de ser promovida en varios medios de comunicación nacionales, incluyó conciertos, sesiones fotografías, rifas y kermés con causa.

Al final, luego de esta campaña, donaciones, de todos los esfuerzos de sus seres queridos se lograron hacer los depósitos para que se llevará a cabo el trasplante.

En total, la familia de Saúl consiguió un millón 522 mil pesos. Los 33 mil faltantes para poder cubrir el monto total, los subsanaron con la factura de un Aveo 2009, que el hospital privado les recibió como garantía de pago.

El 12 de abril de 2018, Saúl recibió su trasplante de médula ósea, donde Salomón, su papá, fue su donador.

Esta cirugía fue un éxito, sin embargo, luego de sufrir otra recaída por un virus que bajó sus defensas y de volver a aparecer la enfermedad, Saúl murió en el hospital a los 23 años.

Es difícil aceptar que tu hijo ya no está, no quise perderlo, pero nos ganó la enfermedad. Fueron dos años de lucha a su lado con su novia, su familia materna, la mía. Todos estuvimos al pie del cañón e hicimos nuestro mayor esfuerzo por salvarle la vida. Amaré a Saúl Salomón Ramírez Zuñiga hasta mi último suspiro”, dice Salomón.

La historia de Eliezer y Óscar

Durante casi cinco años ininterrumpidos don Óscar Rodríguez Jurado de 67 años ha estado entre consultorios médicos, hospitales privados y público.

En ese peregrinar, sin siquiera poder prever lo que se avecinaba, planeó un viaje a Italia, para conocer a uno de sus nietos que nació allá, tuvo una crisis convulsiva en la que terminó 10 días internado en una institución pública de Milán. Era noviembre de 2016.

Aunque las revisiones médicas comenzaron en 2013, fue hasta principios de 2017, cuando fue diagnosticado con cáncer de hígado. En este tiempo los médicos habían atribuido todos sus males a la diabetes, a la demencia senil y hasta a problemas neurológicos.

Los primeros síntomas que comenzó a manifestar, recuerda su hijo Eliezer, era el olvido de conversaciones recientes o repetía información que había dicho, sólo unos instantes previos.

Empecé a notar que su andar y su comportamiento era distinto. De repente parecía un astronauta, como si sus pisadas se suspendieran en el aire. También dormía y se cansaba mucho”, cuenta.

Como don Óscar es pensionado y uno de los 62 millones de usuarios del Seguro Social, luego de ser trasladado al servicio médico de urgencias en Hospital de Especialidades Centro Médico Nacional Siglo XXI, ahí el doctor le diagnosticó una “Atrofia cortical”.

Después de haber recorrido tantos sitios sin éxito, como el Siglo XXI, y en medio de otra crisis convulsiva, su familia decidió ir a tocar las puertas del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, INCMNSZ, una de las instituciones más respetada en esta materia.

En enero de 2017, el Instituto Nacional de Nutrición (como se le conoce popularmente) aceptó a don Óscar como usuario, después de una larga lista de requisitos que la familia debió presentar como: estudios relacionadas con su enfermedad y diagnósticos anteriores.

Ahí, los médicos por fin descubrieron que el origen de su deterioro en su salud, se debía a un cáncer hepático.

En un principio, médicos de distintas especialidades que atendieron su caso: hepático, oncología, neurología y endoscopio, determinaron que don Óscar era un buen candidato para un trasplante.

El requisito más importante que debía presentar la familia, para así demostrar que sería también apto financieramente para recibir la atención médica, fue un estado de cuenta (del banco Banorte) con una suma de 206 mil 205 pesos.

Estos recursos, explicó la trabajadora social a Eliezer, serían para solventar los medicamentos post operatorios y “la mano de obra”, pues los costos de la cirugía, los absorbería la institución.

Para este entonces, los ahorros de él y de sus hijos ya estaban prácticamente en cero, así que debieron echar mano de préstamos con otros miembros de la familia para reunir el dinero.

Mantener los gastos médicos de don Óscar como pensionado ha sido una labor titánica, porque las cuentas son en promedio de 15 mil pesos mensuales por la compra de medicamentos, sin incluir los costos de laboratorio o el material quirúrgico que deben pagar por cada intervención en el INCMNSZ.

De diciembre de 2016 a la fecha, cuando don Óscar fue diagnosticado con Cáncer de hígado, la familia Rodríguez ha tenido que invertir 415 mil pesos para hacerle frente a la enfermedad, a pesar de haber recurrido únicamente a instituciones de salud públicas.

Entre los gastos más fuertes que ha tenido que hacer la familia es para comprar el material quirúrgico que en el INCMNSZ se les solicita.

Por ejemplo, en marzo de 2017, tuvieron que pagar 20 mil pesos a la empresa Boston Scientific, misma que les recomendaron los doctores del INCMNSZ y que está entre las empresas favoritas del gobierno federal para el suministro de material médico, pues ha recibido contratos públicos por más de 675 millones de pesos, según datos de Contratobook.

Aunque don Óscar está afiliado al IMSS y se supondría que durante esta enfermedad, la institución tendría que abastecer sus fármacos, resulta que “no da medicamentos para cuestiones hepáticas”, asegura Eliezer.

El número de recetas médicas prescritas que no se surtieron por completo debido a la falta de inventario se ubicó en 33% en el Seguro Popular y 14% en el IMSS”, documentó el IMCO.

Apenas hace unas semanas, familiares de pacientes con cáncer tuvieron que manifestarse sobre avenida Reforma para denunciar la escasez de medicamentos para el cáncer.

Además del diagnóstico tardío, la escasez de medicamentos y la pérdida de ahorros, ahora la familia Rodríguez se enfrentó a otra dura realidad, sin mayores explicaciones y sin tener la certeza de quién es el médico responsable de don Óscar -del grupo de más de cinco especialistas que lo tratan- recibieron la dolorosa noticia de que su padre dejó de ser candidato para un trasplante y de un día para el otro les dijeron que era mejor comenzar a deshacer las citas médicas y comenzar a ir a cuidados paliativos.

Dónde está la formalidad que nos exigieron para entrar. Nosotros nos tardamos casi dos meses para poder obtener un lugar y llegamos con un montón de estudios. Cuáles fueron los criterios que utilizaron para determinar de un día a otro que ya no se le haría el trasplante. No, nos quedan claros los procesos”, cuestiona y reprocha Eliezer.

De la misma manera que la familia Rodríguez, los pacientes en México jamás saben si su médico basa sus procedimientos en evidencia científica, porque a los doctores no se les exige actuar bajo estos parámetros, según el IMCO.

Entonces, tuvieron que conformarse, aún sin documentos de por medio, sin evidencia científica y sin más explicaciones que “con un lo siento mucho”, que retiraran la atención multidisciplinaria que recibía don Oscar y esperar a que lo enviaran a cuidados paliativos.

A pesar de este cruento escenario, Eliezer continúa sin rendirse en esta batalla contra el cáncer, agarrando a su padre de la mano.

La historia de Kenji y Tere

Nadie, que yo conozca, amanece un día queriendo involucrarse en la lucha contra el cáncer sólo por iniciativa. Todas las personas que encabezan algún movimiento como el nuestro, vivieron (o viven) de manera muy cercana la lucha contra esta enfermedad”, afirma Kenji al recordar los más de 3 años de lucha de Tere, su madre, quien desafortunadamente falleció hace dos años a causa de una metástasis cerebral, consecuencia del cáncer de seno triple negativo.

El mes de octubre es particularmente significativo para Kenji y su familia, pues se conmemora la lucha contra el cáncer de seno que, de acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS) es diagnosticado, anualmente, a alrededor de 14 mil mujeres y cerca del 43 por ciento fallece por esta enfermedad.

“En 1995, la campaña mundial de Avon fue un parteaguas en México para tomar consciencia sobre el cáncer de mama”, explica Mayra Galindo.

Kenji afirma que hay un A.C. y un D.C. vinculado al cáncer, es decir, un “antes del cáncer” y un “después del cáncer”.

La cercanía con los ciclos de quimioterapias, las radiaciones y las intervenciones quirúrgicas, aunado a los tratamientos alternativos que son recurrentes en las familias que están buscando salvar la vida de su familiar, hicieron que la familia de Kenji se involucrara cada vez más de cerca con el cáncer.

La Fundación Cáncer Warriors de México está conformada por amigos y familiares de Kenji, principalmente por sus amigos del equipo de fútbol Socios del Ritmo, quienes no solamente realizan actividades recreativas/deportivas para menores diagnosticados con cáncer en hospitales públicos y sus familiares, a través de la tradicional “Mini Olimpiada: Venciendo Monstruos”, sino que también tienen formalizado el programa “Guerreros de Pie”, por medio del cual, donan prótesis personalizadas a menores amputados de alguna extremidad por consecuencia de padecer osteosarcoma (cáncer de hueso).

El logro más importante que han conseguido, al momento, es la aprobación en el Senado de la República de la Iniciativa que creó e impulsa la Fundación, llamada #LaLuchaEsDeTodosMx, que busca, mediante la reforma a tres leyes federales (Ley Federal del Trabajo, Ley del Seguro Social y LISSSTE), otorgar licencias laborales y subsidios de gobierno (del 60% del salario con el que cotizan) a trabajadores que tienen a un hijo diagnosticado con cáncer.

El pasado 25 de abril, fecha en que dicha Iniciativa fue aprobada unánimemente en el Senado de la República, fue histórico: 87 votos a favor; 0 en contra y 0 abstenciones.

El entonces Presidente de la Mesa Directiva del Senado, Ernesto Cordero, dijo públicamente: “No recuerdo, en mi labor como Senador, una Iniciativa que haya obtenido tanto apoyo y respaldo por todos los partidos políticos, como ésta”.

Kenji viajó a principios de octubre de este año al 5° Congreso Mundial contra el Cáncer, organizado por la Unión Internacional contra el Cáncer (UICC), en Kuala Lumpur, Malasia, invitado por los organizadores y apoyado por Grupo Aeroméxico.

En el Congreso, al que acudieron representantes de más de 150 países, Kenji mostró públicamente el trabajo que realiza la Fundación Cáncer Warriors de México y, particularmente, la Iniciativa #LaLuchaEsDeTodosMx, la cual felicitó y respaldó la Princesa Dina Mired de Jordania, Presidenta de la la Unión Internacional Contra el Cáncer y madre de un menor diagnosticado con leucemia, ahora en vigilancia.

Desde Malasia, Kenji pidió que organismos internacionales se sumaran al llamado a Diputados Federales de México para que aprueben esta Iniciativa y sea una realidad esta protección laboral para padres y madres de menores diagnosticados con cáncer en nuestro país.

Lo que más le impactó a Kenji al asistir a este foro mundial fue conocer a grandes luchadores en contra de cáncer, que como él, también fueron víctimas de la enfermedad.

La princesa Dina Mired, por ejemplo, tras vivir en primera persona la enfermedad de su hijo -diagnosticado con leucemia a los 2 años- decidió que su terrible experiencia no sería en vano, en la que tuvo que dejar Jordania -por las carencias que había para atenderlo- y llevar a su pequeño a Inglaterra y Estados Unidos.

Para ella no es concebible que la cura de un menor dependa del país en el que nació y/o de los recursos económicos con los que se cuente.

Ningún familiar pide que el cáncer toque a su puerta, pero quienes lo enfrentamos lo hacemos con fuerza, fe y valor; sin embargo, la lucha no sólo podemos llevarla la familia y el paciente, requerimos de la voluntad de todos, hoy apelamos, especialmente, a la voluntad de los Diputados Federales. Estamos seguros que se sumarán esta batalla, porque frente al cáncer: la lucha es de todos”, Kenji finaliza.

Acerca del autor

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Claudia Solera

Claudia Solera es reportera de investigaciones especiales en el periódico Excélsior y Grupo Imagen. Es coautora del libro: “19 Edificios como 19 Heridas”, de editorial Grijalbo. Es una de las tres autores de la investigación sobre las cajas alimentarias CLAP en Venezuela, realizada en alianza con Excélsior y Armando.Info. Ha cubierto en zonas afectadas por el narcotráfico en México, donde ha contado historias sobre la violencia, desapariciones y realizó una cobertura sobre de los 43 normalistas de Ayotzinapa. En 2015, estuvo entre los 15 periodistas de América Latina becados por la Red Balboa/Iberis para viajar a Madrid, España, durante un semestre a realizar un curso de periodismo y pasantías en el diario “La Razón”. Estudió el posgrado de periodismo en la Universidad de los Andes de Bogotá, Colombia. Ex becaria del curso de Periodismo de Datos del ITAM&Data Cívica y del diplomado de Periodismo de Investigación del CIDE y Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad.

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