Cuando una persona presenta obesidad y diabetes mellitus tipo 2 (DMT2), crece el riesgo de que desarrolle daños en los riñones o enfermedad renal crónica (ERC). De acuerdo con la American Diabetes Association (ADA), hasta 40% de las personas que viven con diabetes desarrollarán ERC a lo largo de su vida.
Por esta razón, en México, médicos especialistas en endocrinología y nefrología, han comenzado a usar una molécula llamada canagliflozina, que tiene dos funciones: por una parte, mejora el control de los niveles de azúcares en la sangre de las personas adultas con diagnóstico de diabetes tipo 2; y, además, actúa en los riñones para aumentar la eliminación de glucosa a través de la orina, ayuda a reducir riesgos cardiovasculares y renales.
Esa molécula pertenece a una familia química llamada inhibidores SGLT2 o inhibidores del cotransportador sodio-glucosa tipo 2. En México es distribuida por el Laboratorio Silanes y se usan en diferentes instituciones de salud púbica y privada.
Es importante subrayar que este tipo de medicamentos deben ser recetados por especialistas y para ello se debe haber realizado un diagnóstico de diabetes tipo 2. El mejor escenario es cuando el diagnóstico ha sido temprano. Uno de los grupos en los que los médicos deben poner más atención es en aquellos que presentan diabetes y obesidad; condición que los especialistas llaman Diabesidad.
El daño renal progresa de manera gradual y se divide en cinco grados, que van desde una función normal hasta una etapa severa en la que los riñones dejan de trabajar de forma óptima. Por lo que, entre más temprano se inicie su abordaje integral, mayor será el beneficio.
El factor del sobrepeso
“La diabesidad inicia con el sobrepeso y conforme transcurre el tiempo, evoluciona silenciosamente. Las personas con sobrepeso presentan múltiples alteraciones como elevación de la presión arterial, de triglicéridos, de colesterol LDL o “malo”, así como de glucosa (azúcar en sangre), lo que detona poco a poco la diabetes”, explicó la doctora Cristina García Ulloa, médica con especialidad en endocrinología del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán (INCMNSZ).
“Es decir, nuestro cuerpo se adapta a dichas alteraciones metabólicas y los síntomas surgen cuando ya existen complicaciones cardiorrenales. Por ello, la obesidad y la diabetes tienen una estrecha relación, pues comparten un mismo terreno de alteraciones metabólicas, sin síntomas evidentes hasta que se manifiestan las complicaciones”, agregó.
La clave de la atención primaria en la diabesidad está en la consulta de primer contacto. Para prevenir tal enfermedad, es necesario emplear cambios en el estilo de vida y acudir periódicamente con el médico para realizar mediciones rutinarias de peso, talla, índice de masa corporal (IMC), evaluar el perímetro de cintura, reconocer signos físicos, identificar elevaciones de la presión arterial y realizar estudios de laboratorio como glucosa y perfil de lípidos, esenciales para identificar alteraciones metabólicas desde etapas tempranas.
Con lo anterior, se ayudará al diagnóstico oportuno de la diabesidad y que las personas reconozcan que se encuentran en riesgo de presentar complicaciones.
Alternativas terapéuticas
El doctor Mauricio Arvizu, nefrólogo del INCMNSZ y nefrólogo intervencionista por la Sociedad Internacional de Nefrología (ISN, por sus siglas en inglés), destacó que: “nuestros riñones se encuentran en el centro de enfermedades como la obesidad, diabetes, entre otras, por lo que son susceptibles al daño. Cuando la atención primaria no se realiza, se puede generar un deterioro renal. Y si dicho daño se diagnostica tarde, ya no será posible revertirlo, lo que podría llevar a los pacientes a requerir de tratamientos de sustitución de la función renal, como diálisis”.
En el abordaje integral de la diabesidad y la prevención del daño renal, los especialistas destacaron cuatro pilares bajo supervisión médica: el tratamiento farmacológico; el plan de alimentación y ejercicio; la educación en diabetes; y el cuidado de la salud mental, pues al ignorar alguno de ellos se dificultará su control.
“Dentro de las alternativas farmacológicas que, como médicos disponemos, son los inhibidores SGLT2, entre ellos la canagliflozina, los cuales fueron diseñados para el control de la Diabetes Mellitus Tipo 2, pero han demostrado que, bajo prescripción médica también protegen tanto al riñón como al corazón y evitan complicaciones.
“Desde el momento en que se diagnostica la Diabetes Mellitus Tipo 2, es necesario que los pacientes realicen cada año pruebas de creatinina sérica y albúmina en la orina, que permitirán conocer el riesgo renal en etapas tempranas”, dijo el doctor Mauricio Arvizu. De acuerdo con la evidencia científica, la canagliflozina demostró en los ensayos clínicos CREDENCE y CANVAS que, además de mejorar el control glucémico del paciente con DMT2, ayuda a prevenir o retrasar la progresión de la ERC y brinda protección cardiovascular al reducir el riesgo de hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca, muerte cardiovascular, infarto agudo de miocardio o accidente cerebrovascular.


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