Mamás en cuarentena

De cómo ‘Teams’ desnudó a las familias

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Escrito por Icela Lagunas

Y de repente, comenzamos a entrar a la intimidad de los otros

Era el primer día de clases en línea de la escuela a la que van mis hijos cuando de pronto él irrumpió en la clase: estaba despeinado, todavía en pijamas y se ponía ambas manos sobre la sien mientras gritaba a la maestra de español.

“Esta situación es muy difícil y usted no está ayudando mucho, le pido orden, le pido consideración, llevamos mucho tiempo buscando la sesión para que mi hijo pueda tomar la clase y no la encontramos, ¡estamos perdidos!”, soltó el papá de Carlos frente a todo el grupo virtual.

Los niños enmudecieron y el resto de padres de familia que escuchábamos, también callamos.

-“Todo esto es muy estresante como para tener qué adivinar en cuál de todas las diez invitaciones que usted envió encuentro el salón de clases”, continuó el hombre con su reclamo a la maestra de español.

Ella apenas atinaba a responder: “disculpe, sí, todos estamos aprendiendo, esto es nuevo para todos”.

-“Tenemos mucho trabajo mi esposa y yo y luego, con Carlos aquí en casa es la locura y usted no ayuda”, insistía el padre de familia y a quien cotidianamente me encontraba a menudo en los pasillos de la escuela con su aspecto bonachón y su sonrisa amable.

El papá de Carlos estaba perdido, pero también lo estaba la “Miss” Lore de español, quien después de esos gritos perdió el escaso control del grupo y los alumnos. La maestra sudaba, comenzó a tartamudear, se quitó y se puso los lentes mil veces mientras intentaba proyectar a los pequeños un video del material que pensaba explicar ese día en clase.

-“No, no puedo, no sé qué pasó”, decía para sí misma. “Denme unos minutos niños, tengan paciencia, ya voy, ya voy mis amores”, insistía. Y de pronto su imagen desapareció de la pantalla.

-“¿Ya se fue la Miss Soco?”, soltó uno de los pequeños. “No, pidió un tiempo”, respondía otro.

Al cabo de unos minutos apareció de nuevo la miss Soco con el rostro desencajado y ahora conectada desde su celular pues desde su computadora fue imposible.

“Les pido una disculpa a todos, no sé qué pasó, la aplicación me sacó y no me dejó entrar más, tuve que llamar a soporte técnico de la escuela para que me ayudaran”. Y así.

Acto seguido intentó retomar la clase, luego entonces, todos los niños comenzaron a hablar al mismo tiempo, nadie entendía a nadie y miss Lore terminó gritando: “su micrófono, apaguen su micrófono…Daniel apaga ya, Alex apaga tu micro, uno por uno, Arturo, Frank, Isa, Regina, ya, ya, esperen…” Y la clase terminó.

-“Si eso pasó en la clase de español imagina la de inglés…no va a funcionar”, comentamos a través del chat escolar algunos papás.

Los días que siguieron fueron de muchísimo aprendizaje, para los niños y los papás que en pleno fase de aislamiento social teníamos que imprimir hojas y hojas que las maestras enviaban desde un día antes a los correos  para que las “bendiciones” pudieran desahogar tranquilamente su clase.

En medio del caos, la escuela envió un “reglamento de clase” a fin de que los niños y los papás de los niños aprendiéramos cómo operar “Teams” y las otras plataformas tecnológicas para facilitar el trabajo de las profesoras.

Habla uno sólo a la vez. Prohibidos los emojis. Todos los micrófonos deben estar desactivados. Para pedir la palabra primero levanta la mano. Recuerden que la maestra no ve a todos los niños al mismo tiempo.  Espera tú turno. Evite distracciones, ruidos, juguetes…bla, bla, bla.

Pero a mes y medio de clases virtuales Teams nos sigue desnudando.

“Que pongas atencióoooon, luego haces tu cara de menso que no sabes cuál es la tarea” se escuchó gritar a una mami que debe atender dos clases en línea en inglés al mismo tiempo, una de kínder, la otra de primaria.

De fondo, se escuchaba el llanto del hermano menor y el sonido de la licuadora porque a cierta hora las clases empatan con la preparación de la comida y los quehaceres de la casa, no paran.

También hay mamis y papis que han apostado por sentarse a un costado de su hijo durante toda la clase porque no toleran que su criatura no acierte cuando la maestra de inglés insiste: “read the instructions and answer the question”; “What day is today sweety?” Y desde la cocina, la recámara o cualquier punto de la casa, una voz susurrante se escucha: dile que es Mooonday Mateo; “se dice “tuenti María, tuentiii”.

Uno de los episodios más recientes lo soltó a micrófono abierto una mami: “contéstale tú Romina, tú solita, yo no me meto contigo al salón, haz como si estuvieras en la escuela, sóla, porque yo tengo mucho quehacer”.

Así, la primera semana se convirtió en el primer mes y ya casi alcanzamos los dos meses de clases en línea. Y aunque los pequeños ya están más familiarizamos a encender y apagar el micrófono cada vez que la maestra se los pida ya no es lo mismo. Jamás volverá a ser lo mismo.

La aula virtual de Teams ha desnudado familias. Hoy sabemos que la mamá de Josué es madre soltera; que el papá de Rodrigo se quedó sin trabajo, que el de Alondra es pintor; que León pasa todo el día con sus abuelos y sus papás pasan por él muy noche para llevarlo a dormir a su casa y que la mamá de Marifer pasa horas enviando “memes” al chat escolar.

A casi dos meses de no ver a sus amigos, los pequeños, quienes al principio brincaron de alegría por las obligadas vacaciones, (al menos los míos) hoy piden regresar a sus aulas, retomar sus clases de futbol y de taekwondo, correr por las mañanas, devorarse la quesadilla en el coche, terminarse de peinar en el estacionamiento y pegar de último minuto la figuras de lo que expondrán en clase.

Y es que antes de la crisis por la suspensión de clases presenciales provocada por el Covid 19 ninguno o muy pocos padres de familia habíamos escuchado hablar de “Teams” la plataforma virtual de Microsof que está facilitando la educación a distancia en esta cuarentena.

Y de la nada, de golpe y porrazo, todos tuvimos que familiarizarnos no sólo con Teams sino con Zoom, Flipgrip y otras tantas “apps” para sacar adelante el ciclo escolar. Lo mismo las maestras, algunas de las cuales ya rayan los 60 años.

Por eso, durante este mes y medio de conectar con el aula virtual de los pequeños, la plataforma ha exhibido no sólo la brecha generacional de algunos, también los vacíos familiares, las ausencias y la violencia verbal de algunos padres para con los hijos.

Sirvan estás líneas para agradecer a todas las maestras como miss Lore por el enorme de esfuerzo de intentar dominar la tecnología y los retos de estos días. Gracias a todos los niños por capotear a sus estresados padres, sacar las tareas y todavía mantener las eternas ganas de jugar.

Acerca del autor

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Icela Lagunas

Icela Lagunas hace periodismo de calle y de investigación desde hace 15 años. Ha trabajado en medios mexicanos como El Universal, Día Siete. Fue pionera de la revista digital Reporte Índigo y su versión impresa Índigo 5 Días. También ha colaborado para la Silla Rota.

1 comentario

  • Me divirtió mucho leerte, y no porque hayas escrito algunos chistes, no. La forma en cómo lo escribiste lo hizo divertido, quizá porque recordé mi experiencia como maestra de primaria. Las situaciones familiares que viven los chicos, se descubren en el salón de clase, en los comentarios que hacen los pequeños de lo que viven en su casa. Quizá esta forma virtual lo haga visible no solo por la pantalla sino por la cercanía visual y auditiva en el tiempo en que sucede. Aprender a soltar, a confiar en los chicos sin importar la edad, a creer en lo que son capaces de hacer sin comparar, aprender a aceptar, es una tarea de los papás. La escuela en casa es complicada y más cuando los papás le hacen todo a los hijos. Cuando los papás ven en los maestros y en los niños lo que “deben de hacer ” antes que mirarse a si mismos, complica las cosas. Soy mamá y a veces exageré pero siempre me observaron y lo acepté, además los comentarios de mi hija me ayudaban a reflexionar. Hoy como tú reconozco el valioso papel que realizan los maestros. La enseñanza, la paciencia, el cariño, la entrega y la tolerancia con los papás, es un ejercicio diario. En mi experiencia docente descubrí que el aprendizaje está más allá del salón de clase y que la pedagogía es más que programas anuales que se deben seguir para cubrir los lineamientos educativos que establece la SEP y que la mayoría de los papás a veces no quieren detenerse a observar. Y curiosamente me encontré con el documental, “El sembrador” que trata sobre lo que hace un maestro rural de Chiapas, para enseñar a sus alumnos de diferentes grados, lo que con muchas carencias pero con abundancia de amor para enseñar y aprender, se puede lograr.

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