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El futuro que esperamos

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Escrito por Cynthia Rodríguez

Desde hace cinco años mi vida, nuestra vida, dio un vuelco. Mis niños, a los que esperamos por mucho tiempo, llegaron a fines de noviembre del 2013.

Después de varios problemas, miles de análisis y esperas sin éxito, una helada mañana atravesé el quirófano del hospital y las luces directas en mi cara me anunciaban que finalmente una época estaba por cambiar, aunque en realidad no podía imaginar  bien a bien de qué se trataban todos estos cambios de los que tanto me alertaban quienes ya habían pasado por la experiencia de ser madres.

Tuve que ser madre por tercera vez para reconciliarme con la maternidad, pero ése es otro tema.

Con el nacimiento de mis gemelos, pasé el larguísimo postparto de invierno entre entender estos cambios de vida como primeriza, atender a dos bebés lejos de la familia y entre las tristes noticias que venían desde México.

Cuando mis niños cumplieron sólo 10 meses de vida, llegó la espantosa noticia de los estudiantes de Ayotzinapa.

Recuerdo una tristeza que no sentía desde hace mucho tiempo. No sé si me había acostumbrado en todos estos años a leer tantas noticias malas de mi país que hasta antes de ese episodio llegué a pensar que me estaba vacunando contra la violencia. Porque, simplemente, siempre la última comunicación que atravesaba el Atlántico desde México se colocaba como la peor de todas las noticias que escuchaba.

No sé… No llegué a la indiferencia, pero reconozco que cada información mala que llegaba desde México me hacía sólo bajar la mirada, apretar los labios y seguir con mi nueva realidad de mamá por partida doble que estaba por cumplir apenas un año y que me tenía al borde de la desesperación.

“Creo que México no es un país para que crezcan los niños”, fueron las palabras que pronunció él y que me llegaron como una puñalada al corazón. Quiso componer la frase cuando vio mis ojos enrojecidos y llenos de lágrimas, pero sin decir nada, tuve, esa vez, que darle la razón.

Esa noche ya no hablamos, pero la verdad, yo ya lo había sospechado, sólo que desde antes de Ayotzinapa había decidido cerrar los ojos ante la crudeza simplemente para no renunciar a México.

En estos días estoy leyendo “La fosa de Agua”, el libro que Lydiette Carrión escribió sobre desapariciones y feminicidios en el Río de los Remedios. Y no paro de cuestionarme cómo podremos contrarrestar tanta maldad cuando en medio están quienes más nos importan. Cómo lograremos cuidarnos los unos a los otros. Esa es la cuestión que tenemos que resolver en medio de nuestras muchas diferencias como ciudadanos.

Hoy que mis gemelos han cumplido cinco años, no cierro los ojos ni aprieto los labios ante la barbarie, porque aunque no viva ahí, sigo sin renunciar a México.

Sueño en que un día regresaré con toda mi familia. Que les enseñaré sus lugares maravillosos. Que podrán descubrir tantas cosas, por ejemplo, con sus primos a los que raramente ven. Que disfrutarán de la enorme familia que han heredado en esa patria desangrada y que también se podrán sentir orgullosos de su parte mexicana, como lo empiezan a ser de su parte italiana.

Sueño en que sí es posible que crezcan ahí, que estudien ahí, que viajen ahí, que paseen sin miedo ahí. Que puedan ir a una fiesta y que sigamos riéndonos de las ocurrencias de uno y del otro y del otro. Que crezcan, que vivan ahí…

Comparto aquí un poema que me envió un querido amigo justo antes de convertirme en madre hace cinco años, cuando las dudas me atacaban también por el miedo de ser injusta y que con sus palabras, me pedía no perder la esperanza.

Podrán arrasar Troya con la rabia de Aquiles
Podrá el mar levantarse, violento, y arrasar toda Lisboa
Podrá nacer un hombre que no tendrá calma en su corazón e incendiará inmisericorde pueblos enteros
Habrá, por siempre, dolor y desesperanza
Pero en todos sitios…
Hombres y mujeres se besarán y se amarán…
Y la luz de los hijos siempre nos renovará la esperanza de esa fuerza que siempre hay en una nueva vida.

Wislawa Symborska

Acerca del autor

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Cynthia Rodríguez

Es periodista desde hace 25 años y desde hace 11 es corresponsal en Italia para diversos medios en México e Italia. En el 2009 escribió el libro “Contacto en Italia. El pacto entre los Zetas y la ‘Ndrangheta”, donde explica por primera vez los lazos entre uno de los grupos criminales más antiguos del mundo y uno de los cárteles emergentes más temidos de toda la historia en México. Es coautora de los libros “72 migrantes” y “Tú y yo coincidimos en la noche terrible”, sobre el asesinato de los periodistas en México. Durante varios años de su carrera ha sido también editora. Cuenta con una maestría en Migración por la Universidad de la Sapienza y otra sobre Combate a la criminalidad organizada y la Corrupción por la Universidad de Pisa. Participa en varios foros y festivales para hablar sobre los graves problemas en México. En 2013 se convirtió por partida doble en mamá y no conforme, dos años después llegó el tercero. @cynthiaitalia

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