El Diario de "M"

El día ‘D’ imaginando al papá de mi bebé

mm
Escrito por Karla Guajardo

Después de mi primera visita a la clínica española, regresé a Roma.

Mientras fueron pasaron los días, llegaron algunas visitas mexicanas. Para ser exactos, una de mis tías, una prima y, al mismo tiempo la menstruación. Obviamente me comuniqué inmediatamente con mí médico y decirle que esta vez quería viajar a Málaga desde mi octavo día para evitar lo que había sucedido el ciclo pasado.

Así lo hice. Reservé avión y hostal ese mismo día. Una vez más decidí quedarme en hostal con el mismo pretexto de conocer gente y no sentirme sola en la habitación, aunque está vez no tuve la misma suerte que la vez pasada respecto a la gente.

Tenía mi cita justo en el octavo día, y después de instalarme, emprendí el viaje de 45 minutos a la clínica para que me hiciera el control de rutina.

Ya había entendido que llegando sólo tenía que reportarme con alguien del personal para decirle de mi cita y sin decir más me contestó: “sí, vienes para el control y análisis”.

“Angelita” se hizo llamar la enfermera que hacía como que me había reconocido, aunque yo, que me ufano de tener buena memoria visual, no la recordaba para nada.

Me quedé esperando un buen rato y mientras estaba sentada me sentí ansiosa y una vez más quise que mi mamá estuviera a mi lado. Quería, al igual que los que veía a mi alrededor, estar acompañada, aunque también pensé que, estar ahí, sola, había sido mi decisión.

Ya tenía la idea de que este primer intento era de lo más sencillo y que no había necesidad de compañía, pero la verdad es que me hubiera sentido mejor con alguien al lado.

Llegué bastante tranquila pero ya sentada en la sala de espera empecé a sentir varias emociones. Entre mis pensamientos de que “por fin me había llegado la hora”, veía un bebé que andaba por ahí y me preguntaba si había sido concebido con ayuda, si alguno de los padres era estéril, y muchas cosas que pasaron por mi cabeza.

Vi parejas de diferentes nacionalidades. Una, donde entre ellos hablaban en inglés, pero ella hablaba italiano con el personal. Les calculé no más de 43 años. Otra pareja ambos de italianos, como de unos 45 años. Otros, los del bebé, eran españoles y luego también encontré mujeres solas que seguramente iban a un control ordinario. Ahí, junto a la puerta de entrada estaba yo observando.

Comencé a pensar que muy probablemente yo era la única mexicana soltera en Italia que estaba yendo a Málaga a hacerse una IAD (Inseminación Artificial con Donante) a esta clínica. Uno nunca sabe.

Primero me hicieron análisis de sangre que pagué al momento, la doctora comentó que ya la habían advertido que mi puntualidad dependería mucho de mi vuelo. Me causó mucha gracia que antes de salir de la estancia, me dijo que hablaba muy bien el español para ser italiana.

Después de esperar otro rato, pasé con otra doctora, probablemente la misma que me hizo la ecografía la primera vez. De repente cuando la ecógrafa me revisó -lo diré siempre que me trataron con mucho respeto, mi batita que no dejara ver nada-, y de repente cuando observa en el monitor dijo que mi óvulo estaba listo para el sábado, es decir, dos días después.

En mis adentros, fue un shock diciéndome “¿tan pronto?”, por otro lado estaba bien, me felicité por haber decidido haber llegado antes. Así me mandó las indicaciones de los medicamentos y en punto de las 23:30 del mismo día, ya me tenía que poner esa inyección, por primera vez en la panza, sola, para estimular mi óvulo. Fue Angelita quien me explicó como ponérmela.

Salí de la clínica directo a la farmacia que estaba más cerca. Compré el medicamento y me fui a la parada del autobús. Aproveché para preguntarle a la señora que se encontraba ahí cómo leer la tabla de los horarios, y de repente comenzamos una breve plática.

Me contó que su hija, casada con un italiano, tardó siete años en quedar embarazada. Y yo, me sentí con la libertad de contarle mi caso, total no la volvería a ver, sólo esperaba que no me juzgara, pero si así era, lo peor era que dejara la conversación.

Ahí me di cuenta de cuánto se mueve la gente. En el autobús de ida, conocí a una española que tenía 15 años viviendo en México, en Tuxtla, feliz de vivir ahí. Yo, mexicana 10 años viviendo en Italia. La señora del autobús de regreso española, viviendo 20 años en Francia y su hija casado con un italiano… ¡Estamos revueltos por todo el mundo!

Llegué al hostal y lo primero que hice fue poner el medicamento en la nevera. Fue muy extraño ver mi medicina junto a una lechuga que estaba por caducar y una zanahoria que comenzaba a deshidratarse, pero ahí quedó. Estaba tan desvelada que decidí comer algo y después de dos cervezas, no pude evitar irme a dormir un rato.

Con los diferentes compañeros de la habitación creo que el sueño me duró dos horas. Para las 21:30 me levanté para organizarme a la cena y a las 23:15 saqué el medicamento pensando que estando tan frío me iba a doler mucho. Lo abrí y me entró el pánico al ver todo el folleto de las instrucciones. Lo empecé a leer y al fin me enteré para que servía ese medicamento: prácticamente para fortalecer y hacer que madure el óvulo, muy parecido a las hormonas.

Me fui al baño, que por fortuna, estaba limpio y ordenado. Ya con la jeringa cargada y la aguja frente a mi panza, me dio pavor hacerlo yo sola, sobretodo porque decía que tenia que introducirse lentamente. En ese momento tuve dos pensamientos: el dolor y mi deber para alcanzar mi objetivo, cuando la acerqué a mi panza, casi casi entró sola, ni siquiera la sentí. Entro todo el líquido y me sentí orgullosa de mi misma.

A la mañana siguiente sólo sentí una sensación como si me estuviera llegando la menstruación y también la sensación de inflamación, pero podía ser que todo fuera más psicológico que real. Y de repente otra sensación extraña muy ligera en la zona del piquete, que rápidamente desapareció.

Llegó el sábado y aunque en general estaba tranquila, el hecho de utilizar el transporte público me ponía nerviosa, pero la sorpresa fue que, a diferencia de Roma, aquí todo es funcional.

Tenía algunos dolores como pre-menstruales, pero nada del otro mundo. Me preparé, subí a desayunar y como era sábado por la mañana todo se movía tranquilamente, disfrutando del fresco y la tranquilidad que se siente a las 9:15. Esa misma calma influyó en mis nervios por no tener que desayunar de prisa.

Llegué a la parada del autobús y tardó 10 minutos en llegar. Horario perfecto. Llegué a la clínica media hora antes de la cita, tenía la intención de entrar al baño y avisar que me daría una vuelta al mar y regresaría en punto de mi cita, pero al final me pidieron que tomara asiento y ahí me quedé.

Ya no estaba nerviosa y de nuevo comencé a observar varias parejas. Otra vez yo era la única sin acompañante. Tardaron una hora y media en pasarme, tiempo en el que vi una pareja de mujeres vestidas muy deportivas. Me parecían más madre e hija, pero uno nunca sabe. A ellas las atendieron muy rápido. Luego estaba una pareja de chicos que pasaron a varias habitaciones y tres parejas de italianos y una española, que solo entregó muestras para análisis, edades variadas desde 30 años a quizás 48 o 50 años.

Fueron pasando una por una. Ya había entendido que al pasar por el pasillo central iban a quirófano, lo que significaba FIV u ovodonación, o una alguna parte de estos “procedimientos”, u otros que desconozco.

Se me hizo el tiempo eterno, pero estar observando lo que pasaba a mi alrededor, ayudó a quitarme el nerviosismo. De repente llegó una doctora que no había visto pasar anteriomente, directa hacia mí que me pidió pasar al consultorio, siempre el de la primera cita.

Dejé mis cosas en las sillas del escritorio y enseguida me pidió pasar a la sala de atrás donde me habían hecho las ecografías anteriores. Me indicó que lo primero era la ecografía y después vendría el embriólogo.

En el monitor comentó que el endometrío se había abierto seguramente 30 minutos atrás. Lo que eran buenas noticias, pero de cualquier manera se iba abrir en el arco de tres horas, gracias a la inyección.

Después llegó el momento crucial. La sensación fue como la de un examen del papanicolao, con los mismos dolores, sólo que más prolongados. Ahí estaba yo con las piernas abiertas cuando llegó el embriólogo a entregar el catéter que no alcancé a ver muy bien.

Le pregunté a la doctora si se iba a poder ver algo en el monitor y dijo que lo intentaría pero no siempre se lograba ver. Lo preparó y me avisó cuando comenzó a introducir el catéter, y fue ahí cuando empecé a sentir más dolor.

El embriólogo me describió en el monitor qué era cada cosa y logré ver como soltaba el líquido dentro del endometrio, era reconocible porque se veía blanco. La dinámica duró entre 8 y 10 minutos.

Cuando terminó me dejó ahí acostada y sola por 10 minutos. Ahí cómoda, me salieron unas lágrimas que no sé si fueron más del dolor, que de la emoción, o quizás una mezcla de ambas. Yo solo veía un techo blanco, con pequeños agujeros como suelen ser los techos falsos de oficinas…

Mis pensamientos entonces no fueron muchos, pero me comencé a preguntar sobre el aspecto del donador. Ciertamente yo había elegido algunos aspectos físicos que se permiten (el mío origen caucásico -visto que estoy en Europa-, alto -porque mi familia es alta-, de ojos claros verdes-azules -para que se parezca a la sobrina-, y cabello castaño liso, para que mi bebé no batalle con el cabello como yo).

La imagen que me vino en ese momento a mi cabeza fue un compañero belga de la habitación del hostal, así me lo imaginé. Creo que será la imagen que se quedará impresa por siempre en mi mente.

Me dieron un papel donde había algunas instrucciones que debía seguir. La principal era hacer mi vida “perfectamente normal” y esperar 15 días exactos para hacerme la prueba de embarazo en el caso no hubiera llegado la menstruación antes.

Salí y como lo había planeado, me fui a dar una vuelta a la playa, justo atrás de la clínica. Tenía una palapa para mi sola, estaba tranquilo, poca gente y el aire corría y se disfrutaba. Después me puse el traje de baño y me quedé durante horas ahí, medio dormida, medio pensando en el chico belga de hostal, medio pensando en la inmortalidad del cangrejo, medio observando a todas las familias que iban llegando, a las parejas jóvenes, y sorprendida de que fuera yo, la única que buscaba la sombra.

Estando ahí pasaron las pequeñas molestias que tenía en el vientre que eran de esperarse, pues después del procedimiento, no era para menos. Así pasaron las horas, hasta que tuve hambre y un poco de ansiedad por quedarme sin transporte público de regreso a Málaga centro.

De regreso me puse a buscar un lugar donde comer tapas, después regresé al hostal y platiqué un rato con un danés y después me fui a dormir cerca de la una de la mañana. Así terminé mi gran día especial.

Al día siguiente fui a misa a la catedral. Llegué cinco minutos antes de que comenzara. Cuando terminó la misa, fui a dar la vuelta detrás del altar a ver cada una de las capillas. Todas eran dedicadas a diferentes vírgenes, sólo una tenía en el centro la imagen de Jesús en mosaico bizantino. Aunque también estaba dedicada a una virgen pero estaba en una vitrina a un costado.

Justo ahí, me senté un rato a hablar con Diosito, a decirle que no me sentía que fuera una de las mejores personas, pero tampoco me sentía ser de las peores. Que era cierto que no creo en las vírgenes y muchas otras cosas de la iglesia, pero también le dije que sí creía en los milagros. Nunca olvidaré cuanto pudo lograr mi fe cuando de adolescente quise que una persona cercana a la familia, que sólo me traía mala energía, estuvo a punto de ser nuestra vecina. Le pedí tanto a Dios que no se realizara la venta y justo al último minuto el dueño decidió no venderla, al menos en ese momento.

Fue una ocasión en donde viví en carne propia que Dios existe y Dios me escucha. También me dije que si su deber era conceder un milagro a cada persona, pues evidentemente el mío ya había sido solicitado. Pero que este era un deseo tan grande como el mismo deseo de seguir viviendo. Le conté cuántas eran mis ganas y se me salieron unas lágrimas. Luego compré una veladora para recordarle que aquí estoy y que se acuerde de mí y el ‘milagrito’ que le estaba pidiendo.

Ya han pasado cinco días del día D. Empiezo a sentir dolores en el estómago, justo iguales a los de la menstruación. Me empiezo a desanimar, pero tengo que mantenerme fuerte para lo positivo y para lo negativo.

He buscado conocer otras experiencias, pero creo que a veces esto puede ser contraproducente porque comencé a sentir que me estaba sugestionando, aunque luego también pensé que cada cuerpo es diferente y no necesariamente todas tenemos que sentir lo mismo.

En el fondo sé que tengo más probabilidades de un resultado negativo , pues 15 por ciento es poco. Los dolores que siento, son los mismos que suelen venir cada mes una semana antes del periodo, o sea que en práctica me estaría llegando alrededor del 22 del ciclo. Por mi bien tengo que irme preparando.

Lo curioso es que también pienso en los planes para el siguiente “procedimiento”. Definitivamente quiero vivirlo en la compañía de mi madre. Ya me la imagino enloqueciendo por lo pintoresco de la ciudad, ya nos imagino tomando el desayuno en la plaza principal, me imagino viviendo muchas cosas con ella, pero sobretodo apoyándome y dándome fuerza en mi decisión. Ella siempre ha sido muy fuerte en la vida y lo sigue siendo.

Y si imagino todo esto con ella, ¿por qué no logro contarle lo que estoy haciendo? En el fondo ella y yo no somos la típica relación de mejores amigas. Nunca recuerdo que de niña se haya acercado a mí para platicar y preguntarme cómo me sentía, si estaba bien o no. No recuerdo ninguna conversación íntima o de complicidad sentimental entre nosotras. Después de muchos años, entendí que el patrón emocional de la familia es quedarse con todos los sentimientos dentro.

Cada una de las tías es así. Seguro que fue parte de su educación el no molestar con sentimentalismos. Para los abuelos, ellos tenían que ser maquinitas y aceptar lo que tenían y se les daba y punto. Como si estuviera prohibido compartir las emociones con los hermanos y los padres. Ésta seguramente es la raíz del problema. Por lo tanto no me siento con la confianza de hablarlo con ella.

Cierto que con el tiempo vamos cambiando, mi madre no es de las personalidades que demuestran mucho afecto, no era una mujer de abrazos y besos, lo contrario que mi padre, ahora que soy adulta me doy cuenta que él es la parte afectiva, incluso hoy en día. Lo que he notado con el paso de los años, es que mi madre sí se abre conmigo, pero muchas veces porque le pregunto cosas o solo se queja de algunas cosas de la familia, especialmente de mi padre, lo normal en una pareja.

Sigo con los dolores y ya pasaron seis días de la inseminación. Creo que ya estoy un poco más preparada para recibir la regla la semana que entra. No puedo decir que no lo intenté, es lo mismo que les pasa a muchas parejas sanas. No pega a la primera, ni a la segunda, a veces ni a la tercera. Yo soy la única que ha decidido esperar tanto tiempo.

Tenía esperanza de esperar y conocer a ese “alguien especial”, pero el tiempo me comió. Recuerdo que a los 30 años no estaba preparada para el matrimonio. Yo quería viajar, acabarme al mundo, conocer otras culturas, ser libre. Mis padres me educaron precisamente para ser libre. Nunca los defraudé.

Acerca del autor

mm

Karla Guajardo

Karla Guajardo Ro es una fotógrafa mexicana que trabaja como free lance para México e Italia. Su interés por la fotografía, comenzó  en 2003 realizando un laboratorio en una comunidad indígena de México. Actualmente vive y trabaja en Italia. Es corresponsal de La Unión de Morelos y colabora con medios mexicanos. En sus proyectos personales se concentra en los problemas de los diferentes grupos de inmigrantes en Italia. 

2 Comentarios

  • Lei con atención este bellísimo relato y logré sentir la expresión de la emoción de la autora provocada por el instinto materno que cada mujer tiene, lo que me hizo reflexionar en cuánto sería diferente la educación a nivel emotivo-cognitivo si todos los niños que nacen fueran acogidos a lo largo de su infancia como “seres especiales”. Este relato es un ejemplo a seguir, una demostración de cuanto sea importante ser consciente de la procreación, no importa el método con el cual sea concebido ese “ser especial” ; sacar afuera todo el potencial materno para que las nuevas generaciones logren con más facilidad ir adelante, que sean tan fuertes como ese instinto materno, que cuando es bien interpretado como lo ha hecho la autora, toca todas las puertas posibles para luchar por su objetivo …. procrear en pro de un mundo cada vez mejor !

    • Estimada L.Marin

      Me da gusto leer que está a favor de la procreación sin importar el método. No es fácil de aceptarlo para todos. Y sí, hay que ser fuertes para lograr nuestros objetivos y luchar contra los obstáculos de cualquier índole que se presentan en el camino, no siempre es fácil pero aquí estamos. Y en mi caso la lucha continua, y claro que en favor de un mundo mejor, una responsabilidad a la que no hay que tenerle miedo.

Dejar un comentario