Las vacaciones son periodo que representa una gran oportunidad para fomentar la conexión real entre padres e hijos. En esos días, el juego activo y el desarrollo integral pueden ayudar enormemente al desarrollo infantil.
“Jugar es una forma de conectar, de enseñar, de construir habilidades. A través del juego, los niños aprenden a conocerse, a comunicarse y a entender el mundo”, como explica Claudia Medeiros, especialista en Psicología y Análisis Aplicado de la Conducta con formación en Canadá, España y Estados Unidos.
Recuperar el tiempo para jugar, explorar y compartir en familia no solo crea recuerdos entrañables, sino que impulsa habilidades clave en la infancia, como detalla Medeiros, quien también es directora de Autism Center Mexico City (ACMC).

En cada etapa del crecimiento de los más pequeños de la familia se pueden adoptar juguetes o actividades más adecuadas para ellos, por ejemplo:
De 6 a 18 meses
En esta etapa temprana, los juguetes que introducen el concepto de causa y efecto —como presionar un botón para que aparezca una luz o sonido— son ideales. También se recomiendan los libros sensoriales y los bloques apilables. Marcas como Fisher Price, Baby Einstein y Melissa and Doug ofrecen opciones educativas seguras y atractivas para bebés.
De 18 a 24 meses
Los niños empiezan a identificar sonidos, objetos y acciones. Es momento de trabajar con miniaturas, canciones y vocabulario. Introducir rompecabezas de hasta seis piezas, juegos de clasificación y actividades motoras como patear pelotas o escalar fortalece sus habilidades físicas y cognitivas. LeapFrog, Learning Resources, los libros interactivos y libros con temas simples de Eric Carle son grandes aliados.

De 2 a 3 años
Se abre paso el juego simbólico: disfrazarse, jugar con casas de muñecas o juegos de roles como veterinario o doctor permite trabajar emociones y turnos. También se pueden introducir conceptos como colores, números, letras y memoria. Productos de marcas como Play-Doh, Hasbro y Lego Duplo enriquecen esta etapa creativa.
De 3 a 4 años
La complejidad aumenta: vocabulario más amplio, comprensión de preposiciones, verbos, el concepto de tamaño, números hasta el 20 y actividades como dibujar, cortar o pegar se vuelven esenciales. Los rompecabezas, juegos de asociación de palabras y actividades de coordinación como la bici, lanzar o atrapar pelotas refuerzan su desarrollo integral. Smart Games, Scholastic, y Lego son opciones ideales para este grupo.
Para Claudia Medeiros, los juguetes no reemplazan el acompañamiento adulto, pero son una vía invaluable para detectar avances y áreas de oportunidad.
“El juego estructurado y con propósito permite a los niños desarrollar habilidades de vida mientras se divierten. Un juguete bien elegido puede marcar una gran diferencia”, afirma.
En un entorno familiar o terapéutico, integrar juguetes y dinámicas adecuadas a cada etapa no solo promueve el aprendizaje, también construye vínculos, potencia la confianza y sienta las bases para una infancia plena y saludable.


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