La enfermedad cardiovascular es la principal causa de muerte entre mujeres, pero su riesgo está subestimado. Especialistas explican cómo la aterosclerosis puede avanzar durante años, qué papel tienen el embarazo y la menopausia y por qué un infarto puede pasar inadvertido.
Una mujer puede sentirse sana y, sin embargo, experimentar cambios en sus arterias que comenzaron antes. La aterosclerosis puede desarrollarse silenciosamente hasta que una placa se rompe, se forma un coágulo y el flujo de sangre hacia el corazón se interrumpe.
En las mujeres, además, el riesgo cardiovascular tiene una historia propia. El embarazo, los trastornos hipertensivos durante la gestación, la transición menopáusica y determinados factores metabólicos pueden modificarlo. Cuando finalmente ocurre un infarto, sus síntomas no siempre corresponden a la imagen que durante décadas se utilizó para describir esta emergencia: un dolor intenso y opresivo en el pecho.
Ese cambio de perspectiva fue uno de los mensajes centrales de un encuentro organizado por la Sociedad Mexicana de Cardiología con motivo del Día Mundial del Corazón, en el que participaron las cardiólogas Laura Leticia Rodríguez Chávez, Pamela Ramírez Rangel y María Fernanda León Blanchet, así como el cardiólogo Pedro García.
Las intervenciones de las personas especialistas convergieron en una idea: la prevención cardiovascular no debe comenzar después del primer infarto porque enfermedad puede estar ahí antes de que el cuerpo avise.
La doctora Laura Leticia Rodríguez Chávez, cardióloga, electrofisióloga e investigadora clínica del Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez, explicó la aterosclerosis subclínica.
De acuerdo con la especialista, la enfermedad comienza con la acumulación de colesterol LDL y otros cambios en la pared de las arterias. Con el tiempo, las placas pueden incorporar calcio y volverse vulnerables a la ruptura.
La especialista fue enfática al explicar que el proceso puede comenzar desde edades tempranas. “La aterosclerosis empieza en las primeras décadas de la vida”.
Rodríguez Chávez explicó que existe una etapa en la que la enfermedad ya está presente, pero todavía no produce manifestaciones clínicas. Es la llamada aterosclerosis subclínica.
También se refirió al estudio REACT, publicado en agosto de 2026 en The New England Journal of Medicine, que evaluó mediante estudios de imagen la presencia de placas ateroscleróticas en adultos.
Para la especialista, uno de los mensajes que debe quedar de esta evidencia es que la enfermedad puede ser silenciosa y comenzar temprano. “La aterosclerosis es silenciosa, es común, y empieza pronto”.
En las mujeres, el riesgo tiene una historia propia
La cardióloga Pamela Ramírez Rangel, jefa de servicio en el Instituto Nacional de Cardiología “Ignacio Chávez” y profesora adjunta de posgrado de la UNAM, llevó la discusión directamente al terreno femenino.
Durante mucho tiempo, “se pensó que las enfermedades del corazón eran un problema únicamente masculino”, dijo.
Pero las enfermedades cardiovasculares son también una de las principales amenazas para la vida de las mujeres. Ramírez Rangel señaló que en los últimos años se ha buscado demostrar que la salud cardiovascular femenina requiere un abordaje específico y personalizado.
El objetivo, dijo, es que la población reconozca ese riesgo y actúe antes de que aparezca una complicación.
El embarazo puede dejar una señal para el futuro
Durante el embarazo pueden aparecer señales que deberían ser tomadas en cuenta años después. Entre ellas están los trastornos hipertensivos del embarazo, incluida la preeclampsia y la eclampsia.
Ramírez Rangel explicó que estos problemas no terminan necesariamente cuando nace el bebé. “La complicación cardiovascular número uno de las mujeres embarazadas son los estados hipertensivos del embarazo”.
Para la prevención cardiovascular, esto plantea una consecuencia importante: los antecedentes obstétricos forman parte de la historia clínica de una mujer y pueden ser relevantes mucho después del embarazo.
La especialista también explicó que las escalas tradicionales utilizadas para estimar el riesgo cardiovascular han considerado factores como diabetes, hipertensión y alteraciones de los lípidos, pero no siempre incorporan adecuadamente factores propios de la experiencia femenina.
Entre ellos mencionó la edad de la primera menstruación, la fecha de la última menstruación, el uso de anticonceptivos, los tratamientos de fertilización in vitro, las pérdidas gestacionales y la mayor prevalencia de algunas enfermedades autoinmunes en las mujeres.
La menopausia es otro momento de vigilancia
La transición menopáusica constituye otro momento importante para la salud cardiovascular de las mujeres. Ramírez Rangel explicó que durante esta etapa ocurren cambios en su vasculatura y su metabolismo.
“Es un punto de inflexión, un punto muy importante en el que debemos trabajar para cambiar los resultados de muerte cardiovascular en las mujeres”, dijo.
Durante su exposición señaló cambios en el colesterol LDL, aumento del tejido adiposo visceral y modificaciones en la presión arterial, además de una disminución de la actividad física en esta etapa de la vida.
La menopausia, sin embargo, no debe entenderse como una enfermedad ni como una causa única de infarto. Es una etapa en la que algunos factores de riesgo pueden modificarse y, por ello, puede representar una oportunidad para revisar la salud cardiovascular.
¿Y qué ocurre con los estrógenos?
Ramírez Rangel explicó que los estrógenos tienen efectos sobre los vasos sanguíneos y que su disminución durante la menopausia modifica ese escenario. Pero hizo una precisión relevante: la terapia hormonal no debe utilizarse como una estrategia para prevenir enfermedades cardiovasculares.
Según explicó, actualmente se reserva para mujeres con una indicación específica, como síntomas vasomotores que afectan de manera importante su calidad de vida y siempre después de valorar individualmente sus riesgos.
Por ello, después de la transición menopáusica adquiere especial importancia el control de factores como hipertensión, colesterol elevado y peso.
Cuando el infarto no se parece al que imaginamos
La aterosclerosis puede formar una placa que crece y estrecha una arteria. Si la placa se rompe y se forma un coágulo, el flujo sanguíneo puede interrumpirse y producir un infarto.
Ramírez Rangel explicó que esa es una de las complicaciones más graves de la enfermedad cardiovascular. Pero reconocer un infarto en una mujer puede ser más complejo. “Los síntomas de un infarto no siempre van a ser los mismos en una mujer que en un hombre”, dijo.
El dolor de pecho continúa siendo un síntoma importante, pero puede presentarse de manera diferente. La especialista mencionó también falta de aire, malestar estomacal y otros síntomas acompañantes.
“Es más frecuente que las mujeres se quejen de tener falta de aire, malestar estomacal y síntomas asociados”, explic. Esta diversidad de síntomas puede dificultar el diagnóstico.
A ello se suma otro problema: algunas mujeres pueden retrasar la búsqueda de atención porque priorizan el cuidado de otras personas y minimizan sus propios malestares. “Las mujeres latinas sobre todo priorizamos el cuidado de la familia y minimizamos los malestares personales”, señaló Ramírez Rangel.
Explicó que ese retraso puede contribuir a que lleguen más tarde a los servicios de urgencias y, una vez ahí, a que exista mayor dificultad diagnóstica cuando los síntomas no corresponden al cuadro clásico.
La especialista señaló que estos factores contribuyen a que las mujeres con enfermedad cardiovascular puedan tener un peor pronóstico que los hombres.
Detectar el riesgo antes del primer evento
La doctora María Fernanda León Blanchet, cardióloga con alta especialidad en imagen cardiovascular y secretaria de la Sociedad Mexicana de Cardiología, explicó que existen diferentes herramientas para evaluar las arterias coronarias.
Una de ellas es la cuantificación del calcio coronario mediante tomografía computada. Se trata de un estudio diferente de la angiotomografía coronaria. El primero permite cuantificar el calcio presente en las arterias coronarias; la segunda utiliza medio de contraste para visualizar las arterias y valorar sus características. Pero ninguna de estas pruebas debe convertirse en un estudio que todas las mujeres deban realizarse por rutina.
León Blanchet explicó que el score de calcio puede utilizarse en determinados pacientes asintomáticos como una herramienta adicional para estimar el riesgo cardiovascular. Cuando ya existen síntomas, especialmente dolor torácico, la evaluación es diferente y pueden requerirse otras herramientas diagnósticas.
Explicó también que la edad a partir de la cual puede considerarse la cuantificación de calcio coronario no es idéntica para hombres y mujeres y que factores como antecedentes de preeclampsia o menopausia prematura pueden modificar la valoración.
Cuando existen síntomas, explicó, el score de calcio pierde utilidad y la evaluación puede requerir una angiotomografía coronaria u otros estudios, dependiendo de la situación clínica.
Sin embargo, la especialista destacó que la aterosclerosis realmente comienza mucho antes del infarto. “Específicamente en la mujer, pues la detección oportuna es una mejor oportunidad para evitar estos desenlaces”.
Ninguna prueba sustituye la prevención
El doctor Pedro García, cardiólogo, miembro de la Sociedad Mexicana de Cardiología, explicó que uno de los principales problemas es que factores como la hipertensión pueden permanecer sin síntomas hasta que aparece un evento cardiovascular.
Por eso insistió en medir aquello que no necesariamente se puede sentir: presión arterial, lípidos, glucosa y peso.
García también afirmó que la prevención cardiovascular no depende únicamente de las decisiones individuales. La alimentación disponible, el acceso a servicios de salud, las condiciones laborales, el transporte, la educación y el entorno social influyen en la capacidad de una persona para modificar sus factores de riesgo.
Señaló que muchas personas no tienen acceso sencillo a los alimentos más saludables y que la alimentación está condicionada también por factores como la agricultura, el transporte, la planeación urbana, la educación y la industria alimentaria.
“Conoce tus números”
Para Ramírez Rangel, la prevención puede comenzar con una acción concreta: “Conoce tus números”, en referencia a los ocho componentes de Life’s Essential 8 de la American Heart Association. Estos son: alimentación, actividad física, glucosa, peso, colesterol, presión arterial, tabaquismo y sueño.
Entre las recomendaciones que mencionó están realizar actividad física de manera habitual, controlar la glucosa y el colesterol, mantener un peso saludable, vigilar la presión arterial, evitar fumar y procurar hábitos adecuados de sueño.
Rodríguez Chávez insistió en la necesidad de actuar sobre hipertensión, colesterol, diabetes, obesidad y tabaquismo antes de que la aterosclerosis produzca un evento cardiovascular.
El costo de llegar tarde
La enfermedad cardiovascular tampoco termina necesariamente cuando termina el infarto. Pedro García explicó que una persona puede sobrevivir a un evento agudo y, sin embargo, quedar con daño permanente en el músculo cardiaco. Ese daño puede conducir posteriormente a insuficiencia cardiaca, hospitalizaciones repetidas y una necesidad permanente de atención médica.
El cardiólogo llamó la atención sobre las consecuencias que una discapacidad cardiovascular o neurológica puede tener en una familia. “La disfunción familiar de un enfermo que se queda con una secuela o neurológica o cardiovascular”.
La doctora Rodríguez Chávez también señaló que las consecuencias de la enfermedad cardiovascular pueden extenderse a las arterias de las extremidades, el corazón y el cerebro, por lo que prevenir la aterosclerosis significa evitar una cadena de eventos que puede convertirse en enfermedad crónica y discapacidad.
El corazón también necesita una mirada de género
Durante décadas, buena parte del conocimiento cardiovascular se construyó alrededor de pacientes masculinos. La evidencia y la experiencia clínica acumuladas han mostrado la necesidad de considerar también la historia reproductiva de las mujeres, la transición menopáusica, los factores metabólicos y las particularidades de la presentación de los eventos coronarios.
Eso no significa que exista un “corazón femenino” completamente distinto, sino que el riesgo cardiovascular debe interpretarse dentro de la historia de cada mujer: si tuvo un trastorno hipertensivo durante el embarazo, si está en la transición menopáusica con hipertensión, si tiene colesterol elevado, diabetes u obesidad, o comienza a sentir falta de aire cuando antes podía realizar una actividad sin dificultad, si presenta un malestar que no identifica como dolor cardiaco.
Todas son historias diferentes, pero pueden representar una oportunidad para intervenir antes del primer infarto, porque la aterosclerosis puede comenzar mucho antes de ese momento, dijo María Fernanda León Blanchet,
Por eso, la prevención debe comenzar antes, concluyeron las especialistas.
¿Cuándo buscar atención médica?
Ante síntomas compatibles con un infarto, la atención médica de urgencia debe solicitarse de inmediato.
En las mujeres, los síntomas de un infarto no siempre se presentan de la misma manera que en los hombres.
La falta de aire, el dolor o molestia en el pecho, el malestar estomacal y otros síntomas nuevos, especialmente cuando aparecen con el esfuerzo, pueden requerir una valoración médica.
