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Sarampión en México: la epidemia baja, pero todavía no termina

Elia Baltazar

Entre el 13 de julio y el 3 de agosto se identificaron 190 casos de sarampión en 17 estados y 43 municipios del país. Más de la mitad corresponden a menores de 15 años y 87.9% no tenía antecedente de vacunación.Si bien la epidemia de sarampión que afecta a México desde 2025 entró en una etapa de descenso continuo de casos desde marzo de 2026, luego de haber alcanzado un pico máximo en febrero, todavía hay transmisión activa y marcadas diferencias entre los estados y municipios afectados.

Una revisión de los casos diagnosticados durante los 21 días comprendidos entre el 13 de julio y el 3 de agosto de 2026 identificó que fueron 190, distribuidos en 17 estados y 43 municipios.

Durango encabeza la lista con 45 casos, seguido de Zacatecas con 34, Jalisco con 29 y Quintana Roo con 27. Después aparecen Ciudad de México con 12, Estado de México con ocho, Puebla con siete y Coahuila con seis.

La cifra nacional, sin embargo, esconde diferencias importantes entre estados y municipios. La transmisión está ahora mucho más concentrada y algunos brotes locales, como el de Jalisco, han disminuido significativamente, explica el Dr. Mauricio Rodríguez Álvarez, vocero del Programa Universitario de Investigación sobre Riesgos Epidemiológicos y Emergentes (PUIREE) y profesor del Departamento de Microbiología y Parasitología de la Facultad de Medicina de la UNAM.

“En este momento hay que fijarnos dónde está la epidemia y dónde está su actividad”, dice. Por ejemplo, algunas entidades tienen predominantemente una transmisión pediátrica, mientras otras registran sus casos entre adultos jóvenes.

Aunque el virus todavía circula, el especialista considera que México se encuentra en una etapa avanzada de control, pero todavía es necesario sostener las medidas de vigilancia y la vacunación, que sigue siendo la principal herramienta, especialmente entre la población infantil, donde todavía se concentran casos.

La epidemia cede, pero no de manera uniforme

Después de un largo periodo en que el número de casos se mantuvo elevado, la tendencia comenzó a ceder desde hace meses. “Aproximadamente desde el inicio de marzo de este año (2026), los casos han ido disminuyendo semana tras semana”, explica el Dr. Rodríguez Álvarez.

Ese comportamiento es una señal de que la transmisión está perdiendo fuerza, pero la epidemia no desaparece al mismo ritmo en todas las entidades. Los 190 casos con diagnóstico entre el 13 de julio y el 3 de agosto se distribuyen así:

Estado# Casos diagnosticados
Durango45
Zacatecas34
Jalisco29
Quintana Roo27
Ciudad de México12
Estado de México8
Puebla7
Coahuila6

También hay transmisión activa en Campeche, Tabasco, Nayarit, Sonora, Veracruz, Chihuahua, Guerrero, Oaxaca y Nuevo León.

Sin embargo, la distribución municipal de los casos diagnosticados en esas misas fechas es la que mejor proyecta dónde se concentra la transmisión:

MunicipioEstado# Casos diagnosticados
MezquitalDurango40
FresnilloZacatecas27
Benito JuárezQuintana Roo19
IztapalapaCiudad de México10
GuadalajaraJalisco7
SaltilloCoahuila6
DurangoDurango5
SolidaridadQuintana Roo5

Visto así, el mapa de la epidemia cuenta una historia diferente. La transmisión está mucho más concentrada de lo que sugiere la cifra nacional, y esa concentración puede ser determinante para las próximas semanas.

Más de la mitad de los casos confirmados son en menores de 15 años

La distribución por edades es otra característica importante de la epidemia: 98 de los 190 casos recientemente diagnosticados (51.6%) corresponden a menores de 15 años. La población infantil, por tanto, ocupa un lugar central en esta fase de la transmisión.

Hay 23 casos entre menores de un año, 32 entre uno y cuatro años, 26 entre cinco y nueve y 17 entre 10 y 14 años. En total, 55 casos corresponden a menores de cinco años.

Edad# Casos confirmados# Casos sin antecedente de vacunación (%)
<1 año2323 (100 %)
1–4 años3230 (93.8 %)
5–9 años2624 (92.3 %)
10–14 años1715 (88.2 %)
15–19 años1413 (92.9 %)
20–24 años1916 (84.2 %)
25–29 años1814 (77.8 %)
30–34 años1714 (82.4 %)
35–39 años1210 (83.3 %)
40–44 años75 (71.4 %)
45–49 años43 (75 %)
60–64 años10 (0 %)
Total190167 (87.9%)

¿Por qué siguen enfermando niños pequeños?

Rodríguez Álvarez considera particularmente relevante que, después de más de 18 meses de acciones intensivas de vacunación en prácticamente todo el país, sigan apareciendo casos en menores que no están vacunados.

“Es inaudito y absolutamente injustificable que la mayoría de los contagios sigan ocurriendo en menores de diez años no vacunados, cuando se han intensificado las acciones de vacunación en ese grupo, especialmente en los menores de dos años, sobre todo en los estados donde ha habido brotes”, afirma.

En condiciones normales cuando no hay brotes, explica, la vacunación contra el sarampión comienza alrededor del año de edad. Pero durante una epidemia puede adelantarse y comenzar a los seis meses para después continuar con las dosis regulares.

Por eso, una de las preguntas que deja abierta esta fotografía epidemiológica es si las estrategias de vacunación están consiguiendo llegar oportunamente a los niños y niñas más pequeños, especialmente en los municipios donde continúa la transmisión.

Las diferencias entre estados son muy marcadas. En Durango, la mediana de edad de los casos activos es de seis años, mientras que en la Ciudad de México alcanza 30.5 años. Esto muestra que, aunque ambos mantienen transmisión activa, los grupos de población afectados son muy diferentes.

La diferencia es suficientemente amplia como para mostrar que la edad de las personas afectadas cambia de manera importante según el territorio. “Cada estado, incluso cada municipio, tiene una razón específica local”, explica el especialista.

Jalisco, por ejemplo, tuvo una gran cantidad de adultos jóvenes que no estaban vacunados y también niños con esquemas incompletos o sin vacunación. Chihuahua, en cambio, presenta otra historia: allí había una comunidad muy grande con una proporción muy alta de personas de todas las edad sin protección.

En Chiapas, la explicación puede ser otra: comunidades rurales dispersas, mucha migración y difícil acceso, lo que provocó una acumulación de población susceptible. En cambio, la Ciudad de México, a pesar de ser una ciudad con enorme movilidad y conectividad, ha tenido una incidencia menor de la que podría haberse esperado, tal vez por las intensas campañas de vacunación realizadas durante la epidemia.

Esto resulta crucial para la respuesta sanitaria, advierte el especialista, pues no necesariamente deben aplicarse las mismas estrategias ni buscarse los mismos grupos susceptibles en todo el país.

Nueve de cada diez casos con diagnóstico reciente no estaban vacunados

El antecedente de vacunación es quizá uno de los datos más importantes que arroja la fotografía actual de la epidemia. De los 190 casos con diagnóstico reciente, 167 no estaban vacunados (87.9%) y 23 tenían antecedente de vacunación (12.1%). Como es de esperar, la transmisión del virus sigue ocurriendo predominantemente entre personas sin registro de vacunación.

Los casos con antecedente de vacunación son minoría y, de acuerdo con el análisis, se concentran especialmente en adultos jóvenes. El patrón es compatible con una acumulación histórica de personas susceptibles y con una cobertura de vacunación heterogénea.

Pero la explicación no puede reducirse a los últimos meses. El Dr. Rodríguez Álvarez explica que México fue acumulando durante décadas personas que no recibieron las vacunas correspondientes en el momento que les tocaba vacunarse .

A ese problema histórico se sumaron las interrupciones y dificultades de vacunación provocadas por la pandemia de COVID-19. En los años posteriores, la recuperación de coberturas, que ya mostraban rezagos desde antes de la pandemia, fue insuficiente debido a cambios en la organización y gestión del Programa de Vacunación Universal, lo que impidió cerrar oportunamente las brechas generadas durante la emergencia sanitaria. El resultado fue la acumulación de una población susceptible de diferentes edades.

El especialista ofrece un ejemplo: una cobertura de vacunación del 95% para sarampión suele considerarse adecuada, pero también significa que alrededor del 5% de cada cohorte de nacimiento queda sin protección. En un país donde nacían aproximadamente dos millones de niñas y niños cada año, ese 5% representa cerca de 100 mil personas susceptibles anualmente. Si esas personas no son alcanzadas posteriormente por campañas de vacunación de “puesta al día”, al cabo de una década pueden acumularse alrededor de un millón de personas que nunca desarrollaron inmunidad frente al sarampión. Con el paso de los años, esa acumulación de susceptibles crea las condiciones para que, cuando el virus se reintroduce, encuentre suficientes personas vulnerables para sostener cadenas de transmisión.

Por eso, la actual epidemia no puede explicarse exclusivamente por las decisiones de una administración gubernamental. Es el resultado de una acumulación de brechas de vacunación durante varios años, agravada posteriormente por la pandemia y por problemas de gestión y cobertura más recientes, explica Rodríguez Álvarez.

Una epidemia nacional con historias locales diferentes

El origen y el comportamiento de los principales brotes no son idénticos. Por eso, separar el mapa de la epidemia ayuda a entender qué está ocurriendo en cada entidad.

Chihuahua: el foco que no se apaga

La epidemia nacional comenzó en 2025 con un brote particularmente importante en Chihuahua, vinculado con una comunidad con bajos niveles de vacunación y conexiones transfronterizas con comunidades similares en Estados Unidos y Canadá.

Aunque el foco inicial perdió intensidad, en el análisis revisado con el Dr. Rodríguez Álvarez, Chihuahua aún tiene registro de cuando menos un caso nuevo en el periodo entre el 13 de julio y el 3 de agosto, y aún no puede considerarse formalmente cerrado el brote.

Jalisco: el gran acelerador de 2026

La curva de casos registrada durante las primeras semanas de 2026 estuvo impulsada en buena medida por el brote de Jalisco. Según el especialista, ahí hubo una importante población de adultos jóvenes no vacunados, además de niñas y niños con esquemas incompletos o sin vacunación.

La transmisión más relevante en ese estado comenzó en diciembre de 2025, y entre enero y febrero de 2026 alcanzó niveles muy elevados; posteriormente comenzó a descender con el fortalecimiento de las acciones de vacunación, explica el Dr. Rodríguez Álvarez.

Actualmente Jalisco todavía aparece entre los estados con mayor número de casos con diagnóstico reciente (29), pero ya muy lejos del momento de mayor intensidad.

Durango: el foco pediátrico más concentrado

Los datos actuales colocan a Durango en el primer lugar nacional de casos con diagnóstico reciente, con 45 entre el 13 de julio y el 3 de agosto, de los cuales 40 están en el municipio de Mezquital. Además, presenta una mediana de edad de apenas seis años. Es decir, el brote está concentrado y es predominantemente pediátrico.

Zacatecas: una transmisión que disminuye lentamente

Zacatecas ocupa el segundo lugar nacional con 34 casos activos, de los cuales 27 están en el municipio de Fresnillo.

La entidad también ha experimentado un brote importante en las semanas recientes y, de acuerdo con el análisis, su descenso ha sido más lento que el observado en otras regiones.

Su seguimiento será, por tanto, especialmente relevante para determinar si la contracción nacional continúa de manera sostenida.

Quintana Roo: la señal que merece vigilancia

Este estado aparece con 27 casos con diagnóstico reciente, de los cuales 19 están en Benito Juárez y cinco en Solidaridad. Pero hay otro dato que vuelve especialmente relevante a este estado: la mediana de edad de sus casos activos es de 29 años.

El análisis identifica a Quintana Roo como la señal más importante de expansión reciente, mientras Campeche, Nuevo León y Puebla muestran señales todavía pequeñas que también deberán vigilarse.

Vacunación: la principal herramienta

Durante la epidemia se ha intensificado de manera extraordinaria la vacunación. El Dr. Rodríguez Álvarez refiere que han sido aplicadas aproximadamente 38 millones de dosis en un año y medio, una cifra muy superior a la que correspondería a un año ordinario.

“Las vacunas contra el sarampión son seguras y efectivas y llevan más de medio siglo utilizándose”, dice.

El objetivo ahora es evitar que sigan acumulándose personas susceptibles y garantizar que ningún niño o niña llegue sin protección a las edades correspondientes al esquema de vacunación, dice el especialista.

Su recomendación es evitar tanto el alarmismo como la falsa tranquilidad, y mirar la situación local, porque no es lo mismo vivir en un municipio donde continúa la transmisión que en uno donde no hay casos recientes.

La epidemia actual tampoco significa que haya que entrar en pánico ante el regreso a clases. Aunque los menores de 15 años representan poco más de la mitad de los casos con diagnóstico reciente, la transmisión no está concentrada exclusivamente en la población escolar: también se presentan casos en lactantes y en adultos jóvenes, con diferencias importantes entre estados y municipios. Por ello, el especialista enfatiza que “hay que asegurar que la mayoría de los niños, niñas y adolescentes tengan sus esquemas de vacunación completos al volver a las aulas”.

Eso no significa bajar la guardia, sino entender mejor dónde está el riesgo.

Las 45 defunciones: el dato que no debe perderse

El descenso de los casos no debe soslayarse otro aspecto preocupante de esta epidemia: las defunciones.

Rodríguez Álvarez destaca que México tiene 45 muertes registradas por sarampión, a diferencia de Estados Unidos y Canadá, que a pesar de acumular casi once mil casos entre los dos países en 2025 y 2026, solo han registrado 3 y 2 defunciones en 2025, respectivamente.

El especialista planteó que el número tan alto de defunciones por sarampión en nuestro país podría estar relacionado con factores como retrasos en el diagnóstico, dificultades para identificar las complicaciones y problemas en el acceso o la calidad de la atención médica.

El académico destaca que “la base de datos abiertos tiene algunas limitaciones relevantes. Aunque sí permite seguir en general la evolución epidemiológica del brote, no informa si un caso fue hospitalizado o atendido de forma ambulatoria, ni proporciona información clínica suficiente para conocer las causas específicas de las defunciones. Además, no registra la fecha de inicio de los síntomas, por lo que, para aproximarnos a la transmisión reciente, utilizamos la fecha de diagnóstico como un indicador operativo.”

¿Estamos cerca del final?

Desde aproximadamente la semana epidemiológica 9 de 2026 (inicio de marzo), los casos de sarampión comenzaron a disminuir de forma sostenida cada semana. La intensificación de la vacunación y probablemente el agotamiento de los susceptibles han sido factores importantes para contener la transmisión, pero el criterio para cerrar un brote es mucho más exigente.

El Dr. Rodríguez Álvarez explica que deben pasar al menos 42 días sin nuevos casos. “Ese tiempo corresponde a dos periodos máximos de incubación del sarampión. Mientras no transcurra esa ventana sin que aparezcan nuevos casos en una localidad, no puede considerarse que el brote ha terminado”, dice.

Por eso, el descenso actual debe interpretarse como una señal favorable, pero no como el final de la epidemia. “En muchos estados ya se han logrado cerrar los brotes que aparecieron durante esta epidemia, pero Chihuahua sigue siendo la excepción. Después de prácticamente 18 meses desde que comenzaron a notificarse los primeros casos, todavía no ha conseguido acumular los 42 días consecutivos sin casos nuevos que se requieren para considerar interrumpida la transmisión”, explica el especialista. Al corte más reciente, la transmisión seguía activa en 17 estados y 43 municipios.

La pregunta ahora es dónde está el virus, a quién está afectando y qué tan rápido pueden cerrarse los brotes que permanecen activos. Rodríguez Álvarez lo resume así:

“Hasta que transcurran 42 días sin que aparezca un solo caso nuevo el país, no podremos  cantar victoria.”

RECUADRO

¿Qué debemos vigilar ahora?

Para seguir la evolución de la epidemia conviene mirar cuatro indicadores:

1. Casos nuevos. La primera señal de control es que semana tras semana haya menos casos que la anterior.

2. Casos activos. Permiten saber dónde está ocurriendo actualmente la transmisión.

3. Distribución territorial. No basta con conocer cuántos casos hay en el país. Es necesario identificar qué municipios están alimentando la epidemia.

4. Edad y vacunación. Estos dos indicadores permiten identificar quiénes están enfermando y dónde persisten las brechas de protección.

Fuentes: Los datos de los 190 casos activos corresponden al periodo del 13 de julio al 3 de agosto de 2026. Para su análisis, Salud Primero contó con el apoyo del Dr. Mauricio Rodríguez Álvarez, a partir de su revisión de los datos abiertos de enfermedades febriles exantemáticas de la Dirección General de Epidemiología.

Nota editorial: Los 190 casos con diagnóstico reciente no deben confundirse con el total acumulado de casos confirmados desde el inicio de la epidemia. Corresponden a los casos con fecha de diagnóstico en los 21 días del periodo analizado, utilizados como un indicador operativo de la transmisión reciente ante la ausencia de información pública sobre la fecha de inicio de síntomas en la base de datos.

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