Mide escasos milímetros, pasa inadvertido si no revolotea a nuestro alrededor y si no pica, ni reparamos en ellos. Olvidamos que algunos mosquitos tienen la capacidad de alterar la salud de millones de personas. De hecho, es considerado el animal más letal del mundo porque son el vehículo que utilizan virus y parásitos para llegar al ser humano.
Por eso, este 20 de agosto, Día Mundial del Mosquito, conviene recorar que se trata de uno de los animales con mayor impacto sobre la salud humana. Y la ciencia lo sabe desde 1897, cuando el médico británico Ronald Ross demostró que participaban en la transmisión del paludismo.
Más de un siglo después, el problema sigue vigente, aunque con una diferencia importante: no todos los mosquitos transmiten enfermedades y no todas las especies transmiten los mismos microorganismos. En México, esa distinción es fundamental.
El mosquito no es la enfermedad
Cuando se habla de dengue, zika, chikungunya o paludismo, suele decirse que “el mosquito contagia” la enfermedad. En realidad, el insecto actúa como vector, es decir, el organismo capaz de transmitir un microorganismo que causa una enfermedad de una persona o animal a otro.
El microorganismo —un virus en el caso del dengue, zika y chikungunya, y un parásito si se trata de paludismo— necesita llegar al mosquito, y posteriormente ser transmitido mediante una nueva picadura.
En el caso del dengue, por ejemplo, el mosquito Aedes aegypti es el vector: puede adquirir el virus al picar a una persona infectada y posteriormente transmitirlo al picar a otra. Por eso, controlar el vector constituye una de las herramientas centrales de prevención.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que las enfermedades transmitidas por vectores representan más de 17% de las enfermedades infecciosas y ocasionan más de 700 mil muertes cada año. Los mosquitos, por ejmplo, participan en la transmisión de dengue, chikungunya, fiebre amarilla, malaria, virus del Nilo Occidental y zika, entre otras.
Pero el riesgo no es uniforme, pues depende de la especie de mosquito, del microorganismo que circula, de las condiciones ambientales y de la interacción entre las personas, los animales y el entorno.
En México, la especie que más atención merece es la Aedes aegypti, porquepuede transmitir virus como el dengue, el zika y el chikungunya. Su presencia está estrechamente relacionada con entornos donde encuentra condiciones adecuadas para reproducirse. Entre ellos, pequeños depósitos de agua estancada que se encuentran alrededor de las viviendas, como cubetas, llantas, macetas, tambos, tinacos y otros recipientes que permanecen a la intemperie y pueden acumular agua de lluvia. No necesitan grandes cantidades de agua porque incluso pequeños recipientes con agua acumulada pueden convertirse en sitios de reproducción.
Por eso, el combate contra el dengue no depende solo de la fumigación. También implica identificar y eliminar criaderos, vigilar las poblaciones del mosquito, detectar oportunamente los casos y actuar en las zonas donde existe mayor riesgo de transmisión.
México ha comenzado a reforzar precisamente esta última estrategia. En mayo de este año, especialistas de las 32 entidades participaron, junto con CENAPRECE, la Universidad Autónoma de Yucatán y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en un taller para mejorar la estratificación del riesgo e identificar zonas de alta presencia de Aedes aegypti, con el propósito de focalizar las intervenciones.
La idea parece sencilla, pero técnicamente es compleja porque no todos los lugares tienen el mismo riesgo.
El dengue, una preocupación constante
Los datos disponibles este año muestran una situación distinta a la de 2025, pero no significan que el problema haya desaparecido.
La OPS reportó hasta la semana epidemiológica 28 de 2026 más de 1.4 millones de casos sospechosos de dengue en las Américas. La cifra representa una disminución de 61% frente al mismo periodo del año anterior, pero la organización mantiene la vigilancia epidemiológica y la preparación de los servicios de salud.
En México, las cifras también presentan diferencias importantes entre entidades.Este jueves, por ejemplo, autoridades sanitarias de Chiapas informaron sobre 183 casos confirmados de dengue durante 2026, una reducción de 57% respecto del mismo periodo de 2025.
Chikungunya: una amenaza que puede regresar
El mismo mosquito Aedes aegypti también transmite chikungunya. La enfermedad suele comenzar con fiebre y un dolor articular intenso que puede llegar a ser incapacitante. Aunque muchas personas se recuperan, tambipén hay quienes desarrollan síntomas articulares prolongados.
En febrero, la OPS emitió una alerta epidemiológica tras detectar un aumento sostenido de casos de chikungunya desde finales de 2025 y principios de 2026 en varios países de América.
Aunque la transmisión regional no aumentó de manera uniforme, se observaron incrementos importantes en algunas zonas de Brasil, Bolivia y el Caribe, además de la reaparición de transmisión local en Guyana, Guayana Francesa y Surinam, que llevaban alrededor de una década sin circulación reportada del virus.
Otro mosquito que no hay que perder de vista es el del género Anopheles, principal vector de paludismo o malaria. Algunas especies pueden transmitir la enfermedad cuando albergan parásitos del género Plasmodium y los transmiten a través de su picadura.
México ha conseguido avances importantes contra esta enfermedad. La Secretaría de Salud informó en abril que 31 de las 32 entidades habían interrumpido la transmisión local y que el país mantenía una reducción importante de casos.
Esto representa un logro de salud pública, pero no significa que el mosquito haya dejado de ser relevante. La propia Secretaría de Salud mantiene estrategias de vigilancia y prevención en las zonas donde existe riesgo.
¿Por qué las lluvias importan?
Las lluvias pueden modificar las condiciones ambientales en las que se reproducen algunos mosquitos. Un recipiente abandonado, una llanta, una cubeta, una maceta o cualquier objeto capaz de acumular agua puede convertirse en un sitio de reproducción.
Por eso, prevenir estas enfermedades no depende únicamente de las autoridades sanitarias. También requiere acciones cotidianas en viviendas, escuelas, centros de trabajo y espacios comunitarios, como identificar y eliminar los lugares donde puede acumularse agua y reproducirse el mosquito.
Autoridades de distintas entidades han reforzado durante agosto las acciones contra los criaderos precisamente por la combinación de lluvias, humedad y presencia de mosquitos.
Fumigar no es la única respuesta
La imagen más visible de una campaña contra el dengue suele ser el vehículo que fumiga las calles. Pero el control del mosquito es más amplio. Incluye vigilancia entomológica, eliminación de criaderos, manejo de recipientes que acumulan agua, acciones comunitarias, uso adecuado de insecticidas cuando están indicados y vigilancia epidemiológica.
La OMS considera el manejo integrado de vectores una herramienta fundamental para reducir las enfermedades transmitidas por estos organismos. Por eso, mantener las viviendas sin recipientes con agua estancada puede ser tan importante como una campaña de fumigación bien dirigida.
Pero el mosquito también nos dice mucho del ambiente. La presencia y distribución de los vectores están relacionadas con factores climáticos y urbanos. La temperatura, las lluvias, la disponibilidad de agua, el manejo de residuos, el crecimiento urbano y las condiciones de las viviendas pueden modificar el entorno en que se reproducen los mosquitos.
Esto los convierte en una especie de sensor biológico de los cambios que ocurren en nuestro entorno: cuando cambian las condiciones ambientales, también puede cambiar la distribución de los vectores y, con ello, el mapa de riesgo sanitario.
Pequeño insecto, gran problema
Hay miles de especies de mosquitos y la inmensa mayoría no representa el mismo riesgo sanitario. El objetivo de la salud pública tampoco consiste en “acabar con todos los mosquitos”, sino en reducir la interacción peligrosa entre determinados vectores, los microorganismos que transmiten y las personas.
Ese cambio de perspectiva es importante porque el mosquito no es, por sí mismo, el enemigo. El problema aparece cuando las condiciones permiten que un vector competente transmita un microorganismo capaz de producir enfermedad.
En México, el mosquito forma parte de la ecuación de enfermedades como dengue, chikungunya, zika y paludismo. Los datos de 2026 muestran avances en algunas áreas, pero también la necesidad de mantener la vigilancia, especialmente durante la temporada de lluvias.
Su presencia nos recuerda que la salud pública también se construye en los lugares donde vivimos, trabajamos y estudiamos: en la vigilancia de las autoridades, en el conocimiento científico y en las acciones que permiten impedir que un mosquito se convierta en el puente entre un microorganismo y una persona.
¿Qué puede hacer una persona para reducir el riesgo?
- Las medidas dependen de la zona donde vive la persona, pero estas son algunas recomendaciones:
- Eliminar recipientes que acumulen agua.
- Mantener tapados los depósitos de agua.
- Desechar o proteger llantas, cubetas y objetos donde pueda acumularse lluvia.
- Mantener limpios patios y azoteas.
- Utilizar repelente cuando exista riesgo de exposición.
- Usar ropa que cubra la piel cuando sea necesario.
- Colocar mosquiteros o mallas en zonas de riesgo.
- Seguir las recomendaciones sanitarias locales durante brotes.
- Acudir al médico ante síntomas compatibles con una enfermedad transmitida por mosquitos, especialmente si existe transmisión activa en la zona.
Fuentes consultadas
Organización Mundial de la Salud; Organización Panamericana de la Salud; Secretaría de Salud de México; CENAPRECE; Fundación UNAM; autoridades sanitarias estatales. Actualización: 20 de agosto de 2026.
Nota editorial: Este contenido es informativo y no sustituye la valoración de un profesional de la salud.
