- La lactancia materna protege contra infecciones, favorece el desarrollo del cerebro, fortalece el sistema inmunológico y disminuye el riesgo de diversas enfermedades a lo largo de la vida. También beneficia la salud de las madres y representa una de las estrategias de prevención más costo-efectivas para los sistemas de salud.
- A pesar de sus beneficios, millones de mujeres enfrentan dificultades para amamantar, ya sea porque regresan muy pronto al trabajo, reciben información contradictoria o carecen de apoyo profesional durante los primeros días después del parto.
Hay pocas decisiones relacionadas con la salud que generan tantas expectativas, dudas y emociones como la lactancia materna.
Antes del nacimiento, muchas mujeres imaginan ese momento como un acto espontáneo: el bebé se acerca al pecho y todo ocurre de manera natural. Sin embargo, la realidad es distinta. Surgen preguntas sobre la cantidad de leche, el dolor al amamantar, el regreso al trabajo, la alimentación del recién nacido o la presión de quienes opinan —con frecuencia sin sustento científico— sobre lo que una madre “debería” hacer.
Paradójicamente, esto ocurre en una época en que la lactancia materna es una de las prácticas de salud mejor estudiadas. Durante las últimas décadas, cientos de investigaciones han demostrado que favorece la supervivencia infantil, fortalece el sistema inmunológico, reduce el riesgo de diversas enfermedades y aporta beneficios que pueden extenderse hasta la vida adulta. También protege la salud de las madres y representa una de las intervenciones de salud pública con mayor impacto y mejor relación costo-beneficio, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud y Unicef.
Si la evidencia es tan sólida, ¿por qué tantas mujeres dejan de amamantar antes de lo que habían planeado? La respuesta no está únicamente en la biología. También se encuentra en el acceso a información confiable, el acompañamiento que reciben las madres durante el embarazo y el posparto, las condiciones de trabajo, el apoyo familiar y en la manera en que una sociedad arropa —o dificulta— el inicio de la vida.
“La mayoría de los problemas que enfrentamos tienen que ver con la falta de conocimiento y con la poca promoción de la lactancia”, resume la Dra. Silvia Romero Maldonado, subdirectora de Neonatología del Instituto Nacional de Perinatología “Isidro Espinosa de los Reyes” (INPer), institución que alberga uno de los bancos de leche humana más importantes del país.
Su experiencia clínica, construida a lo largo de décadas de trabajo con recién nacidos y madres, coincide con una conclusión que hoy comparten organismos internacionales: amamantar no depende únicamente de la voluntad de una mujer, pues requiere también de información, apoyo y condiciones que lo hagan posible.
Por eso, en Salud Primero nos dimos a la tarea de ofrecer información basada en evidencia para responder las preguntas que con mayor frecuencia se hacen las familias: ¿qué hace única a la leche materna?, ¿cómo beneficia a madres e hijos?, ¿qué obstáculos dificultan la lactancia?, ¿qué dicen realmente las investigaciones?, ¿qué apoyos existen en México? y ¿cómo tomar decisiones informadas cuando las circunstancias no son las ideales?
Comprender la lactancia materna no significa únicamente conocer las propiedades de un alimento. Significa entender por qué los primeros días de vida pueden influir en la salud de una persona durante muchos años y por qué acompañar a una madre en ese proceso es, también, una responsabilidad colectiva.
Mucho más que alimentar a un bebé
La imagen de una madre alimentando a su hijo suele asociarse con nutrición, afecto y cercanía. Todas son ideas ciertas, pero la ciencia ha demostrado que la lactancia materna es mucho más que una forma de alimentación.
Cuando un recién nacido se prende al pecho de su madre por primera vez recibe proteínas, grasas, vitaminas, minerales y agua en las cantidades que necesita para crecer. Junto con esos nutrientes también recibe anticuerpos, células inmunológicas, hormonas, enzimas y cientos de compuestos bioactivos que participan en la maduración de su organismo.
Muchos de estos componentes siguen siendo objeto de investigación y, hasta ahora, ninguno de los sucedáneos de la leche materna ha logrado reproducir toda esa complejidad. (Fuentes:OMS. Infant and young child feeding; The Lancet Breastfeeding Series, 2016; American Academy of Pediatrics. Breastfeeding and the Use of Human Milk)
La Dra. Romero resume esta idea con una expresión sencilla: “La leche materna es el alimento especie-específico del ser humano.”
La frase tiene un significado profundo. Cada especie produce una leche adaptada a las necesidades de sus crías. La leche humana, por ejemplo, favorece el rápido desarrollo del cerebro y del sistema inmunológico, características que distinguen a nuestra especie de otros mamíferos.
Además, la leche materna no permanece igual con el paso del tiempo. Cambia desde las primeras horas después del nacimiento y continúa modificándose conforme el bebé crece. Esa capacidad de adaptación es una de las razones por las que los especialistas la consideran un tejido biológico vivo y dinámico, más que un alimento en el sentido tradicional.
Durante los primeros días aparece el calostro, una secreción espesa de color amarillento que suele producirse en pequeñas cantidades. Algunas madres interpretan ese volumen como una señal de que “no tienen suficiente leche”. En realidad, ocurre lo contrario.
“En el primer día una mamá puede producir apenas entre tres y cinco mililitros por toma, y eso es exactamente lo que necesita un recién nacido”, explica la Dra. Romero.
A medida que el bebé succiona con mayor frecuencia, la producción aumenta y la composición de la leche cambia. Primero aparece la llamada leche de transición y, después, la leche madura, cuyo contenido continúa ajustándose a las necesidades del lactante.
Esa capacidad de transformación ayuda a entender por qué la lactancia materna sigue ocupando un lugar central en las recomendaciones de organismos internacionales y por qué la investigación científica continúa encontrando nuevas funciones de sus componentes.
El recorrido apenas comienza. Para comprender realmente su importancia es necesario responder otra pregunta: ¿cómo influye la leche materna en el desarrollo del organismo y qué beneficios han demostrado las investigaciones con mayor nivel de evidencia?
Lo qué hace única a la leche materna
Cuando los especialistas afirman que la leche materna es el mejor alimento para un recién nacido, no se refieren únicamente a su contenido nutricional. Lo que la distingue es que se trata de un sistema biológico vivo, capaz de adaptarse a las necesidades del bebé y de interactuar con su organismo desde los primeros días de vida.
Esa capacidad de adaptación es el resultado de millones de años de evolución y, hasta ahora, no ha podido reproducirse por completo en ningún sucedáneo de la leche humana.
Durante mucho tiempo se pensó que la leche materna era una mezcla de agua, proteínas, grasas y carbohidratos. Hoy, gracias a la ciencia sabemos que contiene mucho más: inmunoglobulinas, células del sistema inmunológico, hormonas, enzimas, factores de crecimiento y un grupo de azúcares complejos conocidos como oligosacáridos de la leche humana (HMOs), además de numerosos compuestos bioactivos cuya función continúa estudiándose. (Fuentes: OMS. Infant and young child feeding; Victora CG et al. Breastfeeding in the 21st century. The Lancet, 2016)
Lejos de actuar por separado, estos componentes trabajan de forma coordinada para apoyar el desarrollo del recién nacido durante una etapa en la que muchos de sus órganos y sistemas aún están madurando.
El primer entrenamiento del sistema inmunológico
Al nacer, un bebé debe adaptarse rápidamente a un mundo lleno de bacterias, virus y otros microorganismos con los que nunca había estado en contacto.
Su sistema inmunológico está preparado para comenzar ese proceso, pero todavía necesita tiempo para alcanzar la madurez funcional que tendrá meses o años después.
La leche materna contribuye a ese aprendizaje. Aporta anticuerpos, especialmente inmunoglobulina A secretora (IgA), que ayudan a proteger las mucosas del aparato digestivo y respiratorio, donde ingresan muchos de los microorganismos que causan enfermedad.
También contiene otras células y moléculas que participan en la respuesta inmunológica y favorecen la maduración de las defensas del lactante. (Fuentes: OMS. Infant and young child feeding; American Academy of Pediatrics. Breastfeeding and the Use of Human Milk, 2022)
En la práctica clínica, estos mecanismos se reflejan en un hallazgo consistente. “Los niños alimentados con leche materna se enferman menos de diarrea, menos de neumonía y presentan menos infecciones”, explica la Dra. Silvia Romero Maldonado.
La evidencia científica respalda esta observación. Las revisiones sistemáticas muestran que la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses reduce de manera importante el riesgo de infecciones gastrointestinales y respiratorias, dos de las principales causas de enfermedad y hospitalización durante la infancia. (Fuentes: OMS; The Lancet Breastfeeding Series; Cochrane Library)
La microbiota: un universo que apenas comenzamos a entender
Uno de los avances más importantes de la investigación en los últimos años ha sido comprender la relación entre la lactancia y la microbiota intestinal.
La microbiota es el conjunto de microorganismos que habitan de forma natural en el intestino. Lejos de representar una amenaza, muchas de estas bacterias desempeñan funciones esenciales para la digestión, el metabolismo y el desarrollo del sistema inmunológico.
La leche materna participa activamente en ese proceso. No sólo aporta bacterias beneficiosas. También contiene oligosacáridos que sirven de alimento para esos microorganismos y favorecen el establecimiento de una microbiota diversa y saludable. (Fuentes: Nature Reviews Gastroenterology & Hepatology; The Lancet; OMS)
La Dra. Romero resume este proceso: “La leche humana lleva bacterias y también lleva los prebióticos necesarios para formar una mejor microbiota intestinal.”
Aunque los mecanismos exactos continúan investigándose, existe consenso en que la interacción entre la leche materna y la microbiota constituye uno de los factores que contribuyen al desarrollo saludable del recién nacido.
Un cerebro que crece a gran velocidad
Durante los primeros mil días de vida —desde la concepción hasta aproximadamente los dos años de edad— el cerebro experimenta uno de los periodos de crecimiento más acelerados de toda su existencia.
En esos meses se forman millones de conexiones neuronales que servirán de base para funciones como el aprendizaje, la memoria, el lenguaje y la regulación emocional.
La leche materna aporta nutrientes fundamentales para ese proceso, entre ellos, ácidos grasos de cadena larga y otros componentes que participan en el desarrollo del sistema nervioso.
Además, la propia experiencia de amamantar favorece la interacción continua entre madre e hijo, un elemento que también influye en el desarrollo infantil. (Fuentes: OMS; UNICEF; The Lancet Breastfeeding Series).
Diversos estudios han encontrado que los niños amamantados obtienen, en promedio, mejores resultados en algunas pruebas de desarrollo cognitivo. Sin embargo, los investigadores advierten que esos resultados también dependen de factores como la estimulación temprana, el nivel educativo de la familia, el contexto social y las condiciones de salud durante el embarazo y la infancia. (Fuentes: Victora CG et al. The Lancet, 2016)
La Dra. Romero coincide con esa visión. “La lactancia es uno de los factores que favorecen el desarrollo neurológico del niño.”
Beneficios que van más allá de la infancia
Durante muchos años se pensó que los beneficios de la lactancia terminaban cuando el niño dejaba de recibir leche materna. Hoy sabemos que algunos de sus efectos pueden observarse mucho tiempo después.
La evidencia disponible muestra asociaciones entre la lactancia y un menor riesgo de sobrepeso y obesidad, diabetes tipo 2 y otras enfermedades crónicas a lo largo de la vida. No obstante, los especialistas insisten en interpretar estos hallazgos con prudencia. La lactancia no determina por sí sola la salud futura de una persona.
La alimentación posterior, la actividad física, el entorno familiar, las condiciones sociales y la genética continúan desempeñando un papel fundamental. Fuentes: Organización Mundial de la Salud; The Lancet Breastfeeding Series.
No obstante, sí puede afirmarse con certeza que la lactancia constituye uno de los primeros factores que favorecen el inicio saludable de una vida. Esa es, precisamente, la razón por la que sigue ocupando un lugar central en las políticas de salud pública de todo el mundo.
¿Por qué tantas mujeres dejan de amamantar?
Después de leer las investigaciones sobre lactancia materna podría parecer que la decisión de amamantar es sencilla. La evidencia científica es contundente y los beneficios están ampliamente documentados.
Sin embargo, la realidad cotidiana suele ser más compleja. En México, como en muchos otros países, la mayoría de las mujeres expresa durante el embarazo su deseo de amamantar. Aun así, una proporción importante abandona la lactancia exclusiva antes de los seis meses.
Las razones son diversas y, casi siempre, se combinan entre sí: falta de información, dolor, dificultades técnicas, regreso al trabajo, ausencia de apoyo familiar o recomendaciones contradictorias recibidas desde los primeros días de vida del bebé. (Fuentes: ENSANUT; OMS; UNICEF)
Para la Dra. Silvia Romero Maldonado, hay un elemento que atraviesa prácticamente todas esas situaciones. “Todo prácticamente es falta de conocimiento, falta de promoción. Esa parte la tenemos que promover a nivel nacional.”
Su experiencia en el Instituto Nacional de Perinatología le ha mostrado que muchas dificultades podrían prevenirse si las familias recibieran información basada en evidencia desde el embarazo y contaran con acompañamiento durante las primeras semanas después del parto.
La lactancia comienza antes del nacimiento
Una de las ideas más arraigadas es que la lactancia empieza cuando el recién nacido se prende al pecho por primera vez. En realidad, comienza mucho antes.
Empieza cuando una mujer recibe información clara durante el embarazo, conoce cómo funciona la producción de leche, identifica qué puede esperar durante los primeros días y sabe dónde buscar ayuda si surge alguna dificultad.
En el Instituto Nacional de Perinatología, esa preparación forma parte de la atención prenatal. Las futuras madres participan en sesiones donde aprenden técnicas de amamantamiento, posiciones, extracción de leche y resolución de problemas frecuentes. La invitación también se extiende a sus parejas y familiares, porque el éxito de la lactancia rara vez depende de una sola persona, afirma la Dra. Romero.
La evidencia internacional respalda este enfoque. Los programas de educación prenatal y el acompañamiento profesional durante el posparto aumentan las probabilidades de iniciar y mantener la lactancia materna. (Fuentes: OMS; UNICEF; Cochrane Library.)
Cuando los mitos sustituyen a la evidencia
Pocas prácticas de salud están rodeadas de tantos consejos como la lactancia. Algunos provienen de profesionales de la salud. Otros, de familiares, amistades o redes sociales. Muchos nacen de experiencias personales que, aunque bien intencionadas, no siempre coinciden con la evidencia científica.
La Dra. Romero observa este fenómeno con frecuencia. “Empiezan a decirles: tómate esto, haz aquello, a mí me funcionó… y se van formando muchas ideas equivocadas.”
Uno de los ejemplos más conocidos es la creencia de que consumir cerveza aumenta la producción de leche. La evidencia científica disponible no respalda esa afirmación. Por el contrario, el consumo de alcohol puede interferir con el reflejo de eyección de la leche y exponer al lactante a una sustancia que atraviesa la leche materna. (Fuentes: Academy of Breastfeeding Medicine; Centers for Disease Control and Prevention, CDC)
Éste es sólo un ejemplo de un problema mayor. Cuando la información basada en evidencia no llega a tiempo, los mitos suelen ocupar su lugar.
¿Es normal que duela?
Otra de las preguntas más frecuentes aparece durante los primeros días después del parto. ¿Amamantar debe doler? La respuesta es sencilla: No.
Es posible que exista sensibilidad mientras madre y bebé aprenden la técnica, pero el dolor intenso o persistente suele indicar que algo necesita corregirse. En la mayoría de los casos, explica la Dra. Romero, el problema no está en la leche ni en el pezón, sino en la forma en que el bebé se prende al pecho. “Muchas veces basta con cambiar la posición para que el dolor desaparezca y la mamá gane confianza.”
Por ello, la observación directa de una toma por parte de personal capacitado continúa siendo una de las intervenciones más útiles durante el posparto inmediato.
El regreso al trabajo: una barrera que puede superarse
Si existe un momento especialmente crítico para la continuidad de la lactancia, éste suele ser el regreso al trabajo. Muchas mujeres enfrentan entonces una falsa disyuntiva: continuar amamantando o reincorporarse a sus actividades laborales.
La evidencia y la experiencia clínica muestran que ambas cosas pueden ser compatibles, siempre que existan condiciones adecuadas.
La extracción de leche, los lactarios, los espacios privados para realizarla, la refrigeración segura y la flexibilidad laboral forman parte de esas condiciones. Cuando faltan, mantener la lactancia resulta mucho más difícil.
La Dra. Romero lo resume con claridad. “Las mamás trabajadoras son uno de los grupos más vulnerables.”
En los últimos años, distintas políticas públicas y laborales han comenzado a reconocer que proteger la lactancia también implica transformar los lugares de trabajo. Sin embargo, la disponibilidad de estos apoyos sigue siendo desigual en muchas regiones del país.
Cuando un bebé nace antes de tiempo
Para muchas madres, el nacimiento prematuro representa una experiencia inesperada y profundamente estresante. Con frecuencia surge una preocupación inmediata: ¿podré alimentar a mi hijo? La respuesta suele ser afirmativa.
De hecho, la leche de la propia madre adquiere un valor aún mayor cuando el recién nacido es prematuro o presenta alguna enfermedad, ya que contribuye a disminuir el riesgo de complicaciones y favorece su recuperación. (Fuentes: OMS; European Society for Paediatric Gastroenterology, Hepatology and Nutrition)
La Dra. Romero recuerda que, en estos casos, el acompañamiento resulta indispensable. “Es precisamente ahí donde más necesitamos la leche de la propia mamá.”
Cuando el bebé no puede alimentarse directamente al pecho, la extracción temprana y el apoyo de los bancos de leche permiten conservar esa posibilidad mientras el recién nacido evoluciona favorablemente.
La lactancia nunca debería vivirse en soledad
A lo largo de la entrevista con la Dra. Romero aparece una idea que trasciende cualquier recomendación clínica: la lactancia no es una tarea exclusiva de la madre. También involucra a la pareja, la familia, el personal de salud, las instituciones, los centros de trabajo y las políticas públicas.
Cuando esa red funciona, las probabilidades de éxito aumentan. Cuando falla, incluso las mujeres más motivadas pueden encontrar obstáculos difíciles de superar.
Ésa es quizá una de las principales lecciones de la experiencia clínica de la Dra. Silvia Romero y uno de los mensajes que mejor resume la evidencia científica disponible: promover la lactancia no consiste únicamente en informar a las madres. Consiste en crear un entorno que les permita ejercer esa decisión con acompañamiento, respeto y confianza.
La lactancia también se construye fuera de casa
Después de décadas de investigación, la comunidad científica coincide en una idea fundamental: la lactancia materna ofrece beneficios importantes para la salud de madres e hijos. Sin embargo, conocer esa evidencia no garantiza que una mujer pueda amamantar.
Entre la recomendación y la realidad existe una distancia que no siempre depende de la voluntad de las familias, sino de las condiciones que encuentran cuando nace un bebé.
Una mujer que recibe información clara durante el embarazo, tiene apoyo profesional en los primeros días, cuenta con una pareja involucrada, trabaja en un lugar que dispone de un lactario y encuentra una guardería preparada para recibir leche materna extraída enfrenta un escenario muy distinto de quien debe resolver sola cada dificultad.
Por eso, cada vez más especialistas hablan de la lactancia como una responsabilidad compartida. No porque la decisión deje de pertenecer a la madre, sino porque el entorno puede facilitarla o volverla prácticamente imposible.
El papel de las instituciones
En los últimos años, México ha fortalecido diversas acciones para proteger, promover y apoyar la lactancia materna. Entre ellas se encuentran la consolidación de la Red Nacional de Bancos de Leche Humana, la capacitación del personal de salud, la certificación de hospitales comprometidos con prácticas favorables para la lactancia y el desarrollo de herramientas de información para madres, familias y profesionales.
Una de las iniciativas más recientes es la plataforma “Lactancia para Todos”, impulsada para acercar información basada en evidencia, orientar a las familias y fortalecer las capacidades del personal sanitario.
Su objetivo refleja un cambio importante: comprender que la promoción de la lactancia no puede depender únicamente de campañas de comunicación, sino de una estrategia sostenida que acompañe a las mujeres desde el embarazo hasta el regreso a sus actividades cotidianas. (Fuentes: Secretaría de Salud. Estrategia Nacional de Lactancia Materna; Plataforma Lactancia para Todos; OMS)
La Dra. Silvia Romero considera que ese esfuerzo debe llegar todavía más lejos. “Todo el personal del sector salud debería tener conocimientos sobre lactancia materna. Entre más información exista, mejores oportunidades tendrán las madres para resolver sus dudas y continuar amamantando.”
Su planteamiento coincide con una tendencia internacional: la protección de la lactancia ya no se entiende únicamente como una tarea de los servicios de maternidad, sino como una política pública que involucra a hospitales, centros de salud, empresas, escuelas, guarderías y comunidades.
Una decisión informada siempre será la mejor decisión
Hablar de los beneficios de la lactancia también exige reconocer una realidad que con frecuencia queda fuera de la conversación pública. No todas las mujeres podrán amamantar.
Algunas enfrentarán enfermedades que lo impidan. Otras requerirán tratamientos incompatibles con la lactancia. Habrá quienes tengan partos complejos, pérdidas gestacionales previas, problemas emocionales o condiciones laborales que dificulten continuar con este proceso.
En esos casos, la evidencia científica no debe utilizarse para emitir juicios. Debe servir para orientar decisiones.
Promover la lactancia significa ofrecer información confiable, acompañamiento profesional y apoyo oportuno. Nunca implica culpabilizar a quienes, por razones médicas, personales o sociales, no puedan mantenerla.
Ese principio es compartido por organismos internacionales y por las principales asociaciones científicas dedicadas a la salud materno-infantil.
Lo que dice la ciencia y lo que nos recuerda la experiencia
La investigación sobre lactancia materna continúa creciendo. Cada año aparecen nuevos estudios sobre microbiota, desarrollo cerebral, inmunología, nutrición y salud materna. Algunas preguntas ya tienen respuestas sólidas, y otras siguen abiertas.
Esa evolución permanente del conocimiento obliga a revisar las recomendaciones de manera continua y a distinguir entre lo que ya está respaldado por evidencia de alta calidad y aquello que todavía se encuentra en investigación.
Sin embargo, después de revisar la literatura científica y conversar con la Dra. Silvia Romero, hay una conclusión que permanece constante: la lactancia no comienza cuando un bebé se prende al pecho, sino mucho antes.
Empieza cuando una mujer recibe información confiable, encuentra un profesional que escucha sus dudas, tiene una familia decide acompañarla, asiste a un hospital cuenta con personal capacitado, y goza de un lugar de trabajo que entiende que apoyar la lactancia también es proteger la salud.
En otras palabras, comienza cuando una sociedad decide que los primeros días de vida importan.
El mejor comienzo posible
Al finalizar la entrevista, le pedimos a la Dra. Silvia Romero un mensaje para las madres que están por iniciar esta experiencia. Su respuesta fue sencilla y quizá por eso especialmente poderosa. “Si tú quieres darle el mejor regalo a tu hijo, no es un coche, no es la mejor carriola, es la lactancia materna.”
La frase no debe entenderse como una obligación ni como un juicio hacia quienes no puedan amamantar. Es una invitación a reconocer el valor de una práctica que la ciencia ha estudiado durante décadas y que sigue demostrando beneficios importantes para la salud.
Pero también nos recuerda algo más. Las madres no deberían enfrentar ese desafío solas. Si queremos que más niñas y niños tengan el mejor comienzo posible, la conversación ya no puede limitarse a la leche materna. Debe incluir información basada en evidencia, políticas públicas, condiciones laborales, servicios de salud de calidad y comunidades capaces de acompañar a las familias en uno de los momentos más importantes de sus vidas.
Ésa es, probablemente, la lección más valiosa que deja esta conversación. Y también el reto que tenemos por delante.
