SALUD primero … y amor

Logran mirar cambios en pequeños vasos del cerebro

FOTO-1-Imagen-Microvasos-del-cerebro_USC

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En el cerebro de cada persona hay pequeños vasos que transportan sangre con oxígeno, al mismo ritmo de los pulsos que envía cada latido del corazón. Hasta ahora ha sido muy difícil observar los cambios que experimentan esos pequeños vasos con el paso de los años y la manera como esas modificaciones estarían relacionadas con el envejecimiento y cambios en los procesos de aprendizaje, memoria, razonamiento y uso de lenguaje. Afortunadamente, un nuevo avance en biomédico ha permitido obtener imágenes mucho más precisas de esa red de irrigación de nutrientes y oxígeno.

El pasado jueves 25 de septiembre de 2025, investigadores de la Universidad del Sur de California (USC) dieron a conocer que han desarrollado una técnica innovadora de imágenes cerebrales que revela cómo los pequeños vasos sanguíneos del cerebro presentan algunos cambios que podrían contener pistas sobre el envejecimiento y enfermedades como el Alzheimer. Este grupo de investigadores trabaja en el Instituto de Neuroimagen e Informática Mark y Mary Stevens, en la Escuela de Medicina Keck, de la USC.

El estudio fue publicado en la revista científica Nature Cardiovascular Research. En él se presenta el primer método no invasivo para medir la “pulsatilidad volumétrica microvascular”, la expansión y contracción rítmica de los vasos más pequeños del cerebro, en humanos vivos.

Los investigadores trabajaron con equipos que permiten obtener imágenes por resonancia magnética (IRM) de ultra alto campo de 7T. El equipo demostró que estos pulsos microvasculares aumentan con la edad, especialmente en la sustancia blanca profunda del cerebro, una región crítica para la comunicación entre las redes cerebrales.

A medida que las personas envejecen, esta materia blanca es particularmente susceptible a una reducción del suministro de sangre en las arterias distales, los vasos sanguíneos que llevan la sangre desde el corazón hacia las partes más lejanas del cuerpo. El aumento de los pulsos en los microvasos puede alterar los sistemas en el cerebro, posiblemente acelerando la pérdida de memoria y la enfermedad de Alzheimer.

“El pulso arterial es como la bomba natural del cerebro, ayudando a mover fluidos y eliminar desechos”, explicó el doctor Danny JJ Wang, profesor de neurología y radiología en la Escuela de Medicina Keck y autor principal del estudio. “Nuestro nuevo método nos permite ver, por primera vez en personas, cómo cambian los volúmenes de esos diminutos vasos sanguíneos con el envejecimiento y los factores de riesgo vascular. Esto abre nuevas vías para estudiar la salud cerebral, la demencia y la enfermedad de pequeños vasos”.

Durante décadas, los investigadores han sabido que la rigidez y la pulsatilidad de las arterias grandes están vinculadas al accidente cerebrovascular, la demencia y la enfermedad de los vasos pequeños. Pero hasta ahora, ha sido casi imposible medir estas pulsaciones en los vasos más pequeños del cerebro. Aunque se habían realizado algunos estudios, se usaban métodos invasivos, únicamente en estudios con animales.

La innovación del equipo de la USC combina dos enfoques avanzados de resonancia magnética: ocupación del espacio vascular (VASO) y etiquetado por giro arterial (ASL), para rastrear cambios sutiles en el volumen de los microvasos a lo largo del ciclo cardíaco. Los investigadores confirmaron que los adultos mayores presentan pulsaciones microvasculares más pronunciadas en la sustancia blanca profunda en comparación con los adultos jóvenes, y que la hipertensión amplifica aún más estos cambios.

“Estos hallazgos proporcionan un eslabón perdido entre lo que vemos en la imagen de los grandes vasos y el daño microvascular que observamos en el envejecimiento y la enfermedad de Alzheimer”, dijo el doctor Fanhua Guo, PhD, co autor principal e investigador postdoctoral en el laboratorio de Wang.

El pulso vascular excesivo puede afectar la función del “sistema glinfático” del cerebro, una red recién reconocida que elimina productos de desecho como la beta-amiloide, proteínas que se acumulan en la enfermedad de Alzheimer. Con el tiempo, la circulación de fluidos alterada podría acelerar el deterioro cognitivo. “Poder medir estos pequeños pulsos vasculares in vivo es un paso crítico hacia adelante,” dijo Arthur W. Toga, director del Instituto de Neuroimagen e Informática Stevens. “Esta tecnología no solo avanza nuestra comprensión del envejecimiento cerebral, sino que también ofrece esperanzas para el diagnóstico temprano y el seguimiento de los trastornos neurodegenerativos”.

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