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La nostalgia de tu mirada

La nostalgia de tu mirada
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Escrito por Cynthia Rodríguez

Ayer finalmente llegó el día de una etapa que tanto quisimos alargar. Llevaba meses planeando cómo quitarte el seno, pero ni yo ponía mucho empeño, y tú simplemente continuabas a hacer algo que desde los primeros segundos en que naciste comenzaste a hacer naturalmente.

Lo digo siempre: tú hiciste que me reconciliara con la maternidad. La primera vez que fui mamá no pude amamantar a tus hermanos como lo pude hacer contigo. Yo era primeriza, ellos eran dos, eran prematuros y el estrés era continuo.

Dadas las condiciones, nada con ellos fue natural. Aunque al nacer me los acercaron para que trataran de pegarse y que comenzaran a alimentarse de mí, no fue nada fácil. Así que los doctores decidieron darles fórmula desde el principio, aunque ello no me salvó de lactarlos. Y digo ‘salvó’ porque cada vez que lo intentaba, era frustrante por no podernos coordinar, por no poderlo hacer con los dos al mismo tiempo, por parecer que la cosa más natural ero lo más complicado del mundo, y además, multiplicado al cuadrado. Sin embargo, creí y me convencí desde el principio que mi leche era el mejor regalo que podía hacerles en esta etapa tan delicada de su vida.

Luego llegaste tú y cambió todo. Lo que antes me parecía desastroso, lo convertiste de inmediato en placentero. Y sí, lo reconozco, el poder hacerlo, era un lujo que, desgraciadamente, no todas las mujeres podemos darnos.

El trabajo y las presiones sociales, siguen haciendo que muchas mujeres no nos otorguemos ese derecho a plenitud, por más información que existe de que es lo mejor que podemos hacer .

Tú y yo combatimos juntos de todo. Incomodidades físicas y morales, pues no recuerdo momento ni lugar, por más extraño que pareciera, en que pude amamanterte a pesar de las “buenas conciencias” que aún abundan por todos lados y que se siguen incomodando si una debe sacarse un pecho para darle de comer a su bebé.

Mientras crecías, siempre hubo alguien a quien ya le parecía demasiado y como si fueran las voces más autorizadas, cada juicio lo acompañaron de frases lapidantes que con el tiempo aprendí a ignorar.

Hasta de muchas “buenas madres” recibí consejos para interrumpir la lactancia que alimentaba nuestro apego, y tú como si entendieras los ‘regaños’, comenzaste a identificar a quienes te tiraban “mala leche”. ¡Qué ironía! Madres juzgando a otras madres por amamantar.

Hoy, hasta la Organización Mundial de la Salud, recomienda mantener la lactancia materna hasta después de los dos años por razones verdaderamente importantes. Así superamos tus dos años y medio.

Mi as bajo la manga ha sido siempre saber que eres tan fuerte que salvas gran parte de las enfermedades virales que rondan las guarderías, aunque muchos de tus amiguitos interrumpen en continuación su asistencia. Sé que tarde o temprano estas enfermedades llegarán, pero podrás enfrentarlas diferente.

Pero como en todo, está la otra parte de la moneda, y esa soy yo. El cansancio de criar tres hijos pequeños es algo que siento cada vez más difícil de administrar. Eso y tu inevitable crecimiento me han dado las fuerzas para comenzar una nueva etapa donde ya no está contemplado apapacharte con mi leche o lo que queda de ella.

La decisión está tomada y ahora que ya no hay marcha atrás, siento a flor de piel la maravilla por la oportunidad que tuve de embarazarme de nuevo y dedicarme a tí tanto tiempo, aunque no deje también de tener mucha tristeza de por medio.

Eres un chiquito tan tierno y aunque la dulzura de tus ojos es algo que te caracteriza, creo que extrañaré de aquí a la eternidad el momento de tu mirada cuando, somnoliento o agitado, te aferrabas abrazado a mi pecho y lograbas entonces expresar toda tu tranquilidad y felicidad que me gritaban que sí, esta elección de ser mamá, tiene los instantes más hermosos con caras de recompensas.

Gracias mi niño hermoso.

Acerca del autor

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Cynthia Rodríguez

Es periodista desde hace 25 años y desde hace 11 es corresponsal en Italia para diversos medios en México e Italia. En el 2009 escribió el libro “Contacto en Italia. El pacto entre los Zetas y la ‘Ndrangheta”, donde explica por primera vez los lazos entre uno de los grupos criminales más antiguos del mundo y uno de los cárteles emergentes más temidos de toda la historia en México. Es coautora de los libros “72 migrantes” y “Tú y yo coincidimos en la noche terrible”, sobre el asesinato de los periodistas en México. Durante varios años de su carrera ha sido también editora. Cuenta con una maestría en Migración por la Universidad de la Sapienza y otra sobre Combate a la criminalidad organizada y la Corrupción por la Universidad de Pisa. Participa en varios foros y festivales para hablar sobre los graves problemas en México. En 2013 se convirtió por partida doble en mamá y no conforme, dos años después llegó el tercero. @cynthiaitalia

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