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El verano en que Mary diera a luz a Frankestein

El verano en que Mary diera a luz a Frankestein
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Una triste noche de noviembre contemplé
la culminación de mi trabajo. Con angustia
que casi era un suplicio, apresté los
instrumentos vivificadores que permitían
infundir la chispa de la vida en el ser inerte
que tenía a mis pies.

Frankestein o el moderno Prometeo.

Éste, es el relato de una de las escritoras más importantes de todos los tiempos: una joven que a los 19 años inauguró la historia de la ciencia ficción moderna.

Hija de Mary Wollstonecraft, -una de las feministas más destacadas de todos los tiempos- y del filósofo político William Godwin, Mary creció en un entorno donde la lectura, los viajes y la comunicación epistolar formaban parte de su vida cotidiana.

Una de las experiencias que le marcaría para siempre, fue haber quedado huérfana. Mary Wolstoncraft, – filosofa feminista y autora de la Vindicación de los Derechos de la Mujer- habría muerto al darle a luz. Esta experiencia marcaría su vida personal y creativa.

Desde pequeña la ausencia de su madre le habría impulsado a leer su obra y pensar en ella como una inspiración para su vida futura. Esto la llevaría a tener aspiraciones literarias y a reclamar a su padre, parte de aquella vindicación de derechos publicados por Mary Wolstoncraft en 1792.

Para 1814, Mary inicia una apasionada relación con Percy Bysshe Shelley, poeta y seguidor político de su padre. Tiempo más tarde deciden vivir juntos y Mary queda embarazada, de esta relación nace una hija prematura quien desafortunadamente muere al poco tiempo de nacida. Es hasta finales de 1816, tras el suicidio de la primera esposa de Percy Shelley que Mary se casa y adquiere el apellido de su esposo.

Sentimientos como la pérdida de su pequeña hija, la permanente sensación de orfandad, la pasión por escribir y una infatigable curiosidad por conocer lo más notable de la experimentación científica de aquella época, le impulsaron a germinar una idea estremecedora: la creación de un ser surgido desde las entrañas del laboratorio de un científico: Víctor Frankestein, quien habría traspasado los límites de lo permitido.

En 1816 Mary y Percy pasarían parte del verano en una mansión alquilada por el afamado escritor Lord Byron. Es así que en la Villa Diodati a orillas del lago Lemán, en Suiza: William Polidori, Percy Bysshe Shelley, Lord Byron y Mary se embarcarían en una de las aventuras literarias más improbables y fructíferas de todos los tiempos: la creación de historias de terror.

En estas veladas el vino, la poesía y las intensas conversaciones sobre relatos fantásticos alimentarían la hermosa imaginación de Mary.

Estudiosos de la obra de Mary Shelley destacan el complejo entramado del relato al poner en el centro a un ser sin nombre, creado a partir de cadáveres y despojos humanos. Mary Shelley da a luz -literariamente hablando- a una de las criaturas más icónicas de todos los tiempos, un ser sin origen materno, en orfandad perenne.

Esta historia también es el relato de la experimentación médica, por aquel entonces en Inglaterra comenzaban la pruebas más eficientes para anestesiar a los pacientes. En el campo de la ciencia médica, John Snow sentaría las bases de lo que hoy conocemos como el campo de la epidemiología.

Ya desde el siglo XVII, específicamente en 1666 Richar Lower haría la primera transfusión sanguínea en animales, y para 1667 -tan solo un año después- Jean-Baptiste Denys, realizaría la primera transfusión sanguínea en humanos, inaugurando uno de los grandes momentos de la medicina moderna.

No es casual que fuera justamente en el periodo de la experimentación científica a gran escala que surgiera esta obra. Habían pasado ya cuatro siglos desde el Renacimiento, época en la que comienza a consolidarse los estudios anatomicos en el marco de un mundo secularizado y por lo tanto, el relato del ser humano como centro del universo, -recordemos al hombre de Vitruvio de Leonardo Da Vinci-.

De Frankestein hay diversas lecturas: la que sitúa a Mary Shelley como una escritora con una fuerte influencia feminista determinada por su madre -Mary Wollstoncraft-; la que ve en Mary a la lúcida escritora que inaugura la ciencia ficción moderna y; la lectura científica quien la ubica como el visionario relato del método científico y los límites de la experimentación con los cuerpos.

También es el relato del mundo secularizado donde tienen cabida el pensamiento objetivo, la razón como centro del pensamiento y el método científico, pero también muestra los excesos a los que puede llegar un ser humano en el afán de experimentar y crear vida a partir de materia orgánica.

Aquí también está presente la semilla de lo que conocemos hoy como bioética: ¿cuáles son los límites de la experimentación científica? ¿hasta qué punto es válido “trasplantar” partes de un cuerpo a otro con fines médicos? ¿es válido crear vida fuera del útero?

Lo que conocemos hoy en el ámbito de la medicina moderna: trasplantes de órganos, medicina genómica, e incluso los más recientes hitos como el trasplante de rostro, fueron prefigurados por una joven de 19 años en el verano de 1816.

Aquel ser vivo, confeccionado a partir de retazos de otros seres humanos, un ser solitario, un ser sin madre, sin origen, ni destino. Recordemos que Mary Shelley tenía tan solo 19 años, ya habría viajado a Francia y otros sitios de Europa, recorriendo cafés y centros literarios de la época.

Para entonces también habría leído la obra de su madre -Mary Wolstoncraft- y también habría recibido la educación y enorme influencia de su padre. Habría nacido en el núcleo de una sociedad secular que comenzaba a dar los pasos más sólidos en el ámbito de la experimentación científica y la medicina moderna.

Es así que, de este encuentro literario, nacerían dos de las obras más reconocidas: Frankestein y El Vampiro. Sin embargo, la trascedencia de Frankestein sigue vigente aún en el sigo XXI.

Hoy debemos a Mary Shelley no solo uno de los relatos más poderosos de la ciencia ficción, sino un sinnúmero de reflexiones sobre la maternidad, la experimentación científica y la literatura como espejo del futuro.

Acerca del autor

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María Teresa Juárez

Con estudios en derechos humanos, literatura, guión, periodismo de investigación y televisión por la Universidad Iberoamericana. Becaria de la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Iberoamericano, en la rama de Periodismo y Literatura. Consultora en periodismo, radio, salud y género. Guionista. Co-fundadora de la red Periodistas de a Pie.

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